Dionisio Romero y la Reforma Universitaria
Hace pocos días, Dionisio Romero anunció la creación de la Universidad Dionisio Romero (UDR). Al ser el Grupo Romero uno de los principales del país, el anuncio ha despertado interés y alguna crítica (aquí: link). La crítica tiene que ver con el “personalismo” y la falta de visión-país: ¿por qué hacer una nueva universidad en lugar de invertir en las ya consolidadas? Por mi parte, quisiera destacar el hecho de que se haya constituido en USA (en lugar de Perú) y que sea 100% online. Esa decisión se podría interpretar como una reacción al sistema regulatorio peruano y entraña un gran costo para el país.
En relación con el primer punto, primero diría que es una decisión bastante personal, que respeto. Creo que no somos nadie para decirle a Dionisio Romero qué hacer con su dinero. Pero, si uno hace un pequeño ejercicio pensando en términos de eficiencia, quizá había mejores usos del dinero y esfuerzo que significan crear una universidad. Como ya ha sido destacado por otros: quizá hubiera sido más estratégico invertir en laboratorios en universidades públicas; hacer donaciones para becas; etc.
Por un lado, quizá Romero no tiene tanta confianza en los proyectos locales. Muchas veces se piensa que la investigación en Perú no es buena (o no destaca tanto internacionalmente de forma masiva o con el máximo impacto) por falta de recursos; pero, otra forma de verlo es que no le dan recursos porque no es tan buena (si quieren expandir acerca de esta idea algo polémica antes de criticarme, les recomiendo este artículo de dos de los profesores más renombrados del mundo en Law & Economics, donde destacan las diferencias entre el modelo americano y el europeo y por qué uno es más competitivo que el otro: link).
Invertir en acceso es complicado. Por un lado, los proyectos “sin fines de lucro” son elitistas. Paradójicamente, las universidades más caras en Perú son las que no “lucran”. Por otro, las universidades societarias o con fines de lucro serían una apuesta complicada para un empresario: ¿por qué beneficiar a otro empresario que es su potencial competencia?
Yendo al segundo punto, ¿por qué en Estados Unidos? La respuesta es relativamente simple, la “reforma universitaria” (que yo llamo “contra-reforma” porque la verdadera reforma fue la liberalización de la educación en los 90s) se ha enfocado en dificultar el acceso a la educación sacando a las universidades nuevas del mercado (casi al 90% de las universidades “jóvenes” del país); removiendo al 50% de la competencia entre privadas; e, impidiendo la creación de nuevas universidades privadas (“moratoria” duró más de 10 años) y sucursales, además de hacer casi imposible licenciar a una nueva universidad desde cero.
¿Cuáles eran las opciones para Romero entonces?: i) comprar una universidad existente, lo cual sería excesivamente oneroso justamente por la dificultad regulatoria de ingresar a ese mercado (es decir, las universidades licenciadas existentes tienen un valor mucho mayor al de “mercado” porque tienen una protección legal extra); o, ii) constituirse fuera del país.
Constituir UDR en USA tiene varias ventajas, incluyendo el bajo costo de constitución y el no estar atado a restricciones regulatorias arbitrarias y absurdas como: i) el no tener limitantes para la educación online (en Perú, desde hace poco, está permitida, pero siempre está sujeta a reglas caprichosas); el no tener una duración mínima (en Perú, por ley, las carreras duran mínimo 5 años, a pesar de que en países como USA, UK o incluso en LatAm, varias de las universidades más prestigiosas ofrecen bachilleratos más cortos); no tener que contratar profesores con maestría (es una exigencia formal, que no impacta realmente en la calidad de la enseñanza y puede crear un incentivo perverso para crear masters, además de reducir el “pool” de profesores disponibles); el no tener que hacer investigación obligatoriamente (en USA, el 90% de las universidades (o colleges) son de enseñanza, solo el 10% son “research universities”). Fuera de esto, evidentemente, UDR puede tener una pretensión global que es más fácil lograr desde USA y en inglés.
Así, queriéndolo o sin querer, la apuesta de UDR contradice y se opone a la “reforma universitaria”. Esta decisión, impulsada por nuestro asfixiante marco regulatorio; sin embargo, entraña un costo social para Perú. Si no fuera por éste, sería probable que UDR se hubiese constituido en Perú y que parte de su oferta fuese presencial, lo cual incrementaría el acceso a la educación, algo de lo que carecemos, a pesar de que los “eruditos” pongan el énfasis en un supuesto exceso de oferta.
Recordemos, además, que Perú ya se ha privado de opciones de gran calidad “gracias” a la mercantilista reforma universitaria. El caso más grave es -sin duda- la salida del Tec de Monterrey (una de las mejores universidades del mundo), por no estar alineada al “licenciamiento” peruano (aquí: link).

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