
Escribe: Antonio Cevallos, gerente general de BBVA Asset Management
¿Alguna vez te has preguntado por qué algunas personas logran construir un patrimonio sólido incluso sin tener ingresos excepcionalmente altos? La respuesta está en un principio financiero potente, poco entendido y muchas veces subestimado: el interés compuesto.
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La gran mayoría de personas trabaja arduamente por su dinero. Sin embargo, pocas logran que su dinero trabaje con la misma intensidad para ellas. La diferencia no está necesariamente en cuánto ganas, sino en cuánto tiempo permites que tu capital crezca y se multiplique.

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El interés compuesto es simple en concepto, pero extraordinario en impacto: es el rendimiento que se genera no solo sobre el capital inicial, sino también sobre los rendimientos acumulados. Es crecimiento sobre crecimiento. Es el efecto ‘bola de nieve’ aplicado a tus finanzas. La clave para aprovecharlo está en entender una distinción fundamental:
1. Invertir tarde
Invertir tarde no siempre significa empezar a los 50 años. Muchas veces significa postergar decisiones importantes bajo la idea de que ‘aún hay tiempo’ o que ‘cuando gane más empezaré’.
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- Ejemplos comunes: postergar el ahorro para la jubilación, esperar el ‘momento perfecto’ del mercado o priorizar consumo presente sobre inversión futura.
- El impacto: el tiempo perdido no se recupera. Cada año que retrasas una inversión reduce de manera exponencial el capital que podrías acumular en el largo plazo.
2. Invertir temprano y constante
No se trata de empezar con grandes sumas, sino de empezar lo más pronto posible y con constancia.
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- Ejemplos comunes: aportes mensuales, automáticos a fondos mutuos, planes sistemáticos de inversión o contribuciones periódicas a instrumentos de largo plazo.
- El impacto: cada rendimiento generado se reinvierte y comienza a producir nuevos rendimientos. Con el paso de los años, el rendimiento deja de ser lineal y se vuelve exponencial.
Cómo activar el interés compuesto a su favor
Para que este ‘socio silencioso’ trabaje contigo de forma permanente, te recomiendo aplicar este sistema de cuatro pasos:
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- Empieza antes de sentirte completamente listo
Muchas personas creen que necesitan educación financiera avanzada o grandes ingresos para invertir. En realidad, el mayor costo es la inacción. Incluso montos ‘pequeños’, invertidos con disciplina, pueden generar resultados sorprendentes en horizontes de 15 o 20 años. El tiempo es el factor más poderoso en esta ecuación, y cada año cuenta.
- Automatiza para no depender de las emociones
Invertir ‘lo que sobra’ casi nunca funciona. El consumo siempre encuentra la manera de expandirse. Programa un aporte mensual automático apenas recibes tus ingresos.
- Reinvierte las ganancias y mantente invertido
Uno de los errores más comunes es retirar rendimientos constantemente o salir del mercado ante episodios de incertidumbre. La volatilidad es parte natural de los ciclos económicos. Salir por miedo suele convertir fluctuaciones temporales en pérdidas permanentes.
- Alinea tu inversión con un horizonte claro
El interés compuesto muestra su mayor fortaleza en el largo plazo: jubilación, educación de los hijos, independencia financiera. Define metas concretas y plazos realistas.
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Es importante entender que el interés compuesto no elimina el riesgo, pero sí premia la estrategia y la constancia. La diversificación adecuada y la gestión profesional del riesgo permiten que este mecanismo funcione con mayor estabilidad en el tiempo.
La construcción de patrimonio no depende de movimientos espectaculares ni de asumir riesgos innecesarios. Depende de entender principios sólidos y aplicarlos con disciplina.
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Me gustaría dejarte este último mensaje como recordatorio: no necesitas hacer todo perfecto. Necesitas empezar, mantenerte constante y permitir que el tiempo haga su trabajo. Porque en finanzas, como en la vida, las decisiones pequeñas y sostenidas suelen generar resultados extraordinarios.







