
La publicación de la hoja de ruta de las finanzas abiertas (Open Finance - OF) por la Superintendencia de Banca y Seguros y AFP, marcará “un antes y un después” en nuestro sistema financiero. No es sólo un anuncio regulatorio, es una transformación estructural del mercado que evidencia que el Perú ha decidido subirse a la ola global de disrupción en los servicios financieros.

Para entender su alcance, vale una analogía simple. Así como la interoperabilidad de pagos hoy permite que Juan le envíe dinero a Pedro sin importar en qué billetera o banco estén, las finanzas abiertas permitirán que Juan acceda a servicios financieros –pagos, créditos, seguros, inversiones o asesoría– del proveedor que él elija (fintech, bigtech, telco), el cual podrá conectarse automáticamente (vía API) al banco donde Juan tiene su dinero. El banco seguirá custodiando los fondos y la información, pero la oferta de servicios será más abierta y competitiva. El resultado esperado: más innovación, más competencia, más inclusión y una experiencia radicalmente superior para Juan.
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La hoja de ruta de la SBS diseña muy bien un proceso gradual y coordinado con los otros reguladores (BCR, Indecopi, SMV, Minjus). La primera fase, ya en curso, es un diagnóstico del estado de la industria, evaluando especialmente el nivel de madurez del ecosistema. La segunda, será el diseño normativo y técnico, incluyendo mecanismos para incorporar a terceros (como las fintech) mediante registros o licencias, bajo estándares homogéneos. Quienes participen deberán demostrar solidez operativa, seguridad y seguir buenos estándares.
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La tercera fase será la implementación progresiva y voluntaria, empezando con los bancos (open banking), y durará hasta el 2028. Aquí se espera aprovechar más el modelo de banking as a service (BaaS), que permite a los bancos abrir su infraestructura regulada para que terceros desarrollen sus innovaciones. Esta etapa será un laboratorio real para las integraciones entre los bancos y las fintech antes del despliegue total. Finalmente, la cuarta fase extenderá las finanzas abiertas a todas las empresas supervisadas. Aunque la hoja de ruta no lo explicita, es razonable anticipar que esta etapa será obligatoria para todos.
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El modelo peruano recoge las lecciones de las experiencias más exitosas, especialmente la de Brasil: educación financiera para generar confianza; casos de uso que resuelvan problemas reales y prácticos; reglas claras de monetización que incentiven a los bancos a participar; protección robusta de los datos; y un modelo de gobernanza que asegure transparencia, gestión de riesgos y sostenibilidad.
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El camino será exigente. El reto para el sector privado es prepararse para un ecosistema donde la colaboración, la seguridad y la capacidad de innovar serán las verdaderas ventajas competitivas en plena transformación de la industria financiera.
Ljubica Vodanovic es socia de Vodanovic.







