Editorial de Gestión. Se debería empezar por mirar la viga en el propio ojo del Ejecutivo, antes de ver la paja en el ojo de los empresarios.
Editorial de Gestión. Se debería empezar por mirar la viga en el propio ojo del Ejecutivo, antes de ver la paja en el ojo de los empresarios.

CAMISEA. El objetivo del Gobierno de renegociar el contrato de Camisea ya tiene sus primeros impactos negativos, como un nuevo récord en el tipo de cambio. Aunque el presidente Castillo haya dicho que la renegociación se dará con respeto irrestricto al estado de derecho intentando calmar los ánimos generados por la amenaza de Guido Bellido, queda claro, más allá de las formas, que el Gobierno siempre tuvo la intención de renegociar los contratos tal como el ministro Iván Merino lo ha recordado, aunque ahora algunos se sorprendan.

Ningún contrato está escrito sobre piedra y, sin duda, con acuerdo de las partes pueden ser modificados, pero lo primero que se debería conocer antes de intentar un “nuevo pacto” es el contrato que se desea modificar y establecer qué se quiere cambiar. ¿Conocen los ministros involucrados y las autoridades que buscan el cambio todas las cláusulas o cómo funciona el esquema de precios?

Hasta el momento, desde el Ejecutivo se han escuchado diferentes versiones. Se habla de la necesidad de obtener un mayor porcentaje de utilidades, cuando lo real es que si se suma lo que la empresa paga por impuestos y lo que abona por concepto de regalía se llega a que cerca del 65% de sus utilidades es transferido al Estado. Un argumento diferente expresa la vicepresidenta, Dina Boluarte, pues cuestiona que el gas se venda fuera del país, pues aduce que no llega a todos los peruanos y por eso tiene un alto precio. Olvida que estos temas no están en manos del Consorcio Camisea, pues la empresa que explota el gas no es la misma que realiza la distribución ni se encarga de la exportación. Además, desde hace varios años, diversos gobiernos plantean la masificación del gas. Sin embargo, hasta ahora en provincias no se ha logrado el éxito.

En todo caso, si el alto porcentaje de impuestos y regalías que paga la empresa no está generando beneficio para los ciudadanos, ¿es responsabilidad de la empresa o más bien del Gobierno, tanto a nivel regional como nacional, que no logra ser eficiente en el gasto ni enfocar de manera adecuada los sectores en los que se debe invertir? ¿Es el Consorcio Camisea con el que se deberían sentar a conversar o mirar al interior y trabajar con los ministerios y gobiernos regionales para hacer más eficiente el gasto?

Preocupa que el miércoles 6 de octubre los representantes del Gobierno se sienten a la mesa con ideas preconcebidas y equivocadas, sin saber lo que realmente se quiere conseguir. Por el momento, no se ha logrado la masificación ni que los ingresos se gasten de forma eficiente. Quizás se debería empezar por mirar la viga en el propio ojo del Ejecutivo antes de ver la paja en el ojo de los empresarios.

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