El fenómeno de El Niño puede afectar a la ganadería tanto por la falta como por el exceso de lluvias, reduciendo la disponibilidad de forraje y elevando el riesgo sanitario para el ganado. (Imagen: Andina)
El fenómeno de El Niño puede afectar a la ganadería tanto por la falta como por el exceso de lluvias, reduciendo la disponibilidad de forraje y elevando el riesgo sanitario para el ganado. (Imagen: Andina)

Aunque el foco está puesto sobre el agro peruano, la ganadería es otra de las víctimas del . Ante un escenario climático que podría reducir la disponibilidad del alimento -por las sequías o lluvias en distintas zonas del país- y aumentar las enfermedades, la producción ganadera se pone en alerta.

Si bien la en el Perú es básica para la seguridad alimentaria del país y, acorde al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y las Naciones Unidas, un 69% de las familias rurales en el Perú se dedicaban principalmente a la ganadería, el país no estaría preparado para enfrentar el próximo impacto de El Niño.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el golpe a la ganadería puede darse en dos frentes: cuando las lluvias son menores a lo habitual y cuando son excesivas.

Menos lluvias, menos alimento

La falta de agua hace que el crecimiento de los pastos disminuya, lo que reduce la disponibilidad de alimento para los animales y puede comprometer su salud y desarrollo.

Un estudio del Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres () advierte que la mayor parte del ganado vacuno en riesgo por el déficit de lluvias se ubica en Puno, que concentra 585,448 cabezas de ganado expuesta a riesgo muy alto. Le siguen Cusco (370,676) y Apurímac (248,886).

La mayor parte del ganado vacuno en riesgo por el déficit de lluvias se ubica en Puno.
La mayor parte del ganado vacuno en riesgo por el déficit de lluvias se ubica en Puno.

Este problema es mayor para los productores que no cuentan con reservas de alimento. De hecho, según la Encuesta Nacional Agropecuaria (ENA) 2025 del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), un 69% de los ganaderos no almacena forraje, por lo que una reducción en la disponibilidad de pastos los vuelve mucho más vulnerables a los cambios que genera El Niño.

Esta menor disponibilidad de alimento puede encarecer la actividad. Los datos del , recopilados por ComexPerú, indican que en 2023, año golpeado por condiciones climáticas adversas, la producción nacional de avena y cebada forrajeras cayó 51.3% y 49%, respectivamente.

“Una disminución de esta magnitud limita la disponibilidad de alimentos para el ganado y podría obligar a los productores a recurrir a insumos alternativos de mayor costo, lo que afectaría especialmente a quienes dependen de la compra de forraje para mantener su producción”, señala un análisis de ComexPerú.

Por su lado, la FAO indica que la falta de agua también puede traer problemas sanitarios. Durante períodos de escasez, los animales pueden concentrarse en los lugares donde todavía encuentran agua y alimento, lo que favorece el intercambio de patógenos entre animales y poblaciones.

Con ello, el impacto también se podría ver en la producción pues un ganado con una alimentación insuficiente puede reducir su rendimiento.

De acuerdo con el Midagri, en 2023 se observó que la se redujo en 41,136 toneladas en medio de un incremento de precios de los insumos para la alimentación del ganado y la menor disponibilidad de alimento por las complicaciones climáticas.

Aunque en ese entonces la caída fue de cerca de 2%, recientemente la Asociación Holstein del Perú advirtió que la producción lechera podría reducirse hasta un 25% en el verano de 2027.

¿Qué efecto tiene el exceso de lluvias en el ganado?

El problema cambia cuando las lluvias son mayores a lo habitual. En este caso, el agua en exceso puede afectar directamente las zonas donde se alimentan los animales y reducir los espacios disponibles para el pastoreo.

La FAO advierte que laspueden afectar la oferta de alimento para el ganado y los lugares disponibles para su alimentación. Esto compromete la nutrición de los animales y puede afectar su salud.

A esto se suma un mayor riesgo de enfermedades. Las lluvias intensas pueden favorecer la aparición de enfermedades podales y parasitarias, tanto internas como externas, además de aquellas transmitidas por insectos que proliferan debido a la acumulación de agua.

Frente a estos riesgos, un estudio del BID plantea que la adaptación de la ganadería altoandina debe empezar por un mejor manejo de los pastizales. Entre las medidas propuestas está capacitar a los productores en el diseño y aplicación de planes de manejo y fortalecer la participación de los gobiernos locales.

Además, plantea mejorar el manejo de las pasturas, reforzar el control sanitario frente a plagas y enfermedades, así como la necesidad de desarrollar índices que permitan identificar la vulnerabilidad de los ecosistemas.

SOBRE EL AUTOR

Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de San Martín de Porres con experiencia en radio, tv, redes sociales y medios impresos. Escribo y hablo sobre economía y finanzas desde el 2020.

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