
Lo llevamos a todos lados. Es el elemento que nutre constantemente a nuestros celulares, ordenadores e incluso autos eléctricos. También se emplea para almacenar energía solar y eólica. Es un recurso revolucionario. Se llama litio.
El estadounidense John Goodenough, el británico Stanley Whittingham y el japonés Akira Yoshino fueron distinguidos ayer con el Premio Nobel de Química por el hallazgo de este elemento, que no solo es clave para el desarrollo de aparatos electrónicos, también para un mundo sin combustibles fósiles.
Bautizado como “oro blanco”, el litio fue descubierto en 1817 a modo de iones en forma de sal. Sin embargo, se trataba de un elemento inestable que debía almacenarse en aceite. Pero su debilidad era también su fortaleza: la reactividad.
Impulsores de la industria
A mediados del siglo XX, según un documento publicado por la Real Academia de Ciencias de Suecia, la cantidad de automóviles a gasolina en el mundo aumentó significativamente y con ello el smog de las metrópolis; en tanto la crisis del petróleo condujo a la búsqueda de fuentes alternativas.
Bajo ese contexto, el gigante petrolero Exxon reclutó a los investigadores más importantes en el campo de la energía, dándoles la libertad de perseguir nuevos hallazgos siempre que no involucraran petróleo.
Fue así que para inicios de 1970, Stanley Whittingham se sumó a los esfuerzos de Exxon. Él y sus colegas comenzaron a investigar materiales superconductores, incluido el disulfuro de tantalio. Y, como suele suceder en la ciencia, el experimento los condujo a un descubrimiento inesperado y valioso. El resultado fue una batería de litio recargable con, literalmente, gran potencial.
Más tarde, en 1980, John Goodenough duplicó el potencial de la batería, creando las condiciones adecuadas para una mucho más potente y útil.
Tras cinco años, Akira Yoshino creó la primera batería de iones de litio comercialmente viable. Esto hizo que la batería fuera mucho más segura que las de litio metálico, según recoge The Guardian. El resultado fue una batería ligera y compacta que se podía recargar muchas veces. En síntesis, la base de la tecnología moderna. La batería continúa desarrollándose, especialmente para mejorar su impacto ambiental.
Aporte sustancial
En sus primeras palabras tras recibir el galardón, Yoshino señaló que un desafío venidero para la producción de baterías será “aumentar la densidad de energía, así como la durabilidad”.
Hoy las baterías de iones de litio se han hecho necesarias para una sociedad sin combustibles fósiles (responsables del calentamiento global).
Dame Carol Robinson, presidenta de Royal Society of Chemistry, dijo al medio británico que la tecnología de baterías seguirá siendo un campo emocionante. “No es el fin del viaje: el litio es finito”.
Pese a que investigadores de todo el mundo ya buscan opciones aún mejores, nadie ha logrado hallar un recurso superior.
No cabe duda de que las baterías de iones de litio han permitido el desarrollo de tecnologías de energía más limpia.
“A través de su trabajo, Goodenough, Whittingham y Yoshino han creado las condiciones adecuadas para una sociedad inalámbrica y libre de combustibles fósiles, trayendo mayor beneficio para la humanidad”, concluyó la Real Academia de Ciencias de Suecia.
LA CIFRA
9 millones de coronas suecas o US$ 900,000. Es el premio que se repartirán los tres ganadores a partes iguales. Según el veredicto de la Real Academia de Ciencias Sueca, John B. Goodenough, Stanley Whittingham y Akira Yoshino fueron galardonados por haber “sentado las bases de una sociedad conectada sin cables y libre de combustibles fósiles”.







