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LOCOS DE AMOR

El estreno de un musical siempre genera expectativa. Sobre todo si lleva el rótulo de ser el primero que se hace en el Perú. Después de ver el tráiler de Locos de Amor pensé que los chistes insulsos y la búsqueda de la risa fácil sería, nuevamente, la estrategia a la que apelaría la producción de Tondero.

Pasó con las dos entregas de Asu mare (2013, 2014), A los 40 (2014) y Lusers (2015); filmes sin pretensiones artísticas que encontraron respuesta en un mercado que no había sido explotado. Al final, los resultados fueron sorprendentes: éxitos de taquilla que dejaron abierta la posibilidad de consolidar una línea pionera de blockbusters made in Perú.

Sin embargo, Locos de Amor toma otro rumbo. Se trata de una comedia musical sencilla, íntima, casi artesanal, que no recurre a la espectacularidad ni el derroche visual que caracterizan a las grandes películas del género. Nada que ver con Moulin Rouge (2001) o Chicago (2002), solo por mencionar algunas de las más recientes. La puesta en escena de estas películas se distingue por coreografías llamativas y numerosas, fastuosos desplazamientos de cámaras y gran variedad en la utilización de planos. Es decir, un trabajo visual esplendoroso que llena la pantalla y cautiva a los espectadores.

Curiosamente, estos elementos son reemplazados en Locos de Amor por la naturalidad de las actuaciones y un vuelo melodramático que no empalaga. Quizá esas sean algunas de las fortalezas de la película peruana: provoca cercanía en el espectador con acciones cotidianas a partir de diálogos frescos y sin impostaciones, aunque algunos conflictos se resuelvan con una mirada más telenovelesca.

Frank Pérez Garland ofrece una película donde narra la historia de cuatros primas que afrontan cambios fortuitos a nivel amoroso, laboral y familiar. Los vaivenes sentimentales sumados a las decisiones que deben tomar, teniendo en cuenta que están llegando a una edad en que teóricamente todo está decidido, provoca un choque emocional que trastoca sus visiones sobre mundo.

Locos de Amor es una alternativa, de fórmula, que funciona. Es ligera pero divertida. No juega a ser referente, en cuestiones de aparición, pero lo es. Tiene un ritmo sostenido gracias al vértigo que le impone su guión y el esfuerzo de sus protagonistas. Esta vez, los rostros de siempre, los que vemos en todas las películas, telenovelas y realities hechos en Perú no saturan ni aburren, entretienen.

 

 

 

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