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1 / 4 FOTO 1 | 1. Para convencer, hablar bonito no es lo primero. Apenas me di cuenta de esta verdad, cuando decidí que mis alumnos no solamente aprenderían técnicas de oratoria, redacción y comunicación, sino que les ayudaría a dar el siguiente paso a la vez que yo mismo intentaba descubrirlo. Por ese entonces iniciaba mi licenciatura en Derecho. Los primeros dos semestres causaron un hondo impacto en mí, y me abrieron la puerta a un mundo fascinante de lógica, razón y estructura. Aprendí que, ante los jueces y magistrados, poco valen los recursos histriónicos: lo que vale es el argumento, la ley, la razón y la verdad.

2 / 4 FOTO 2 | 2. Para convencer, tener razón no es lo primero. Es cierto: los seres humanos buscamos la verdad constantemente, pero no somos robots que realicen ecuaciones matemáticas y lógicas perfectas en nuestra mente, sino que percibimos la realidad y la procesamos a través de la complejidad de nuestro entorno y nuestra propia naturaleza. Cada persona en lo individual tiene un pequeño mundo dentro de sí misma, que está intentando comprender y resolver. A un nivel muy fundamental, nuestro motor primario es evitar el dolor y lograr la supervivencia. Cosas como hambre, sed, instinto; felicidad y tristeza, cansancio y dolor juegan una parte importante en las decisiones que tomamos todos los días. (Foto: Freepik)

3 / 4 FOTO 3 | 3. Para convencer, mover emociones no es lo primero. ¿Pero cómo puedes mover a alguien? La experiencia me decía que simplemente decir cosas bonitas no era suficiente para convencer. Es una experiencia con la que todos nos podemos conectar. La mayoría de las personas tuvimos un crush; en algún momento de nuestras vidas estuvimos enamorados de una persona que no nos correspondía. Quizás en la secundaria o en la preparatoria. Sufrimos por aquella pasión mientras hacíamos intentos inútiles de convencer a esta persona de que nosotros, también, éramos el amor de su vida. Lo intentamos de todo: flores, poemas, peluches y discos grabados (para los jóvenes menores de 20 que puedan leer esto, los casetes y los discos grabados eran el equivalente al Spotify actual); quizás nos jugamos todo y llevamos serenata. Pero pronto aprendimos que todos los intentos por remover el corazón de nuestro crush eran absolutamente inútiles. (Foto: Freepik)

4 / 4 FOTO 4 | La respuesta está en la pregunta misma. Para convencer hay que mover; y para mover necesitas que te abran la puerta. Nadie puede obligarte a sentir, ni a enamorarte, ni a sentir emoción alguna. La puerta de las emociones solo se abre desde adentro. No se puede empujar, ni forzar. Piensa en tu propia casa ¿a quién le abres la puerta? Respuesta: a aquellas personas en las que puedes confiar. Quizás confías en ellos porque los conoces (son familiares o amigos), o porque representan a algo en lo que confías (una empresa, una iglesia, una asociación), o porque aparentan ser personas de confianza (por la forma en que se visten, hablan y se comportan). Por eso lo primero para convencer no es hablar bonito, ni tener un gran producto. Lo primero es ser una persona en quien se pueda confiar. Lo primero es tu reputación, tu imagen y tu autoridad moral y técnica. (Foto: Freepik)


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