Con banderas y pancartas, muchos de los protestantes expresaron su rechazo contra Odebrecht por seguir operando en el Perú. (Foto: GEC/ Mario Zapata)
Con banderas y pancartas, muchos de los protestantes expresaron su rechazo contra Odebrecht por seguir operando en el Perú. (Foto: GEC/ Mario Zapata)

Economista

Este verso, el primero de la famosa canción de Luis Abanto Morales, se me vino a la mente el sábado último mientras presenciaba una de las tantas marchas de gente venida de provincias que se producen en Lima últimamente.

¿Qué reclamaban estos ? Era difícil saberlo desde los lugares comunes de sus arengas (“el pueblo unido jamás será vencido”) y carteles (“los medios nos engañan”), pero me pude enterar cuando le presté atención a un tipo que vociferaba “nueva Constitución” desde un altavoz.

Sí, la loca ilusión que ha sacado a estos y a muchos otros manifestantes de sus pueblos es que una nueva Constitución va a solucionar sus males. Su pobreza. Sus problemas de salud. Su falta de oportunidades. Y han venido a la capital a exigirlo.

¿Qué precisamente quieren que cambie de laactual? Los manifestantes no lo decían, pero lo podemos saber de lo que dicen quienes les han vendido esas ilusiones: quieren que cambie el capítulo económico. ¿Por qué? Porque allí están los artículos que limitan la intervención del Estado en la economía. Gracias a ellos, el Estado no puede controlar precios, crear empresas públicas a discreción o limitar la iniciativa privada.

LEA TAMBIÉN: Mineras claves en Perú se reactivan aunque permanece incertidumbre por protestas

Y eso es lo contrario a lo que ellos quieren: que el controle la economía. Probablemente porque ellos mismos tienen la loca ilusión de que ello generará más bienestar que la libre iniciativa privada.

Digo que se trata de ilusiones sin fundamento porque la evidencia de que el excesivo control estatal empeora la calidad de vida es contundente. Basta ver a Venezuela, un país mucho más rico en recursos naturales que el Perú y que hace no mucho tuvo un nivel de vida envidiable.

Desde que en 1999 se cambió la Constitución y se le permitió al Estado intervenir en la economía, el nivel de vida de los venezolanos fue cayendo hasta alcanzar el paupérrimo nivel con el que el chavismo azota hoy a quienes no tienen los medios para huir. No solo no hay trabajo y escasea la comida y las medicinas, sino que los niveles de educación, salud y seguridad son mucho peores que los que tenían antes.

LEA TAMBIÉN: Puno y Cusco registran 26 puntos de tránsito interrumpido

Lo más terrible es que muchos de los manifestantes ya han sufrido las consecuencias de un sistema como el que quieren implantar. La Constitución de 1979 le otorgaba prioridad al Estado en la economía, por lo que el Gobierno controlaba precios y abundaban las empresas públicas. Como consecuencia, en 1990, el 44% de hogares era pobre, la clase media había prácticamente desaparecido y la mortalidad infantil era similar a la de los países africanos más pobres. No había empleo, ni oportunidades, ni salud, ni educación, ni nada de lo que los manifestantes buscan obtener.

En la canción de Luis Abanto Morales, quien la canta ha tenido éxito saliendo de su pueblo y puede vivir ahora “con esplendor”. Eso es exactamente lo contrario a lo que sucedería si las locas ilusiones de los manifestantes se convierten en realidad.

LEA TAMBIÉN: Otra vez en riesgo de paralizarse el 20% de la producción cuprífera