
Por Carla Olivieri, rectora & CEO de UCAL
El COVID nos ha traído incomodidad, pero también oportunidad y sin duda, también en educación superior - gracias a Dios. La incomodidad es necesaria para innovar. No hay nada más peligroso que la comodidad porque promueve el statu quo y en un mundo tan dinámico, acelerado y globalizado no nos podemos dar el lujo de estar cómodos por mucho tiempo.
Las universidades seguimos dictando tal como se enseñaba en la universidad de Boloña en el año 1088. Lo cual no está del todo mal si es que se sigue logrando los objetivos de aprendizaje con calidad. Lo que no es bueno, es seguir alentando un único modelo de universidad cuando se puede conseguir resultados excelentes en diferentes entornos como los digitales también.
Hoy toca diseñar la nueva “normalidad” en educación superior. Volver a la versión de las universidades pre-COVID no es una opción. Gracias al COVID profesores, alumnos y gestores de la educación hemos experimentado con un nuevo entorno que tiene sus ventajas y desventajas – al igual que la educación presencial.
Hoy los estudiantes han desarrollado su autonomía, su capacidad para auto-regularse, para organizarse. Conocen sus niveles de energía y sus estilos de aprendizaje. Han desarrollado sus habilidades digitales y a aprender a aprender, que tanto les va a servirá para mantenerse vigentes a lo largo de sus vidas.
Los profesores han aprendido a diseñar nuevas maneras de movilizar el conocimiento, de interactuar, relacionarse y conectar con sus estudiantes.
Post COVID, yo veo la educación superior con mucho entusiasmo. Mirar hacia atrás no es opción. Hoy tenemos que aprovechar que esta pandemia ha despertado la angustia necesaria para romper paradigmas, hacer la “prueba-piloto” y nos ha obligado a pisar el acelerador para innovar. Ahora toca acelerarlo más. Eso que antes veíamos como futuro, es el nuevo presente y debemos seguir iterando de esta experiencia para escalar a una mejor versión.
Post Covid, veo la educación:
1. Multi-plataforma: con un diseño pensando en cómo enriquezco las relaciones, interacciones y experiencias con mis estudiantes en diferentes entornos.
2. Flexible: Dejar de pensar que los aprendizajes se logran según un calendario académico. Es el momento de probar nuevos formatos.
3. Agil: Hoy, el COVID ha movido el tablero de muchas profesiones y está generando nuevas oportunidades. Necesitamos adaptar y crear programas para responder rápidamente a las necesidades de las empresas y del mundo y contribuir con la competitividad del país.
4. Estudiantes más empoderados: brindándoles opciones para que elijan si llevar sus clases presenciales, virtuales, blended, sincrónicas, asincrónicas y poder manejar sus horarios según sus niveles de energía y sus demás responsabilidades y roles y así vivir una vida más balanceada.
5. Con currículas menos estructuradas: liberando más espacios para que el estudiante sea co-creador de su malla. Hoy, los pocos cursos electivos que tienen en la mayoría de las universidades, son inclusive más cursos de la carrera; hiper-especializando a los alumnos cuando la universidad debe abrirles la mente y exponerlos a diferentes realidades para que puedan asociar múltiples conceptos para resolver problemas. Confiemos en su capacidad de tomar buenas decisiones.
6. Nuevo rol del profesor: que no se limita a asegurar el logro de los aprendizajes alrededor de un área de su expertise. Hoy el profesor es un gerente de recursos humanos que tiene que monitorear el estado de ánimo de sus estudiantes y a su vez es el coach que les enseña a calmarse, a sentirse capaces, a lidiar con sus miedos y a auto-motivarse.
7. Re-pensar todas las áreas: Dejando de pensar en ellas funcionalmente sino diseñando nuevas maneras de contribuir con el logro de la misión de la organización. Un ejemplo: Las bibliotecas que siguen centrándose en ser repositorios de conocimiento. Hoy, es el momento ideal para trabajar con otras universidades, con las casas editoriales, municipios, etc. para asumir un rol más proactivo para crear ecosistemas para movilizar y construir conocimiento fomentando desde su frente la pasión por aprender, descubrir, retar el conocimiento a través del tan saludable debate que hoy ha perdido espacio en muchas universidades del país.
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