¿Por qué Perú necesita investigar más para que despegue el sector turismo?
El turismo en Perú puede también representarse en una frase futbolística del recordado Daniel Peredo: “Si tú quisieras”. Esta expresión refleja el talento y potencial que tenemos, pero también la falta de disciplina y constancia para aprovecharlo plenamente. Nuestro país posee una diversidad de atractivos naturales y culturales extraordinarios, pero la precariedad de los servicios y la informalidad limitan su verdadero impacto.
A nivel regional, Perú aún no recupera los niveles de afluencia previos a la pandemia, mientras que países como Colombia, República Dominicana o México, por mencionar solo algunos, ya los han superado con creces. Esta diferencia revela un aspecto poco discutido: la necesidad de contar con investigación sistemática que respalde las decisiones estratégicas del sector. Es cierto que instituciones como Mincetur y PromPerú realizan esfuerzos valiosos en la recopilación de datos y en la promoción internacional, pero aún falta un mayor aporte desde la investigación académica y científica que complemente esas iniciativas y permita comprender mejor la complejidad del turismo.
Uno de los errores más frecuentes es confundir medición con conocimiento. Contar turistas, registrar gasto o estimar empleos ayuda a dimensionar el sector, pero no explica cómo funciona. ¿Cuánto del dinero gastado por los visitantes se queda en las comunidades locales? ¿Qué impactos ambientales genera el crecimiento? ¿Qué inversiones públicas producen beneficios sostenibles? La investigación en turismo no es un lujo académico: es una herramienta para optimizar decisiones y evitar errores costosos.
El caso de Cusco y el Santuario Histórico de Machu Picchu es ilustrativo. La discusión suele centrarse en atraer más visitantes, cuando el verdadero desafío es conservar el patrimonio y garantizar experiencias de calidad. La presión sobre infraestructura y servicios ha sido señalada incluso por medios internacionales como Le Monde o la BBC. Sin estudios sobre capacidad de carga, distribución de flujos y efectos acumulativos, el riesgo es deteriorar aquello que nos hace atractivos.
En países que han logrado consolidar su industria turística, la investigación ha sido el punto de partida para diseñar estrategias de largo plazo. España, por ejemplo, cuenta con observatorios turísticos que analizan tendencias de consumo, impacto ambiental y satisfacción del visitante. Chile ha desarrollado estudios sobre turismo de naturaleza que le permiten diversificar su oferta y atraer segmentos de alto valor. Estos casos muestran que la evidencia no solo orienta la promoción, sino que también ayuda a anticipar riesgos y a construir ventajas competitivas sostenibles.
Lo mismo ocurre con el empleo. Celebramos que el turismo genere más de un millón de puestos de trabajo, pero pocos se preguntan por su calidad. La informalidad, la estacionalidad y los bajos ingresos reducen el impacto real en la calidad de vida de las comunidades receptoras. Sin investigación detallada sobre estabilidad laboral y cadenas productivas, es difícil diseñar políticas que promuevan empleo digno y sostenible.
En este contexto, el reto del turismo en Perú no es solo captar más visitantes ni aumentar presupuestos, sino fortalecer la capacidad de producir y usar información de calidad. La investigación académica puede aportar metodologías rigurosas y perspectivas críticas que complementen la labor institucional. De esta manera, se pueden identificar destinos con mayor retorno social, segmentos de mercado que generan más valor y proyectos que producen impactos duraderos. Gestionar el turismo sin evidencia nos deja en desventaja frente a países vecinos que ya avanzan con estrategias basadas en datos.
Además, la investigación en turismo abre la puerta a la innovación. Con datos precisos sobre preferencias de los viajeros, es posible desarrollar productos turísticos más sofisticados, incorporar tecnología en la gestión de destinos y potenciar la experiencia del visitante. El uso de inteligencia artificial (IA) para analizar patrones de viaje, o de big data para medir la huella ambiental, son ejemplos de cómo la investigación aplicada puede transformar la industria. Perú necesita dar ese salto si quiere competir en un mercado global cada vez más exigente.
Nuestro país tiene recursos culturales, naturales y gastronómicos excepcionales, pero el potencial por sí solo no garantiza resultados. Convertirlo en desarrollo sostenible exige comprender lo que ocurre en el territorio y adaptar las políticas en consecuencia. La discusión no debería limitarse al número de turistas, sino a cómo esas llegadas se traducen en empleo de calidad, bienestar local y preservación del patrimonio.
En conclusión, la investigación no es un añadido del turismo en Perú: es un requisito esencial para que el sector cumpla con su verdadera promesa de desarrollo. Reconociendo los esfuerzos institucionales ya existentes, el desafío ahora es sumar más investigación académica y científica que permita transformar cifras en progreso real y asegurar que el turismo sea un motor sostenible para el país.

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