
Un café tranquilo, a media mañana. Carlos, gerente en pleno ejercicio, pidió este encuentro movido por una inquietud que empieza a aparecer con más frecuencia entre sus pares: “¿y después qué?”.
Frente a él está Alberto, ex gerente General de la compañía durante más de una década. Su gestión fue exitosa, respetada y recordada. Sin embargo, fuera de los pasillos corporativos, su transición a la jubilación fue abrupta y dolorosa. Hoy, con distancia y honestidad, está dispuesto a contar lo que nadie suele contar.
Perfiles
Alberto Martínez (ex gerente General)
Lideró grandes transformaciones organizacionales y cerró su carrera en la cima. No se preparó para su etapa postlaboral y enfrentó dificultades sociales, económicas, de identidad y salud. Hoy reflexiona con lucidez sobre lo que habría hecho distinto.
Carlos Hernández (Gerente en actividad)
52 años, con un cargo estratégico y alto nivel de exigencia. Profesional sólido, empieza a preguntarse si su éxito actual será suficiente para sostener una buena vida más allá del rol ejecutivo.
LEA TAMBIÉN: Consejos laborales para que el 2026 no te tome por sorpresa, por Ines Temple
Conversación
Carlos: Gracias por venir, Alberto. Fuiste gerente General muchos años y, para serte sincero, siempre pensé que alguien con tu trayectoria tenía la vida resuelta después del retiro. Pero te he escuchado decir que no fue así.
Alberto: Porque confundí éxito profesional con preparación para la vida. Mientras fui gerente General, todo giraba en torno a mí: decisiones, equipos, urgencias. El día que entregué el cargo, eso desapareció de golpe… y yo no estaba listo.
Carlos: ¿Tan fuerte fue el cambio?
Alberto: Más de lo que imaginé. Socialmente fue devastador. Mi círculo era la empresa. Cuando ya no tenía cargo, dejaron de llamarme. No por mala fe, sino porque el vínculo era el rol, no la persona.
Carlos: Nunca pensamos que eso nos pueda pasar. Sólo pensamos y disfrutamos el presente.
Alberto: Porque nadie nos lo advierte. Profesionalmente fue igual de duro. Yo era gerente General. Ese título me daba identidad, estatus, propósito. Sin él, me sentí irrelevante. Tardé mucho en entender quién era sin tarjeta de presentación.
Carlos: ¿Y lo económico? Muchos creemos que con una pensión y ahorros basta.
LEA TAMBIÉN: Talento senior: la oportunidad que Recursos Humanos no puede seguir postergando
Alberto: Otro error. No planifiqué la longevidad, ni escenarios de salud, ni nuevas fuentes de ingresos. Pensé en dejar de trabajar, no en cómo sostener una vida activa durante 25 o 30 años más.
Carlos: ¿Eso afectó tu salud?
Alberto: Totalmente. A mayor edad, más achaques. El golpe emocional, la pérdida de estructura diaria y la sensación de no ser útil se tradujeron en estrés, insomnio y descuido físico. Debí haber contado con un programa preventivo.
Carlos: Escucharte me inquieta. Tengo 52 años, estoy en un gran momento profesional y siempre digo: “cuando llegue el retiro, veré qué hago”. Lo mismo escucho de colegas que creen tener un plan, cuando apenas han esbozado una idea.
Alberto: Eso mismo dije yo. Y hoy sé que fue una forma elegante de postergar lo inevitable.
Carlos: Si pudieras volver atrás, ¿qué harías distinto?
Alberto: Además de prepararme personalmente, habría tenido una conversación muy clara con mi gerente de Recursos Humanos. Le habría dicho: “Ofrecemos programas de recolocación a nuestros ejecutivos cuando se van; deberíamos contratar servicios especializados que los ayuden a preparar la siguiente etapa de su vida mientras aún están en actividad”.
Carlos: Entonces, esto no se resuelve improvisando.
Alberto: Exacto. Esto no se inventa solo. Se necesita un programa integral, con herramientas, metodología, con expertos y especializado que prepare a los ejecutivos senior en todas las dimensiones del círculo de la vida. No lo dejes a la improvisación, ni a la suerte.
Carlos: Escucharte hoy es una advertencia a tiempo.
Alberto: Ojalá alguien me hubiera hablado así a los 50. Si tú puedes prepararte mejor —y si logras que Recursos Humanos asuma este rol estratégicamente— entonces mi experiencia habrá servido para algo.
Queridos lectores:
luego de un año revelando aspectos poco visibles de la economía y la edad plateada, deseo agradecerles por su compañía. Asimismo, agradezco a Gestión, a su actual director, Víctor Melgarejo, y a su anterior director, Omar Mariluz, por haberme permitido este valioso espacio.
A ustedes, gracias por acompañarme. Me despido del diario impreso con esta última entrega. De vez en cuando nos encontraremos en G de Gestión.









