Decidir con visión: la verdadera ventaja competitiva
Por Leandro Mariátegui, decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Tecnológica del Perú (UTP)
En un entorno empresarial marcado por la volatilidad, la incertidumbre y la presión por resultados inmediatos, la capacidad de decidir con visión se ha convertido en una de las competencias más críticas del liderazgo ejecutivo. Hoy, gestionar estratégicamente implica más que reaccionar rápido: exige tomar decisiones que conecten el corto plazo con una visión clara de largo alcance. La gestión empresarial estratégica no consiste en anticipar cada crisis, sino en construir organizaciones con un rumbo claro, capaces de tomar decisiones coherentes, incluso en escenarios adversos. En Perú, muchas empresas, especialmente familiares y medianas, han demostrado una gran resiliencia operativa, pero no siempre esa fortaleza se traduce en una estrategia de largo plazo claramente definida.
Decidir con visión implica, ante todo, comprender que no todas las decisiones tienen el mismo peso estratégico. Muchas organizaciones caen en la trampa de dedicar la mayor parte de su tiempo directivo a resolver urgencias operativas, mientras relegan o postergan indefinidamente aquellas decisiones que definen el rumbo del negocio. La paradoja es evidente: lo urgente desplaza a lo importante, y la estrategia termina diluyéndose en la agenda diaria.
Una gestión empresarial verdaderamente estratégica parte de una pregunta fundamental: ¿qué tipo de empresa queremos ser en cinco o diez años? Esta visión no es solo una declaración aspiracional para la memoria anual, es un marco de referencia concreto que orienta la asignación de recursos, las prioridades de inversión, la gestión del talento y la relación con los stakeholders. Sin una visión clara, incluso las decisiones técnicamente correctas pueden conducir a resultados mediocres.
Decidir con visión también exige disciplina para decir “no”. En mercados competitivos, las oportunidades abundan: nuevos productos, mercados, alianzas estratégicas y adquisiciones. Sin embargo, perseguir demasiadas iniciativas a la vez suele fragmentar el foco estratégico y erosionar la ejecución. Los líderes que deciden con visión evalúan cada oportunidad preguntándose no solo si es rentable, sino si es coherente con la estrategia central del negocio y fortalece sus ventajas competitivas.
Otro elemento clave es la capacidad de integrar información sin quedar paralizado por ella. Actualmente, los ejecutivos disponen de más datos que nunca, pero la abundancia de información no garantiza mejores decisiones. La visión estratégica actúa como un filtro que permite distinguir las señales relevantes del ruido, priorizar lo que realmente importa y asumir riesgos calculados cuando el análisis perfecto no es posible. En este sentido, decidir con visión no significa eliminar la incertidumbre, sino gestionarla con criterio y manejar diversos escenarios.
El equipo gerencial dispone de herramientas para la gestión estratégica, como el análisis interno basado en un FODA, análisis del entorno utilizando el modelo de las cinco fuerzas de Porter, análisis de desempeño de la organización mediante las 7S’s de McKinsey, y el balanced scorecard para medir la alineación estratégica y la ejecución.
La gestión estratégica también es, cada vez más, un ejercicio colectivo. Aunque la responsabilidad final recae en la alta dirección, las mejores decisiones emergen de equipos diversos, con miradas complementarias y debates bien estructurados. Fomentar una cultura en la que se cuestionen supuestos, se compartan perspectivas y se aprendan lecciones de los errores, fortalece la calidad de las decisiones, así como la sostenibilidad del negocio.
Finalmente, decidir con visión requiere coherencia en el tiempo. No basta con una gran decisión estratégica si luego la organización envía señales contradictorias a través de incentivos, métricas o estilos de liderazgo. La credibilidad de la estrategia se construye cuando las decisiones diarias refuerzan consistentemente la dirección elegida.
En un mundo empresarial cada vez más complejo, la ventaja competitiva no proviene solo de tener información, capital o tecnología, sino de la capacidad de decidir con visión. Por lo tanto, aquellas empresas que logren alinear claridad estratégica, disciplina en la ejecución y liderazgo consciente estarán mejor preparadas no solo para sobrevivir a la incertidumbre, sino para transformarla en una fuente de crecimiento sostenible.

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