
Luego de la primera vuelta, a pesar de que ya era obvio que la segunda vuelta sería entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, y de que dos encuestas los mostraban empatados en la intención de voto (38-38, Ipsos; y 39-38, IEP), ambos bajaron las revoluciones de sus campañas y dedicaron su tiempo a reforzar su presencia donde habían ganado, como fue el caso de Keiko; y a tratar de rodearse de “figuras” que le ayudaran a ganar terreno en Lima, como lo intentó Roberto Sánchez.
Nuevas encuestas muestran una ventaja de Keiko sobre Sánchez, pero no porque Keiko haya subido, sino porque él ha bajado. Lo que, en realidad, significa en los hechos un estancamiento de ella y un tropiezo para Sánchez.
Se puede especular sobre el caso de Juntos por el Perú, que baja en el sector rural, y decir que, precisamente, su dedicación a la capital y sus nuevas juntas limeñas pueden estar haciéndole algo de daño a su base más sólida.
En el caso de Keiko Fujimori, el estancamiento resulta más llamativo. Primero, porque, a pesar de las denuncias de fraude o de irregularidades graves, su posición de primer lugar y de “fija” en la segunda vuelta nunca estuvo en entredicho; y, en segundo lugar, porque estas semanas de reclamos y denuncias fueron un periodo en el que ella podía haber sacado ventaja, cualquiera que hubiera sido su contrincante, haciendo campaña en aquellos lugares en los que podía capturar intención de voto de quienes no votaron por ella.
Por el contrario, en ese tiempo, Keiko Fujimori ha hecho varias afirmaciones que han servido de mucho a sus adversarios y/o enemigos políticos. Decir que va a gobernar como su padre, que el enemigo es la izquierda o que su única alianza es con la población muestra una actitud bastante cerrada, polarizante, confrontacional y hasta autosuficiente.
Durante la primera vuelta de esta campaña, parece que las propuestas fueron lo menos interesante e importante para los electores. La atención y la adhesión llegaron a partir de las actitudes y de los gestos. Un caso interesante fue el de Jorge Nieto, que llegó a subir hasta los primeros puestos sin que, estamos seguros, nadie recuerde alguna propuesta de su plan de gobierno. Es más, ahora es el más “cortejado” y tiene una bancada que viene despertando las mayores expectativas, porque hay quienes, con razón o sin ella, la quieren ver como el fiel de la balanza.
Lo mismo pasa con Keiko Fujimori y Roberto Sánchez. De la primera, solo se mantiene en la mente del electorado su grito de batalla: “orden”; y del segundo, la Asamblea Constituyente y el indulto a Pedro Castillo. No hay grandes promesas ni lluvias de millones como ofrecimiento, aunque Sánchez recién salió con lo del aumento del sueldo mínimo. En círculos más políticos y mejor informados, obviamente las referencias y el conocimiento son mayores.
Hay quienes señalan que Keiko ha hecho, hasta hoy, una muy buena campaña y que ha ingresado con buen pie a la segunda vuelta. Sin embargo, se pasa por alto que una parte de su votación la obtuvo “gracias” a los gruesos errores de campaña de Renovación Popular y, principalmente, a las actitudes de Rafael López Aliaga, que desanimaron a un sector de la derecha a inclinarse por él. Además, ese estancamiento o ligera subida de un punto muestra que su postura “prudente” y su “madurez política” no son suficientes.
Quizás por ello, y dado que los partidos en disputa hacen encuestas diarias, Keiko se ha dado cuenta que hay varias cosas por rectificar.
En lo que puede denominarse como un relanzamiento, Keiko ha dado prioridad a los colores blanquirojos, dejando el color naranja un poco más de lado. En segundo lugar, ha señalado que esta segunda vuelta no se trataba de un tema ideológico, en lo que se entiende que no es un enfrentamiento entre derecha o izquierda, en abierta corrección de lo que le dijo a Rafael López Aliaga en el debate de la primera vuelta, y de lo que repitió hace apenas unos días.
Luego ha dicho que no se trata de ella, sino del Perú, en un giro con relación a esas afirmaciones y reafirmaciones de lo del gobierno de su padre o de una administración fujimorista. Luego mantiene lo de la alianza con el pueblo, pero lo ha ampliado a no cerrar puertas a acercamientos con partidos, candidatos, o nuevos congresistas. Y, finalmente, está lo de su encuentro con PPK, que quiere mostrar a una Keiko que se reconcilia y que deja atrás las diferencias y los rencores, en un gesto que agradó a quienes están de ese lado de la mesa, pero que también ha sido tomado por sus detractores como un gesto interesado y oportunista.
Y ahí es donde radica el reto de Keiko Fujimori, demostrar a esos electores desconfiados y que la rechazan por sus actitudes anteriores y del pasado reciente, que esos giros y esas actitudes no son interesadas, oportunistas, y electoreras, y que su cambio y apertura es real, cosa que no es nada fácil, si consideramos además del comportamiento de sus colaboradores más cercanos y actuales congresistas, varios de los cuales van a repetir el plato.
Los debates técnicos y el presidencial serán una dura prueba en la que el Perú entero estará atento a las actitudes y a los gestos, como ocurrió en los debates de la primera vuelta.
Veremos en las siguientes encuestas si la corrección y el cambio de estrategia da algún resultado.
Enrique Castillo es periodista.
Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor.








