
Resulta llamativo e incluso inusual que, en medio de un proceso electoral en el que la incertidumbre es elevada —con alrededor del 40% de los electores aún indecisos—, el sentimiento empresarial, incluyendo las expectativas de inversión, mantenga una tendencia favorable y se ubique en los niveles más altos en cerca de una década.
El optimismo también se ha reflejado, en los últimos meses, en el comportamiento de los activos financieros peruanos, como las acciones y el sol, más allá de la volatilidad generada por el conflicto en Oriente Medio. Lo cierto es que, pese a los permanentes e interminables riesgos globales, especialmente los derivados de factores geopolíticos, las perspectivas para la economía peruana lucen bastante prometedoras para los próximos años, al menos con la información disponible actualmente.
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Es altamente probable que los principales vientos de cola sigan siendo los términos de intercambio, en un contexto de expectativas de precios altos del cobre a mediano plazo, impulsadas por la transición energética y la expansión de infraestructura eléctrica asociada a la construcción de centros de datos para la IA. Asimismo, otros metales, como el oro, podrían continuar mostrando una fuerte demanda en medio de los riesgos geopolíticos y la mayor desconfianza en las monedas fiat, ante un elevado y creciente endeudamiento de los países desarrollados.
Por el contrario, los fundamentos del petróleo apuntan a menores precios de equilibrio a mediano plazo, en la medida en que los conflictos geopolíticos recientes se moderen. Incluso, cabe mencionar que, actualmente, las exportaciones de oro representan cerca de US$ 23,000 millones, mientras que las importaciones netas de combustibles alcanzan aproximadamente US$ 4,200 millones. Esto implica que, aun en medio de la incertidumbre geopolítica, mayores precios del petróleo podrían ser compensados, ‘sin tanto esfuerzo’, por mayores precios del oro.

A nivel interno, creemos firmemente que el Banco Central de Reserva del Perú continuará siendo un ancla determinante para la estabilidad económica. La experiencia adquirida a lo largo de los últimos lustros, con Julio Velarde a la cabeza de la institución, seguirá permitiendo enfrentar de manera efectiva los potenciales choques que pueda experimentar la economía. Ello implicaría que la inflación permanecerá en niveles relativamente bajos y manejables, mientras que el tipo de cambio continuaría mostrando una volatilidad relativamente baja.
Ahora bien, tal vez uno de los factores que más contribuye a la percepción de que podrían venir buenos años tiene que ver con que muchos empresarios justifican su alta confianza para hacer negocios en el hecho de que, en los últimos años, se ha adquirido una significativa e incomparable experiencia para navegar contextos de alta incertidumbre: no es menor que el país haya tenido diez presidentes en la última década. Así, más allá de quién llegue a la presidencia, es probable que —en medio de un Congreso bicameral que se prevé fragmentado— las condiciones políticas puedan mejorar o, al menos, muchos consideran difícil que empeoren.
Por lo tanto, los datos coincidentes y adelantados de la economía (incluyendo la confianza empresarial y del consumidor) sugieren que, esta vez, el Perú podría aprovechar los vientos de cola previstos. Ojalá sea así. Pero, en cualquier caso, también será fundamental que este posible buen escenario conduzca a plantear e implementar soluciones a problemas estructurales y emergentes, como las brechas de infraestructura, salud y educación, la informalidad laboral y la sostenibilidad de las cuentas fiscales, de modo que el país pueda alcanzar un crecimiento económico más alto y sostenido.

Managing Director de Research y Economista Jefe de Credicorp Capital. Es economista por la Universidad del Rosario, con maestría en Economía de la misma casa de estudios. Cuenta con más de 20 años de experiencia. Previamente se ha desempeñado en cargos de docencia, investigación académica y del sector financiero.









