
El pasado lunes 8 señalamos aquí en Gestión que “no podemos saber todavía quién ocupará la Presidencia de la República a partir del 28 de julio próximo, pero sí podemos afirmar que hemos presenciado una campaña de segunda vuelta de lo más atípica”.
Cerramos esa columna escribiendo, en referencia al ánimo del domingo 7, que “solo había incertidumbre y miedo, y una sensación de que estábamos viendo una película repetida: fujimorismo versus antifujimorismo, pero con otro reparto y, quizás, otro resultado, también atípico”.
Y sí que es atípico todo lo que hemos vivido y estamos viviendo en estos días.
En primer lugar, es atípico que por tercera vez lleguemos a una final en la que los finalistas repitan, décimas más o décimas menos, un resultado de 50.algo versus 49.algo.
Sucedió en el 2016 entre dos candidatos que se supone representaron a la derecha; luego, en el 2021, entre una candidata de derecha y uno de izquierda; y ahora, con una final que tiene casi los mismos protagonistas: fujimorismo y castillismo.
Lo que no ha cambiado es la tendencia de los electores que han estado detrás de todas las candidaturas desde el 2016 hasta hoy: fujimoristas enfrentados a los antifujimoristas.
Que seis millones de electores, o sea, las dos terceras partes de los que votaron por Keiko Fujimori o por Roberto Sánchez, no fueran a votar resulta sorprendente, sobre todo porque no se trató de una elección cualquiera, sino de una elección que ya se sabía que se definiría por un muy escaso margen y que estaba para cualquiera. Y peor aún, porque se trataba de dos extremos que generaban rechazo, malestar y temor. ¿Fue rechazo a ambos, desinterés, desidia o falta de civismo? No lo sabremos.
La campaña tuvo a un destacado (por su caudal electoral de la primera vuelta) excandidato, Jorge Nieto, que enarboló con decisión, a pesar de las críticas y de las acusaciones de “tibio” y “cobarde”, la bandera del voto viciado, lo que anunció personal y públicamente al país, acompañado de todo el estado mayor de su partido Buen Gobierno. Fue enfático en que no optaría ni por uno ni por otro. Sin embargo, se señala con cierta insistencia que fueron sus afirmaciones contra Juntos por el Perú, en una entrevista al periodista Víctor Caballero, las que inclinaron la balanza hacia Keiko Fujimori, posibilitando su eventual triunfo.
La segunda vuelta ha permitido, por encima de las encuestadoras, el lucimiento de matemáticos y estadísticos independientes que, en las redes sociales primero y luego en los medios de comunicación tradicionales, han fijado la percepción de que, frente al reconocimiento público de que podía voltearse lo anunciado en uno de los conteos rápidos, ellos hicieron cálculos y proyecciones más exactos.
Y no es que las encuestadoras fallaran, sino que, a pesar de anunciar claramente el margen de error, pusieron en pantalla un conteo rápido a las 8 de la noche con un orden en las cantidades y en las fotografías que, en la percepción de los televidentes, ya declaraban ganador a quien supuestamente ganó.
Y no se puede culpar tampoco al televidente, porque a través de todos los procesos electorales siempre se dijo que los conteos rápidos eran los más exactos. Quizás no se hizo suficiente énfasis, al anunciar el conteo rápido, en que no se trataba de un resultado concluyente y que no se estaba declarando ganador o ganadora porque las cifras podían variar.
Lo cierto es que todo lo ocurrido le ha quitado credibilidad al conteo rápido con miras a los siguientes procesos electorales, y seguramente en adelante se buscará a estadísticos y matemáticos independientes como Ronald Cross o Luis Rivera, que mientras se mantienen en lo técnico estadístico son de primera, para que nos digan si lo que dicen las encuestadoras es verdad o no.
Nunca una elección presidencial la definen los peruanos que votan en el extranjero. Siempre han sido invocados y buscados, pero no ha sido el caso, hasta ahora, que hayan sido determinantes. Por el contrario, siempre han sido muy marginales, pero lo estrecho del conteo en esta ocasión abre la posibilidad de que, lo poco o mucho que viene de afuera, sea muy importante. No sabemos si este será el caso, pero todas las afirmaciones y análisis que se vienen haciendo generan la percepción que por los votos en el exterior ganaría una de las partes.
No recordamos que, luego de un mitin nocturno de celebración luego del conteo rápido, el eventual ganador se haya convertido en un eventual perdedor al día siguiente. Y ese podría ser el caso esta vez, si se confirma lo que los matemáticos-estadísticos estrella vienen señalando.
Si ampliamos un poco la mirada, es la primera vez que en un proceso electoral peruano se denuncia intención de fraude en la primera y en la segunda vuelta. Lo que hemos visto es la acusación de fraude en la segunda vuelta en el 2021. Y lo más llamativo es que quien denunció fraude en esa oportunidad, es quien ahora llama, con más tranquilidad, a la prudencia y a aceptar los resultados oficiales.
Como siempre se dice, en el Perú nunca nos aburrimos, y siempre nos sorprendemos.
Enrique Castillo es periodista.
Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor.








