
Periodista
Las acciones del Gobierno para la reanudación de las actividades económicas en los centros comerciales quizás sean el mejor ejemplo de la improvisación, el desorden y el caos que muestra el Ejecutivo desde hace algún tiempo. Aunque no es el único.
Desde hace un par de semanas ya se venía hablando de la intención de reabrir los conglomerados y centros comerciales, y de las coordinaciones y esfuerzos que se hacían para ese fin. Sin embargo, rápidamente salieron a relucir las dudas, las contradicciones y las marchas y contramarchas.
Primero se habló de la necesidad de reactivar Gamarra y otros conglomerados para la producción de bienes, y para su distribución vía delivery, sin atención presencial al público. Los centros comerciales quedarían para después. Así se anunció, inclusive, hasta el domingo pasado en la mañana.
La norma publicada, sin embargo, generó dudas, y rápidamente se iniciaron las consultas. Ese mismo día domingo 14 en la noche la ministra de la Producción aclaraba el tema: si estaban incluidos todos los centros comerciales en la reapertura para distribución por delivery desde el lunes. Eso sí, no podían atender al público hasta el 30 de junio al levantarse la cuarentena, al igual que Gamarra.
El lunes 15, mientras el alcalde de La Victoria -en medio de un caos total- impedía el ingreso al emporio de Gamarra a los comerciantes autorizados por el Gobierno, el presidente “le jaló la alfombra” a la ministra de la Producción y “la dejó sin piso”. Parece que asustado por la caída del 40% del PBI en abril, se apuró en decir que el siguiente miércoles 17 -dos días después- saldría la norma que permitía la atención inmediata al público en todos los centros comerciales.
Es decir, no se levantaba oficialmente la cuarentena, que dura hasta el 30 de junio, pero ya el Gobierno estimulaba a la población a ir a todas las galerías y malls a partir del jueves 18 de junio, sin permisos ni salvoconductos. El Gobierno perforaba oficialmente su propia cuarentena.
Todos los dueños de tiendas de los centros comerciales que han logrado sobrevivir se disponían a abrir para aprovechar una brevísima campaña del Día del Padre, se frotaban las manos y ya pugnaban por presentar sus protocolos al ya famoso Siscovid sin pérdida de tiempo.
Pero la norma prometida por el presidente no se publicó el miércoles 17. La ministra de Trabajo declaró que se podría publicar recién el jueves 18 (ayer) y que entraría en vigencia recién el lunes 22, un día después del Día del Padre. Es decir, que lo ofrecido por el presidente se corregía una vez más, y que las expectativas generadas debían desinflarse.
La norma tiene sus problemas. Solo una muestra: los niños no pueden ingresar a pesar de los tantos protocolos. Pero curioso, sí pueden ingresar a los mercados que han sido catalogados como fuente de contagio.
Y no es que no esté bien que se abran los centros comerciales, si se hace bien y con cuidado. Lo que está mal es la improvisación, el desorden y la pérdida del control de la situación.
Así como esto, hay múltiples casos.
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