
Escribe: Marian Buraschi, socia y directora de Libélula
En plena cuenta regresiva para las elecciones presidenciales del 2026, las promesas de reactivación económica inundan el debate público. Sin embargo, mientras los candidatos se concentran en recetas tradicionales, el Perú sigue literalmente enterrando una fortuna. Nuestro país genera 8.7 millones de toneladas de residuos al año y apenas logra valorizar cerca del 2%. La verdadera oportunidad no está solo en lo que extraemos de la tierra, sino en lo que recuperamos de nuestras ciudades.
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La cadena de reciclaje no es una agenda “verde” periférica; es la próxima gran frontera de eficiencia. Según el Ministerio del Ambiente (Minam), la transición hacia una economía circular podría aportar S/ 14,000 millones adicionales al PBI y generar más de 300,000 empleos verdes hacia el 2030. Invertir en este sector es una estrategia de competitividad industrial.

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La informalidad es el mayor cuello de botella del sector. Actualmente, el 90% de la labor de reciclaje está en manos informales, lo que impide un abastecimiento serio y constante para la industria nacional. La SNI estima que un ordenamiento real del sector promovería la creación de hasta 180,000 nuevas microempresas (mypes) en el corto plazo.
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Para transformar estas proyecciones en una realidad fiscal y económica palpable, el próximo Gobierno debe implementar urgentemente un ‘shock’ de incentivos inteligentes. En el ecosistema de economía circular y gremios ya se discuten propuestas concretas para formalizar la cadena e impulsar la demanda industrial. Destaco tres de ellas:
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1. Deducción por circularidad: Permitir que las empresas deduzcan hasta el 150% de sus gastos en insumos reciclados provenientes de fuentes formales. Esto generaría una demanda inmediata que hoy no existe y obligaría a la formalización de las asociaciones de recicladores y empresas para poder emitir comprobantes de pago. A la fecha, solo existen unas 452 organizaciones formalizadas (Minam, 2025); el potencial de crecimiento es masivo.
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2. IGV de tasa cero para la comercialización de materiales de residuos sólidos reciclables: La brecha entre el informal (sin IGV) y el formal fomenta una evasión de 500 millones de soles anuales. La tasa cero elimina esta desventaja, permitiendo que 180,000 recicladores se bancaricen y vendan legalmente. Las ventas de residuos por recicladores formalizados en solo 11 ciudades generaron 3.8 millones de soles entre el 2024 y 2025.
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3. Bono de Formalización mype: Un régimen simplificado para microempresas de valorización de residuos que las exonere de tasas municipales y arbitrios durante sus primeros 3 años si demuestran una tasa de recuperación creciente y trazabilidad.
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Producir con material reciclado consume hasta un 95% menos energía que usar fuentes vírgenes. En un contexto donde el PBI proyectado para 2026-2028 se mantiene en un modesto 3%, el ahorro en la factura energética y de importaciones es una vía directa hacia la rentabilidad.
El candidato que entienda que la basura es un activo estratégico mal gestionado tendrá en sus manos una herramienta real para el crecimiento.








