Algunos ideólogos se oponen a más minería y hablan de industria en vez de minería. (Foto: Andina/ Referencial)
Algunos ideólogos se oponen a más minería y hablan de industria en vez de minería. (Foto: Andina/ Referencial)

El Perú no solo enfrenta un cambio de Gobierno que probablemente será muy importante, sino también un mundo que está cambiando rápidamente y que sin duda afectará nuestra economía de manera decisoria. Para que el nuevo Gobierno, sea cual fuere, tenga éxito, deberá tener muy presente la gran transformación que está ocurriendo en la economía y política mundial. Todos conocemos las grandes líneas de cambio: el surgimiento de nuevas tecnologías de robotización, muchas veces conocidas como «inteligencia artificial», y el auge de China que empezó hace más de 30 años. Ambos fenómenos son tan grandes e importantes que no podemos entender claramente todo lo que significan.

La robotización y las tecnologías de inteligencia artificial ya tienen décadas de crecimiento. Recuerdo mucho cuando yo era miembro del directorio asesor internacional de Toyota en Japón, visité una planta de esta empresa cerca de Tokio; los únicos trabajadores visibles estaban en la cabina de control electrónico, mientras que la ruta de la ensambladora de autos no tenía un solo trabajador, aparte de algunos inspectores a lo largo de la línea. ¿Vamos a enfrentar un mundo sin trabajo manual alguno? No lo sabemos. Al final, en cada actividad e industria la pregunta se contestará haciendo una comparación entre el costo de los trabajadores y el costo del capital que los reemplaza, comparados con sus respectivas productividades.

Si queremos mantener trabajo en el sentido clásico de la palabra, tendremos que aumentar la productividad laboral para competir con el capital. Esa comparación pone a países como el Perú ante una decisión difícil, pero no desesperada. Hay muchas actividades que van a seguir prosperando y generando trabajo pese a lo que digan los tecnólogos de la informática. Pero no hay duda de que la modernización en gran escala es esencial. Si no ocurre esta modernización, el empleo para la gente con menos educación y menos tecnología se verá afectado por una escasez de trabajo, como dice la última encíclica papal Magnifica Humanitas.

De este debate podemos sacar algunas conclusiones: la primera es, sin duda, que los países sin buenos sistemas educativos se quedarán rezagados en los últimos lugares del mundo económico. La segunda, que debemos concentrarnos en áreas donde tenemos una ventaja competitiva. ¿Cuáles son esas actividades? El ejemplo del Perú en los últimos 30 años es el desarrollo de la agroindustria. Hubo una colaboración no escrita entre el Gobierno y los nuevos agricultores tecnificados que necesitaban riego para sus proyectos. El Estado puso una parte de estas nuevas instalaciones de riego, pero sobre todo dejó a los empresarios trabajar solos en las nuevas tecnologías que hoy permiten producir paltas, arándanos y muchas otras frutas en dimensiones internacionales. La otra cosa que hizo el Estado fue abrir nuevos mercados a través de los Tratados de Libre Comercio (TLC). Como negociador (con otros) del primer TLC, el de Perú con Estados Unidos, soy testigo de las complejidades y retos de estas negociaciones comerciales. Hoy ya no sería posible tener negociaciones de ese tipo, porque hay un rechazo político a los TLC en varios países importantes, empezando por Estados Unidos.

Una industria en la cual el Perú tiene una gran ventaja competitiva es la minería del cobre. El cobre es el metal más importante para la electrificación que requiere el mundo de la tecnología. Inmensos capitales se están dedicando a instalar plantas de procesamiento de datos en Estados Unidos, China y Europa. Todas necesitan grandes cantidades de cobre. El Perú tiene el cobre y la posibilidad de generación eléctrica que muchos otros países envidian. Pero lo que nos falta es una visión clara, por parte del Gobierno, sea de derecha o de izquierda, del potencial que está delante de nuestros ojos, aunque los políticos no lo ven.

Empecemos por el cobre. El Perú tiene por lo menos más de 20 posibles nuevas minas de cobre, pero sucesivos gobiernos se niegan a promoverlas. También tenemos un gran potencial hidroeléctrico que no se está aprovechando, en parte por el receso económico de los últimos años. Entonces, lo que necesitamos es un grito de alerta: “¡Despiértate, Perú!”.

Algunos ideólogos se oponen a más minería y hablan de industria en vez de minería. Pero cualquiera que haya visitado una fundición, refinería o mina de cobre se dará cuenta de que es una gran industria. «¡Despiértate, Perú!». Todo esto es bastante obvio para empresarios que conocen el mundo internacional, pero es una novedad para varios de los políticos ideologizados que hacen sufrir al Perú por todas las oportunidades que le hacen perder.

Otro tema importante son las relaciones del Perú con los grandes países industriales del mundo. A pesar de las tensiones que hay entre China y Estados Unidos, las dos economías líderes del mundo, es fundamental mantener relaciones comerciales y tecnológicas con ambos. Estados Unidos es el líder tecnológico del mundo, pero China viene galopando y alcanzándolo porque el país asiático es la principal economía industrial del mundo.

El nuevo Gobierno, sea quien fuere, debe tener un plan de ataque para atraer esas industrias hacia el Perú, como lo están haciendo México, Brasil y otros países de América Latina. Las metas del Gobierno entrante en estos temas deben ser claras y tener un calendario exigente: en los primeros cinco años podemos hacer A; en los siguientes cinco, B; y así sucesivamente. El sector privado pone la tecnología y los capitales, y el Estado la infraestructura y el ambiente prodesarrollo. Este último, lamentablemente, está olvidado en el Perú de hoy. Es hora de empezar los cambios, no por un solo período político, sino para las próximas generaciones. “¡Despiértate, Perú!”.

Pedro Pablo Kuczynski es expresidente de la República.

Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor.

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