
Escribe: Ljubica Vodanovic, socia de Vodanovic
El Perú avanzó en la digitalización de los pagos en 2025, pero aún estamos a medio camino en la meta de lograr un ecosistema moderno, competitivo y que sea la verdadera puerta de entrada a la inclusión financiera. Hoy, aunque el 58.3% de la población está incluida financieramente, existe cerca del 40% que no lo está. La brecha es aún más profunda en zonas rurales, donde solo el 37.2% tiene una cuenta.
En ese contexto, la buena noticia es que los hábitos de pago de los peruanos están cambiando drásticamente. Según el BCRP, los pagos digitales per cápita pasaron de 30 operaciones anuales en el 2015 a 590 pagos en el 2025 (1.6 transacciones por adulto al día), mientras que el uso del dinero efectivo cayó del 95% en 2013 a 64% en 2024. Este salto exponencial evidencia que el ciudadano está listo y solo falta que el ecosistema esté a la altura.
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La experiencia regional muestra que los países que masifican sus pagos con solidez alinean infraestructura, estándares y regulación, con una visión de largo plazo. Así, los que construyeron una plataforma común (Brasil, Colombia, Costa Rica) avanzan hoy más en innovación (pagos de persona a negocios - P2B y pagos transfronterizos). En cambio, países como Perú que eligieron interoperar infraestructuras existentes y no depender de una única plataforma, por ahora están concentrados en estandarizar. Sin embargo, alcanzada esta etapa, el siguiente salto será masificar e innovar más en pagos digitales.
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El Banco Central de Reserva (BCRP) ha trazado una hoja de ruta ambiciosa. La reciente regulación nacional de pagos abre el mercado a nuevos actores (bigtech, telcos y fintech certificadas), incluye la figura de los “iniciadores de pagos” y eleva los estándares del ecosistema en general. De otro lado, impulsa una infraestructura pública minorista -el “Pix peruano”- inspirada en India y explora el dinero digital (CBDC) para llegar a zonas rurales. Sobre esta base, la Superintendencia de Banca y Seguros (SBS) construirá el Open Finance, con gobernanza, arquitectura de negocios y regulación.
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Se requerirá, adicionalmente, incentivos para masificar la educación financiera, involucrando a los privados para educar no solo al usuario final, sino también a las propias empresas. Asimismo, será necesario adecuar la regulación de las licencias, sin sacrificar control. Por ejemplo, la licencia de Empresas de Transferencias de Fondos (ETF), podría ser un registro, mientras que las licencias de Empresas de Dinero Electrónico (EEDE) requieren ser más ligeras y multiproducto. En esa misma línea, es clave que el sandbox regulatorio de la SBS sea un esfuerzo coordinado entre autoridades para permitir pruebas reales de modelos que cruzan pagos, ahorro e inversión. También debemos mejorar y actualizar las normas del mercado de valores para que los certificados de fondos mutuos sean parte de nuevos modelos digitales de distribución y no sólo ser comercializados por entidades supervisadas por la SMV, entre otros.
El Perú tiene una agenda muy clara para seguir avanzando en el objetivo de tener uno de los ecosistemas más avanzados de la región. Si lo logramos, los pagos digitales serán verdaderas palancas de inclusión, productividad y crecimiento formal para toda nuestra economía.









