
Gabriel Gilinski se despertó en Miami alrededor de las 4:30 a.m. del 3 de enero y no podía creer la noticia. Las fuerzas élite de Estados Unidos habían irrumpido en Venezuela, capturado a Nicolás Maduro y lo estaban trasladando a Nueva York para enfrentar ante la justicia cargos por narcoterrorismo.
El presidente de la junta directiva de la empresa colombiana Grupo Nutresa SA —el mayor productor de alimentos empacados de América Latina— e hijo del colombiano más rico, Jaime Gilinski, esperó ansiosamente tres horas antes de enviar un mensaje de texto a sus altos ejecutivos en un grupo de WhatsApp.
“Esto es una excelente noticia para Venezuela, Colombia y Nutresa”, escribió Gabriel Gilinski, de 39 años, adjuntando una captura de pantalla de la noticia. Luego se pusieron manos a la obra.
Ese mismo día, los ejecutivos que estaban de vacaciones en lugares remotos se unieron a una llamada virtual para discutir un ambicioso plan que les permitiera lograr beneficios a través de un país que esperan que vuelva pronto a acoger el capitalismo y el libre comercio, aunque siga en manos de la antigua vicepresidenta de Maduro.
El objetivo: inundar Venezuela cuanto antes con chocolates, galletas, helados y café de Nutresa, y construir allí el tipo de dominio del mercado que el fabricante de dulces ya disfruta en Colombia.
Un mes después de la captura de Maduro, Nutresa ya ha comprado alrededor de US$ 500,000 en Venezuela para permitir a la empresa repatriar beneficios y proteger sus ingresos, gracias a los flujos de divisas fuertes procedentes de la reactivación del comercio petrolero del país dirigida por Estados Unidos. No es poca cosa en un país conocido por la escasez de dólares, que es tan grave que pone en aprietos a casi cualquier filial internacional. El renovado suministro de dólares convenció a Gilinski a autorizar triplicar las exportaciones mensuales hasta unos US$ 3 millones en febrero.

“El aumento en Venezuela va a ser muy rápido”, dijo Gabriel Gilinski en una entrevista con Bloomberg en la ciudad colombiana de Medellín, donde Nutresa tiene su sede. “Nosotros no tenemos que esperar dos años o tres años para hacer una fábrica allá. Es simplemente aumentar la producción y exportar a Venezuela a través de camiones. Se vuelve una venta extremadamente rentable en lo marginal”.
Mientras que empresas extranjeras, desde productores de petróleo hasta fabricantes de cemento, aceleran el paso para reiniciar la producción en Venezuela, Nutresa apuesta por un plan para suministrar rápidamente a los venezolanos productos cuyo precio, en su mayoría, es inferior a US$1.
“Esto es como la caída del Muro de Berlín para América Latina”, añadió Gilinski.
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La pregunta del millón sigue siendo si Venezuela está realmente al borde de una transformación del mercado impuesta por EE.UU. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha apoyado a la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, antigua mano derecha de Maduro, y ha evitado fijar un calendario para nuevas elecciones, centrándose en conseguir que las empresas petroleras estadounidenses vuelvan a extraer crudo allí.
Bajo el mandato de Maduro, la economía venezolana se desplomó casi un 80% y sufrió una hiperinflación catastrófica que provocó el éxodo de más de 7 millones de migrantes.
Si Venezuela en efecto abre sus puertas, podría suponer una ganancia inesperada para las empresas colombianas vecinas, que hace décadas consideraban a Venezuela como uno de sus principales mercados internacionales. Pero si el país petrolero vuelve a desviarse, las ambiciosas apuestas podrían caerse, como ya ocurrió con Maduro y su predecesor, Hugo Chávez.

Nutresa tiene una ventaja, dijo Gilinski, porque sus marcas ya son muy conocidas en Venezuela y mantiene una pequeña presencia en el país. Añadió que sus plantas están operando solo al 60% de su capacidad, por lo que podría aumentar fácilmente la producción para abastecer a un mercado rejuvenecido en el país vecino. La planta más nueva de Nutresa se encuentra en la ciudad colombiana de Santa Marta, a solo unas horas en auto de la frontera.
“Para nosotros, vender en Venezuela es como ir de Texas a Luisiana”, dijo Gilinski. “En la medida en que nos puedan pagar, nosotros podemos despachar mañana 50 veces más producto, 100 veces más producto”.
Entusiasmo
Gilinski y su padre, Jaime, de 68 años, también conocido por sus operaciones bancarias y un proyecto inmobiliario en Panamá, acaban de salir de una etapa de gran éxito empresarial tras la espectacular adquisición de Nutresa que culminó el año pasado y que planearon juntos.
El acuerdo convirtió a Gilinski padre en el principal magnate de Colombia, con un patrimonio neto de US$ 35,000 millones, según el índice de multimillonarios de Bloomberg. Pagó alrededor de US$ 2,700 millones por su participación del 85% en Nutresa, cuyo valor se ha multiplicado desde entonces por más de diez veces su inversión inicial. La operación fue financiada en gran parte por la familia real de Abu Dabi, que sigue siendo socio minoritario de la empresa y que ayudó a negociar la adquisición final.

La valoración ha llamado la atención porque convierte a Nutresa en una de las empresas de bienes de consumo empacados más caras del mundo según su ratio precio-beneficio. Solo el 0.2% del total de las acciones se negocia realmente.
Jaime Gilinski, que funge como presidente de Nutresa, se muestra tan entusiasmado con Venezuela como su hijo, especialmente dada la larga trayectoria de la empresa en ese país, que en su punto máximo representaba el 20% de los ingresos totales.
“Si estamos vendiendo más de US$ 3,000 millones en Colombia ahora, deberíamos poder vender al menos US$ 1,000 millones en Venezuela a futuro”, afirmó el presidente.
Los productos de Nutresa están en todas partes en Colombia. El más emblemático es una barra de chocolate de leche con un envoltorio azul conocida como Chocolatina Jet.
La empresa posee más del 70% del mercado colombiano de chocolatería. Y la Jet, que cuesta alrededor de 1,000 pesos (US$ 0.27) en Colombia, se ha convertido en un referente para generaciones, ya que cada chocolatina viene con una lámina que los niños pueden pegar en un álbum con temas varios, como las maravillas naturales de Colombia, su diversidad y su música.
En general, Nutresa estima que representa el 50% de todos los alimentos empacados de Colombia.
Ese dominio del mercado, junto con una valoración barata provocada por una estructura accionarial de tipo conglomerado, el debilitamiento de las finanzas públicas de Colombia y la baja liquidez del mercado bursátil, atrajo al dúo Gilinski a Nutresa. A partir de 2021, lanzaron una serie de agresivas ofertas públicas por Nutresa y otras dos importantes empresas colombianas.
En ese momento, Nutresa estaba vinculada al conglomerado financiero Grupo de Inversiones Suramericana y a la empresa de infraestructuras Grupo Argos SA. Las tres eran las mayores empresas de Medellín y representaban más de un tercio de la capitalización bursátil del índice Colcap de la bolsa colombiana. Además, estaban estrechamente vinculadas, ya que cada una poseía participaciones de dos dígitos en las otras para evitar adquisiciones, en lo que se conocía como el “enroque”, en referencia a la jugada defensiva del ajedrez.
La familia Gilinski acabó comprando el 40% de Grupo Sura y el 30% de Nutresa a través de sus ofertas públicas de adquisición y firmó un acuerdo en 2023, en el que intercambió su participación en la empresa financiera por el control de Nutresa. Todas las partes retiraron sus procesos legales entre sí y se disolvieron las participaciones cruzadas, lo que supuso un terremoto para la estrecha élite empresarial de Medellín. El acuerdo también enriqueció aún más a todos los implicados.
“La gerencia se sentía cómoda”, afirmó Jaime Gilinski, que asumió el cargo de presidente en enero del año pasado.
Desde entonces, la directiva ha sido aumentar los márgenes, aunque los Gilinski afirman que pueden evaluar todo, excepto la calidad del producto. Si bien Nutresa anunció un margen de beneficio de poco más del 12% en 2024, desde entonces ha recortado US$ 500 millones en gastos, lo que espera que le permita casi duplicar los márgenes para 2026.
Han nombrado a un colaborador cercano como director financiero, pero por lo demás han mantenido a los directores de todas sus divisiones principales. Los recortes de empleo ascendieron a alrededor del 4% y Nutresa cuenta ahora con 47,000 trabajadores. Con 45 fábricas en 18 países, la empresa tiene como objetivo alcanzar más de US$ 6,000 millones en ingresos en 2026.
“Nuestras métricas ya son comparables a las más grandes del mundo, a Mars, a Nestlé, a Mondelez. Lo que hay que hacer ahora es crecer en geografías”, comentó Jaime Gilinski. “Nosotros vamos a operar esta empresa por un tiempo muy largo. No estamos vendiendo”.
Nutresa ya no forma parte del principal índice bursátil de Colombia debido a su baja flotación. En lo que va del año, se han negociado menos de mil acciones en promedio al día. La empresa también ha estado realizando recompras recurrentes de acciones a los precios actuales del mercado bursátil, que se encuentran al alza. Desde que los Gilinski intentaron comprar Nutresa por primera vez en 2021, las acciones han subido más de un 1,300%.
Tiempos difíciles en Venezuela
La primera incursión de Nutresa fuera de Colombia fue en 1995, con la apertura de filiales en Ecuador y Venezuela.
En su punto máximo, en 2008, Venezuela se había convertido en el segundo destino de las exportaciones de Colombia, con un total de US$ 6,100 millones. Nutresa vendía allí alrededor de US$ 300 millones al año, principalmente a través de una planta de procesamiento de carnes que operaba en Venezuela, así como mediante exportaciones.
El año pasado, en cambio, Nutresa vendió apenas US$ 14 millones en Venezuela, donde había liquidado su planta de procesamiento de carne. El colapso de más del 90% es emblemático de la caída generalizada de las exportaciones de Colombia a Venezuela durante los últimos casi 25 años.
“Fue difícil operar en Venezuela”, dijo Catherine Chacón, directora de finanzas corporativas de Nutresa. “Los problemas fueron la incapacidad de repatriar la generación de caja, la incapacidad de invertir y corrupción interna”.
Entre los competidores que ya operan en Venezuela se encuentran compañías locales como Empresas Polar SA, que vende el emblemático chocolate en polvo Toddy, y Empresas Sindoni, que vende barritas de galleta Pirulin y chocolates Nucita. El gigante suizo Nestlé SA también vende varias barritas de chocolate muy populares.
Juan Fernando Castañeda era un alto ejecutivo de Procter & Gamble a mediados de la década de 2010 y supervisaba algunas de las operaciones de Venezuela antes de llegar a Nutresa, donde ahora dirige el negocio del chocolate. En 2015, P&G realizó una enorme amortización de US$ 2,100 millones de sus operaciones en Venezuela porque no podía comprar dólares para enviar dinero al extranjero, ya que sus reservas en moneda local se vieron mermadas por la inflación.
“En algún momento, la empresa incluso llega a decir que esto era como dinero de Mickey Mouse”, comentó. Castañeda tiene experiencia en Venezuela, está casado con una ciudadana venezolana y visita el país a menudo.
No quiere instalar ninguna planta allí por el momento, sino empezar a enviar productos inmediatamente para crecer su cuota de mercado. “Tenemos tres años para llegar primeros a Venezuela antes que nadie pueda montar una planta”, dijo Castañeda. “Y estamos al lado”.
La seguridad es una preocupación frente al transporte de mercancía hacia Venezuela, pero la dirección confía en que la experiencia de la empresa en este aspecto durante los momentos más oscuros de la guerra de guerrillas alimentada por el narcotráfico en Colombia les será de gran utilidad ahora.
A lo largo de los años, Nutresa ha mantenido el registro de sus marcas y los permisos sanitarios necesarios para vender alimentos en Venezuela. La verdadera pregunta para Nutresa es cuánto están dispuestos a arriesgar en Venezuela, en caso de que su dinero quede atrapado como le ha sucedido a otros.
“En Venezuela, cualquiera puede vender. Es más una decisión de riesgo porque no sabemos cómo nos van a pagar”, dijo Gabriel Gilinski. “Pero si el gobierno está vendiéndose en un solo día unos US$ 300,000, ya con eso nos deja entender cómo puede lucir el mercado”.
Su esperanza es que la economía venezolana crezca de manera que, al menos, pueda igualar a la de Colombia, si se prorratea al tamaño más pequeño de su población. Cualquier aumento marginal como ese podría traducirse en un aumento de las ventas dentro de Venezuela.
La oportunidad de crear un mercado en Venezuela no existía cuando empezó a plantearse la compra de Nutresa, pero es un sueño que la familia no quiere dejar escapar.
“En la vida a veces la suerte importa más que cualquier cosa”, añadió.








