
Director de Comunicaciones e Imagen Institucional de la Universidad del Pacífico
En octubre del 2020 me inscribí como voluntario para el ensayo clínico de Fase III de la vacuna SARS-CoV-2 en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En un inicio todo parecía muy profesional en tiempos y formas. Nos explicaron diversos temas como que el estudio era doble ciego (donde ni los vacunadores ni los vacunados saben si les han inyectado vacuna o placebo); que tendríamos que registrar nuestro estado de salud diariamente por 1 año; e incluso, en la segunda fecha de vacunación, uno de los investigadores principales nos dijo -repetidas veces- que a fines de enero nos dirían si nos habían inyectado vacuna o placebo.
El escándalo del “Vacunagate” terminó con cualquier posibilidad de enterarnos qué es lo que recibió cada voluntario. Estamos ya en abril y, por supuesto, no se nos ha brindado ninguna información sobre quiénes fueron inoculados con la vacuna. Los monitores tampoco tienen la respuesta, el correo y los teléfonos de contacto no son de ayuda. A ello se le suma que muchos voluntarios han terminado en UCI y varios otros están exigiendo respuestas. Aparentemente el Instituto Nacional de Salud (INS) es quien ha decidido no abrir el “ciego” hasta la fase de vacunación según calendario.
Sin la certeza de si recibimos placebo o vacuna, sin respuestas y sin un jefe de ensayo visible, los voluntarios hemos terminado siendo víctimas colaterales de un escándalo. ¿Cuál es la lección que pueden rescatar las organizaciones? Es urgente que las instituciones trabajen, continuamente, en construir relaciones de confianza con las audiencias con las que interactúan. Uno de los elementos fundamentales para hacerlo es la transparencia, entendida no sólo como la publicación de la memoria anual, sino como el ejercicio constante de comunicarse con todos los públicos de interés. Esto es, dialogar con ellos, recoger sus ideas y opiniones para co-crear soluciones en conjunto. En síntesis, hacerlos partícipes de algunos procesos de la organización.
Uno de los aspectos principales de contar con un Buen Gobierno Corporativo es contar con procesos de transparencia que sean abiertos y accesibles. Vivir en una “aldea global” ya había agudizado esta necesidad de transparencia. Si a eso le sumamos el hecho que la generación Z decide consumir productos de organizaciones con las que comparten un propósito (y hace más de 3 años que forman parte de la fuerza laboral) deberíamos ver qué tan importante debe ser para nuestra organización construir relaciones de confianza y, por lo tanto, contar con sistemas que hagan de la transparencia un hábito.
En ese sentido, la comunicación es fundamental porque no sólo permitirá identificar a las audiencias con las que interactuar (y en qué orden se hará) sino que permitirá también establecer un diálogo planificado con ellas. Es decir, recoger sus opiniones (mediante encuestas, presentaciones, sesiones de trabajo, entre otras) para dialogar y trabajar en conjunto.
En nuestro país es sumamente importante trabajar en ello en todos los sectores. La falta de confianza/transparencia ha llevado a que la percepción de la reputación de las organizaciones, públicas y privadas, esté muy mal vista. Esto es lo que ha pasado con los ensayos clínicos de la vacuna de Sinopharm. Los voluntarios no recibimos información adicional y los monitores no tienen información que dar. Esta falta de transparencia puede impactar en la inversión de futuros ensayos clínicos en el Perú y los puestos de trabajo que ellos generan. Para generar confianza debemos ser transparentes, y para ser transparentes debemos tener un plan de comunicación claro y preciso con nuestras audiencias.
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