
Luiz Inácio Lula da Silva pasó de liderar el movimiento sindical a convertirse en una de las figuras que definieron a la izquierda latinoamericana durante una generación. Sin embargo, durante una conversación informal al margen de la cumbre del G7 en Francia, el presidente brasileño ofreció una descripción distinta de sí mismo.
“Nunca fui un hombre de izquierda”, dijo Lula mientras conversaba con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, y el canciller alemán Friedrich Merz. “El mundo no está a la izquierda. El mundo sigue el camino del medio. Esa es la verdad”.
Lula agregó que los partidos socialistas en Francia y en toda Europa han perdido influencia, lo que demuestra que “el mundo no es de izquierda”.
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Las declaraciones, captadas por las cámaras mientras los líderes abandonaban una reunión, pueden resultar llamativas viniendo del fundador del Partido de los Trabajadores de Brasil, un dirigente de 80 años cuya imagen se forjó en huelgas obreras, en la oposición al régimen militar y en décadas de enfrentamientos con el establishment conservador de su país.
Sin embargo, la trayectoria política de Lula ha estado marcada tanto por el pragmatismo como por la ideología. Necesita atraer a los votantes de centro para ganar un inédito cuarto mandato en las elecciones de octubre. Además, ha trabajado para mejorar sus relaciones con Donald Trump y con otros líderes de derecha elegidos recientemente en América Latina con el respaldo del presidente de EE.UU.

Mientras continuaba la conversación con Georgieva y Merz, Lula recordó un episodio de los inicios de su carrera política para reforzar su argumento. Contó que fue invitado a participar en un evento en la antigua Unión Soviética, pero no pudo viajar después de ser condenado bajo las leyes de seguridad nacional de Brasil durante la dictadura militar.
“Recorrí Europa buscando solidaridad”, dijo Lula. “Y entonces empezaron a tratarme como a un anticomunista”.
Mensaje a Trump
Asimismo, Lula da Silva dijo el miércoles que su par estadounidense, Donald Trump, no debe “meterse en las elecciones de Brasil” de octubre, en las que el mandatario buscará la reelección.
Trump es un aliado del expresidente de extrema derecha Jair Bolsonaro, cuyo hijo, el senador Flávio Bolsonaro, será el principal rival de Lula en los comicios.
El mandatario estadounidense “tiene derecho a tener sus preferencias electorales” pero “las elecciones de Brasil son un problema de Brasil”, dijo Lula en Ginebra tras participar como invitado en la cumbre del G7 en Francia.

En la misma cita de líderes, Trump dijo este miércoles que Brasil “se ha vuelto un país un poco duro, un poco peligroso políticamente”.
El republicano ha respaldado a candidatos de derecha en otros países latinoamericanos como Argentina, Colombia y Honduras.
Luego de recibir a Lula el mes pasado en Washington, Trump se reunió también con Flávio Bolsonaro, a quien describió como un “joven inteligente que ama a su país”.
Días después, Estados Unidos clasificó como terroristas a los dos mayores grupos narcotraficantes de Brasil, el Primeiro Comando da Capital y el Comando Vermelho.
También amenazó con subir aranceles a productos brasileños.
Ambas medidas son rechazadas con vehemencia por el gobierno de Lula, que ha acusado a Trump de comportarse como un “emperador” del mundo.
Ambos líderes arrastran tensiones desde 2025, cuando Estados Unidos impuso aranceles a Brasil en represalia por un juicio por golpismo a Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de cárcel.
Estados Unidos finalmente retiró parte de esos gravámenes.
Elaborado con información de Bloomberg y AFP







