
Corea del Sur es más que K-Pop. Si bien es lo que más se ha popularizado en países sudamericanos como el nuestro, es la tecnología lo que hoy podría mandar el rumbo de una nueva etapa en nuestro país: el de conventirse a futuro en un polo tecnológico de la región. Y es que en los últimos años, el Perú ha intensificado su relación estratégica con Corea del Sur en un ámbito poco visible para el público general pero clave para el desarrollo industrial como lo es la defensa. Más allá de la compra de armamento, los acuerdos firmados entre ambos países apuntan a algo más ambicioso que es la transferencia de tecnología, desarrollo de capacidades industriales locales y participación del país en cadenas globales de producción del sector militar. Este nuevo capítulo en la relación bilateral abre interrogantes y oportunidades. Para el Perú, implica no solo modernizar sus Fuerzas Armadas, sino también avanzar hacia un ecosistema tecnológico que podría impactar en sectores como la ingeniería, la metalmecánica y la industria aeroespacial.
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El acuerdo con Hyundai Rotem
El anuncio más relevante llegó a fines de 2025, cuando el Ejército del Perú y la empresa surcoreana Hyundai Rotem firmaron un acuerdo marco para el suministro de vehículos de combate de última generación. El convenio contempla la futura adquisición de 54 tanques K2 Black Panther y 141 vehículos blindados K808, lo que suma 195 unidades destinadas a modernizar el sistema de defensa terrestre del país.
Se trata de la mayor exportación de equipos militares terrestres de Corea del Sur hacia América Latina hasta la fecha.
El programa forma parte del plan peruano para reemplazar plataformas obsoletas, como los tanques soviéticos T-55 y otros vehículos blindados utilizados desde la Guerra Fría.
Sin embargo, el aspecto más relevante del acuerdo no es solo el equipamiento. La cooperación incluye localización industrial, formación técnica y desarrollo conjunto de capacidades. Hyundai Rotem ha planteado instalar instalaciones de ensamblaje en el Perú y transferir ciertos procesos productivos, lo que permitiría construir una base industrial en defensa en el país.
Además, técnicos y oficiales peruanos recibirán capacitación en Corea del Sur para operar y mantener los sistemas bajo estándares internacionales.
Este enfoque refleja un modelo de cooperación que Corea del Sur ha replicado con otros socios estratégicos: vender tecnología militar mientras impulsa la industria local del país comprador.
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Más que tanques: el objetivo de crear industria
La lógica detrás de estos acuerdos responde a una estrategia mayor del Estado peruano: fortalecer su industria de defensa a través de empresas públicas como FAME (Fábrica de Armas y Municiones del Ejército), SIMA (Servicios Industriales de la Marina) y SEMAN (Servicio de Mantenimiento de la Fuerza Aérea).
En el caso del acuerdo con Hyundai Rotem, el gobierno peruano ha destacado que la alianza busca impulsar capacidades productivas nacionales y transferencia tecnológica, permitiendo que empresas locales participen en proyectos industriales de alto valor agregado.
La apuesta es pasar de un modelo de simple compra de armamento a uno de coproducción y desarrollo tecnológico.
Esto significa que parte del conocimiento técnico —desde procesos de ensamblaje hasta mantenimiento avanzado— se integraría gradualmente en la industria local.
En términos económicos, esta estrategia podría generar encadenamientos productivos en sectores como: metalmecánica, fabricación de componentes, electrónica militar, software para sistemas de defensa. El potencial impacto es significativo si se considera que la industria militar suele actuar como motor de innovación tecnológica en otras áreas civiles.
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Cooperación naval: submarinos y construcción naval
En el ámbito naval, SIMA Perú y HD Hyundai Heavy Industries firmaron acuerdos para trabajar en el diseño y producción conjunta de futuros submarinos para la Marina de Guerra del Perú.
Este proyecto forma parte de una serie de memorandos firmados entre ambos países que incluyen también la construcción de embarcaciones logísticas y patrulleras en astilleros peruanos.
La participación de SIMA en estos programas es clave porque posiciona al Perú como un actor industrial dentro de la región, con capacidad de construir o mantener unidades navales avanzadas.
Para Corea del Sur, este tipo de cooperación también tiene valor estratégico: amplía su presencia en América Latina en un mercado donde compite con Estados Unidos, Europa, Rusia y China.
La apuesta aeroespacial: piezas para aviones de combate
El tercer eje de la cooperación tecnológica está en la aviación. En 2024, SEMAN Perú firmó un acuerdo con Korea Aerospace Industries (KAI) para producir 250 piezas del avión de combate ligero FA-50, integrándose como proveedor en la cadena global de producción del fabricante coreano.
Este acuerdo es especialmente relevante porque introduce al Perú en la industria aeroespacial internacional, un sector con altas barreras tecnológicas y elevados estándares de calidad.
En la práctica, significa que empresas peruanas pueden empezar a producir componentes para aeronaves que operan en distintos países.
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¿Puede el Perú convertirse en un hub regional?
Las autoridades peruanas han planteado un objetivo ambicioso: convertir al país en un hub tecnológico militar en América Latina. La idea se sustenta en tres pilares: producción local de sistemas militares, transferencia tecnológica y capacitación, integración en cadenas globales de suministro
Si estos acuerdos se implementan plenamente, el Perú podría seguir un camino similar al de países como Polonia o Turquía, que comenzaron como compradores de armamento y terminaron desarrollando industrias de defensa competitivas.
La apuesta peruana ocurre en un contexto en el que Corea del Sur se consolida como una potencia emergente en la industria militar global. Según datos del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), Corea del Sur se encuentra entre los 10 mayores exportadores de armas del mundo, con cerca del 2.2% del mercado global.

En 2023, el país asiático exportó aproximadamente US$14,000 millones en tecnología militar a distintos países, mientras que en 2024 las exportaciones del sector alcanzaron cerca de US$9,4 mil millones, dependiendo de contratos internacionales concretados.
Este crecimiento se apoya en una sólida base industrial. Solo las principales empresas de defensa coreanas registraron ventas combinadas por US$30,000 millones en 2024.
La fortaleza tecnológica del país asiático también se refleja en su economía en general. Corea del Sur exporta más de US$683,000 millones anuales, con liderazgo en sectores como electrónica, maquinaria, vehículos y construcción naval.
El contraste con el Perú es evidente: el país sudamericano tiene una industria de defensa aún incipiente y depende en gran medida de importaciones tecnológicas.
Sin embargo, la lógica de los nuevos acuerdos busca precisamente reducir esa brecha.
Corea del Sur ha desarrollado un modelo de cooperación que no solo vende armamento, sino que comparte tecnología, know-how industrial y capacidades de producción con sus socios internacionales, con el objetivo de crear alianzas de largo plazo.
Si el Perú logra consolidar estos proyectos —particularmente en ensamblaje de blindados, producción aeronáutica y construcción naval— podría comenzar a posicionarse como un centro regional de mantenimiento, producción y modernización militar en América Latina.









