
Cinco pequeñas naciones del Caribe enfrentan una enorme amenaza económica: Europa podría cerrarles sus puertas por sus lucrativos programas de venta de los llamados pasaportes dorados.
Desde 1984, más de 100,000 personas han comprado la ciudadanía de esos cinco países —Granada, Dominica, Santa Lucía, San Cristóbal y Nieves, y Antigua y Barbuda—, atraídas en gran medida por la posibilidad de viajar sin visa a la Unión Europea y decenas de otros destinos.
Pero Europa, preocupada por los riesgos de seguridad, advierte ahora que esos países deben poner fin a los lucrativos programas para 2028 o perderán el acceso sin visa.
La advertencia ha encendido las alarmas en una región donde los programas de ciudadanía por inversión, o CBI, son una fuente crucial de financiamiento. En países como San Cristóbal y Nieves y Dominica, la venta de pasaportes puede representar más de la mitad de los ingresos públicos anuales.
Esos ingresos permiten a países con pocos recursos naturales construir aeropuertos y escuelas, reducir su deuda y depender menos de fuentes problemáticas de financiamiento extranjero, dijo en una entrevista telefónica el primer ministro de Antigua y Barbuda, Gaston Browne.
Es difícil imaginar cómo podría afrontar la región la pérdida de los millones de dólares que generan los programas de CBI, dijo Browne. En Antigua, por ejemplo, la venta de pasaportes equivale a cerca del 10% del producto bruto interno.

“Si tuviéramos que cerrar nuestro programa, provocaría graves trastornos socioeconómicos y generaría un importante déficit de financiamiento”, dijo Browne. “No sé cómo financiaríamos ese déficit”.
El primer ministro ha mantenido reuniones de emergencia con sus homólogos de la región para convencerlos de mantener los programas incluso si la UE les retira el acceso sin visa.
Para Browne, la disyuntiva es entre perder todos los ingresos de los programas de CBI o conservar “tal vez el 75%” de lo que generan actualmente. “Creo que la elección es obvia”, dijo.
Sin embargo, la decisión entraña riesgos. Aunque las islas han atraído a algunos compradores de pasaportes estadounidenses y europeos —que en realidad no necesitan acceso sin visa a la UE—, los principales usuarios de estos programas siempre han sido africanos, asiáticos y europeos del este.
Sin la ventaja de viajar sin visa, será difícil que los programas sigan siendo competitivos, según Nuri Katz, de Apex Capital Partners, firma que asesora a inversionistas interesados en programas de CBI en todo el mundo.
“Si pierden el acceso sin visa a Europa, sus ingresos se van a desplomar”, dijo. “Van a recibir un golpe durísimo”.

Desde hace años, Europa teme que los programas no sometan a los solicitantes a controles suficientes y permitan el ingreso al continente de personas que normalmente necesitarían una visa. Por eso ha presionado a los países caribeños para que introduzcan cambios. En los últimos años, estos han elevado los precios, endurecido los requisitos, excluido a algunas nacionalidades y reforzado considerablemente los controles.
Hace apenas unos años, los inversionistas podían conseguir un pasaporte dorado de Antigua o Dominica por US$ 100,000. Ahora, el más barato cuesta el doble.
Aun así, la Unión Europea mantiene sus reparos. Antes de decidir retirar el acceso sin visa, la Comisión Europea dijo en 2023 que los programas representan “riesgos o amenazas” para la seguridad nacional de los Estados miembros porque facilitan la “infiltración del crimen organizado, el lavado de dinero, la evasión fiscal y la corrupción”.
En particular, los programas permiten que ciudadanos que normalmente estarían sujetos a un mayor escrutinio puedan “eludir el procedimiento habitual de visados de corta duración y la evaluación de los riesgos migratorios y de seguridad que este conlleva”, dijo la comisión.
Detractores locales
Katz dijo que esos temores son infundados. “Europa no entiende, o no quiere entender, que, a fin de cuentas, estos inmigrantes se encuentran entre los más investigados de cualquier categoría de inmigrantes del mundo”, afirmó.
Sin embargo, los programas sí plantean preocupaciones legítimas, dijo Tejroi Naipaul, coautor de un estudio sobre la industria caribeña de CBI basado en entrevistas con 47 altos ejecutivos financieros de seis países de Medio Oriente.
“Los programas de CBI se utilizan con frecuencia para tergiversar el verdadero país de residencia fiscal de una persona”, dijo. “Y las personas adineradas utilizan pasaportes dorados para declarar residencia fiscal en jurisdicciones con bajos impuestos”.
Además, los programas permiten a quienes lavan dinero “ocultar sus identidades detrás de complejas empresas fantasma”, dijo.
Los programas también tienen detractores en las propias islas. Algunos habitantes rechazan que su nacionalidad se venda como una mercancía y temen que los fondos recaudados se utilicen de manera indebida. Ahora se suma otra preocupación: perder el acceso sin visa a Europa para que sus gobiernos puedan seguir recaudando dinero con estos programas.
La presión europea llega cuando el Caribe también enfrenta cuestionamientos de la administración de Donald Trump. Además de endurecer su política migratoria, EE.UU. ha criticado a Antigua y otros países por depender del financiamiento chino para construir aeropuertos, puertos y otras obras de infraestructura.
“Ustedes intentan que reduzcamos nuestra relación con China, pero no nos ofrecen ninguna alternativa”, dijo Browne. Mientras tanto, Europa quiere “cerrar una fuente crucial de ingresos no tributarios” con su ofensiva contra los programas de CBI. “Entonces, ¿qué opciones tenemos?”.
Si los países del Caribe mantienen sus programas, tendrán que enfocarse en personas que vean un segundo pasaporte no como una vía para acceder a otros países, sino como una protección frente a la inestabilidad mundial, dijo Katz, de Apex.
Browne dijo que la combinación de sol, playas y oportunidades de negocios de Antigua puede atraer a quienes buscan un segundo pasaporte.
Incluso sin acceso sin visa a la UE, “creo que la decisión correcta será mantener nuestros programas y tratar de recaudar tanto dinero como sea posible para seguir aumentando nuestros ingresos per cápita”, dijo. “En última instancia, esto dará a nuestro país la oportunidad de convertirse en una superpotencia del estilo de vida”.








