
Escribe: Omar Mariluz, periodista.
Hay que tener una memoria de cortísimo plazo para sentar en tu oficina al tipo que tú mismo investigaste por corrupción y pretender que aquí no pasa nada. José Jerí, hoy flamante presidente de la Republica, anda afirmando que no sabía quién era ese tal Zhihua Yang, el famoso “amigo Jhonny”, cuando lo visitaba en su chifa en San Luis o en su tienda en el centro de Lima. ¡Por favor! Jerí no solo sabía quién era; él fue el vicepresidente de la comisión que le siguió los pasos a las constructoras chinas y firmó el informe que describe cómo estas empresas nos tomaban el pelo en las licitaciones. Pasar de fiscalizador a anfitrión de un sospechoso no es una coincidencia, es un “chifagate” con todas sus letras.
Durante meses, en el 2022, la Comisión Investigadora que integró Jerí desmenuzó un esquema donde las empresas estatales chinas no competían, sino que se repartían el botín. El patrón era evidente: se presentaban en consorcios, simulaban pluralidad de postores con socios locales de fachada y terminaban adjudicándose contratos millonarios con el Estado peruano. En medio de todo ese entramado, el nombre de Zhihua Yang aparecía como el hombre de las conexiones, el facilitador, el “operador”.
Pero aquí es donde la trama se vuelve turbia. En el informe final que se aprobó en la comisión, el rastro de Yang desapareció “mágicamente” de las conclusiones iniciales. Luego, ante el escándalo, lo volvieron a meter para el debate en el Pleno, pero los congresistas –maestros del tiempo– decidieron enviarlo a la congeladora mediante un cuarto intermedio. ¿A qué le temen? ¿O, mejor dicho, a quién protegen?
Lo que resulta indignante es la parálisis selectiva de Jerí ahora que ostenta el poder absoluto de la mesa directiva. El 1 de octubre del 2025, el congresista Héctor Valer le pidió formalmente retomar la votación de ese informe que duerme el sueño de los justos. Jerí, el mismo que puso su firma denunciando a estas mafias, simplemente ignoró el pedido. Es una contradicción que apesta: no puedes ser el juez de una investigación por la mañana y el relacionista público del investigado por la tarde.
No estamos ante un error administrativo. Recibir a Yang en Palacio de Gobierno y sostener reuniones fuera de los controles gubernamentales, mientras se mantiene bajo llave el informe que lo compromete, es un mensaje de impunidad clarísimo para el “Club de la Construcción Chino”. Es decirles que, en el Perú, las investigaciones son solo un saludo a la bandera que se soluciona con una buena visita protocolar.
José Jerí debería explicarle al país si su “amnesia” es un síntoma clínico o una estrategia política. Porque si un legislador que tuvo acceso a toda la información clasificada de una trama de corrupción dice que “no sabía” quién era su invitado, entonces o es un incompetente o nos está tomando por idiotas. Y conociendo los pasillos de la Plaza Bolívar, la primera opción es la menos probable. Al final, el informe sigue encarpetado, las obras siguen bajo sospecha y el “amigo Jhonny” sigue entrando a Palacio como si fuera el dueño de la casa. Un banquete completo de impunidad, con su respectiva porción de cinismo nacional.
Al final del día, el “Club de la Construcción Chino” parece haber encontrado en el Parlamento una sucursal de impunidad. Mientras los proyectos de infraestructura se caen o se sobrevaloran, las investigaciones se hunden en tecnicismos y “cuartos intermedios”. El “amigo Jhonny” puede dormir tranquilo.

Magíster en Economía, diplomado internacional en Comunicación, Periodismo y Sociedad, estudios en Gestión Empresarial e Innovación, y Gestión para la transformación. Cuento con más de 15 años de experiencia en el ejercicio del periodismo en medios tradicionales y digitales.







