¡ÉCHATE A LA CAMA Y VERÁS QUIÉN TE AMA!
Desde niña escuché este refrán y siempre me llamó la atención.
Cada vez que lo escuchaba me preguntaba a qué se refería. Mi Mamama y mi Mami me lo habían explicado muchas veces. Pero encontraba muy interesante reflexionar una vez más sobre su significado.
Para quienes no lo han escuchado -o leído- antes, alude a que en momentos de enfermedad o necesidad (“echarse a la cama”), se revela quién te quiere de verdad y te apoya; y, también quedan develados quiénes te ignoran y se “apartan del problema”.
Y así, replanteándome el significado de este refrán más de una vez, llegó el momento de aplicarlo a mi propia vida.
¡Aquí te traigo un Shot súper personal y que pone sobre la mesa un tema incómodo que a no muchas personas les gusta abordar!
¡Que aproveche!
A fines del año pasado pasé por una cirugía programada y absolutamente deseada. Nada grave, algo de rutina, algo que como dicen los médicos “se hace todos los días y no pasa nada”, pero sobre lo que deben tomarse ciertas precauciones y protocolos.
¡Vaya! Algo sobre lo que supuestamente no debía preocuparme demasiado. Que empezaba un viernes a primera hora y terminaba un domingo a medio día. Y que el lunes estaría lista para seguir con mi vida y mi chamba.
Sin embargo, las cosas se pusieron difíciles: la operación se complicó, me transmitieron una infección muy fuerte en la sala de recuperación y -para hacer el cuento corto- casi paso a “mejor vida”.
Todo ese proceso, que viví con mucha ansiedad y miedo -al menos mientras estaba consciente-, me sirvió muchísimo para darme cuenta quiénes eran realmente las personas que construían mi red de apoyo.
Descubrí que mi núcleo duro familiar es lo mejor que puedo tener en este planeta. ¡Estoy muy agradecida por tener la familia que tengo!
También descubrí que hay amigos/as que siempre estarán allí de alguna u otra forma, apoyándome y dándome ánimos.
Pero -dadas las complicaciones y la consecuente prolongación de mi internamiento-, pude darme cuenta que también tengo una red de apoyo corporativa, que -además- es sólida y reconfortante.
Al extenderse mi caso de tres días a más de dos semanas, me vi obligada a cancelar eventos, charlas, capacitaciones, reuniones, visitas, etc.
Y fue justo en esos precisos momentos en los que surgieron insights muy interesantes respecto a mi círculo corporativo.
¡Aquí te los comparto!
Estos últimos años he trabajado muchísimo para prestar servicios de alta calidad, siempre preocupada de los más mínimos detalles y muy en contacto con mis interlocutores/as para ver si realmente mis servicios están cubriendo sus necesidades.
Pues al parecer, mientras hacía ese trabajo que me apasiona, estaba construyendo vínculos sanos con personas que -además de ser clientes- se convierten en algo mucho más cercano.
Personas que activaron de inmediato su empatía, comprendieron perfectamente lo que pasaba e -incluso- se ofrecieron a apoyarme en lo que fuera necesario.
¡Eso fue un bálsamo en momentos tan difíciles!
Fue lo máximo descubrir que no sólo mantenía un vínculo corporativo con mis clientes, sino que además se preocupaban por mí, me hacían seguimiento, me mandaban mensajes de apoyo, me contaban sus experiencias personales y me daban consejos.
De por sí darte cuenta de estos insights es maravilloso, pero creo que descubrirlos en un momento retador como el que estaba atravesando lo hace aún más especial.
Y es que no podemos olvidarnos que por más contexto de trabajo y negocios que nos envuelva, tratamos con otros seres humanos y que con un mínimo de empatía es posible crear vínculos sanos e invaluables.
¿Has reflexionado sobre esto alguna vez?
Al menos yo, no dejo de maravillarme.
Sobre todo en épocas en las que todo es inmediato, automático, despersonalizado y hasta hostil en ciertos momentos.
He llegado a la conclusión de que siempre existe espacio para humanizar nuestras interacciones, incluso en ámbitos laborales y corporativos.
Y esto me lleva a otra reflexión…
¿Has escuchado que somos el resultado de las personas con las que nos relacionamos?
¡Pues eso! He decidido que si la mayor parte de mi día lo paso prestando servicios de integridad, es absolutamente necesario que mis clientes tengan la pasta necesaria para crear relaciones comerciales productivas y eficaces, pero también humanas.
Así que para mantener la calidad del círculo corporativo con el que me rodeo la mayor parte de mi vida, uno de los requisitos del KYC que aplico será esa empatía y ese calorcito humano que garantiza un vínculo sano y -por ende- sostenible.
Evidentemente, no podré advertir tan preciado requisito durante el primer due diligence de mis potenciales clientes, pero estoy segura que podré darme cuenta a mediano plazo, conforme se vaya desenvolviendo la relación comercial, con las dificultades propias del día a día y de las personas que la conformamos.
Trabajar o prestar servicios a personas “reales”, “humanas” y empáticas no sólo hace más productivo tu ejercicio profesional, sino que enriquece tu vida en general.
Repito: En mi caso, creo que -además- es lo consecuente. Si trabajo creando Cultura de Integridad, lo coherente es que construya vínculos corporativos íntegros.
¡Te invito a reflexionar y contarme qué piensas de lo dicho en este Shot!
Para más contenido sobre Integridad, te invito a visitarme en https://www.linkedin.com/in/carolinasaenz/

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