
Escribe: Alberto Arispe, gerente general de Kallpa Securities SAB
El precio del cobre viene subiendo sostenidamente desde hace años. Entre el 2000 y el 2010, tuvo una espectacular subida y fluctuó entre US$ 0.60 y US$ 4.38 la libra. Entre el 2011 y el 2020 fluctuó entre US$ 1.96 y US$ 4.62 la libra. Y entre el 2021 y el 2025 entre US$ 3.25 y US$ 5.71 la libra. Hoy supera los US$ 6.0 la libra. Claramente el precio va hacia arriba, con serruchos y caídas de corto plazo, pues siempre existe volatilidad en los precios en un mercado líquido y dinámico.
La demanda por cobre va al alza de la mano con el crecimiento económico global, liderado por China (50% de la demanda global), desde hace décadas. El cobre se usa mucho para electricidad, electrónica, infraestructura, construcción, cableado, aleaciones y hoy en día para atender a la creciente demanda de los centros de datos para la IA. No hay bienes sustitutos a la vista. El cambio hacia una matriz energética más amigable al medio ambiente ya viene ocurriendo y se acentuará en el 2026-2035.
Pero son los problemas de oferta los que están moviendo los precios al alza. Y esos problemas no son de corto plazo, son estructurales. Cada vez es más difícil y toma más tiempo, y, por tanto, es más costoso, explorar, encontrar recursos, transformarlos en reservas y explotar esas reservas. Ello limita tremendamente el crecimiento sostenido de la producción y de las reservas, lo cual impide que la oferta pueda crecer a la misma tasa que la demanda.
En primer lugar, muchas plataformas políticas no ven con buenos ojos a la minería. Por tanto, cuando estas plataformas tienen poder político “castigan” a la industria minera con mayores impuestos, leyes que limitan el crecimiento, mayor regulación, exigencias antitécnicas, entre otros. Perú y Chile, dos de los principales productores de cobre con un market share global de 34% y con reservas importantes, han pasado últimamente por gobiernos que no han impulsado la inversión privada en el sector con agresividad.
En segundo lugar, hay muchos proyectos que tienen problemas con las comunidades locales por temas sociales/ambientales/políticos. Las empresas muchas veces no cuentan con el respaldo político, de seguridad y de la ley de los gobiernos de turno para poder llevar a cabo sus operaciones y eso limita el crecimiento en el sector.
Sobre estos dos puntos, pongo de ejemplo a Cobre Panamá de First Quantum, que producía 350k TM al año. La mina está paralizada por el Congreso panameño. Es un tema político. Las Bambas en Perú, que está en el top 3 de productores más grandes del país, ya habría incrementado sus reservas significativamente si tuviera más confianza de que sus operaciones no se van a paralizar por problemas con las comunidades locales. En el 2023 la mina operó con normalidad solamente 260 de los 365 días del año.
También es importante considerar otros tipos de disrupciones como el deslizamiento de la mina Grasberg de Freeport que en el 2025 generó un corte inesperado de producción, siendo esa mina uno de los principales productores de cobre del mundo con más de 800k TM de producción anual. De igual forma, el deslizamiento ocurrido en El Teniente de Codelco en Chile (que produce cerca de 350k TM de cobre al año).
En tercer lugar, los geólogos especialistas indican que hay nuevos retos en la cadena de oferta. Las leyes de mineral vienen cayendo significativamente en los últimos 20 años. Eso hace que sea más costoso producir y demanda más recursos como energía y agua para explotar una libra de cobre. El mundo ya explotó el cobre con mayor ley y ahora va por proyectos que hace décadas no eran rentables, pero que a US$ 6.00 la libra, sí lo son.
En cuarto lugar, el costo de oportunidad del capital es alto. Entre 2013-2023 el boom tecnológico ha sido protagonista en el mercado financiero. El índice Nasdaq 100 rindió 611% en ese periodo, siendo un outperformer claro vs. otros sectores y por tanto ha captado mucho capital. El mundo minero, intensivo en capital, compite por ese capital y la única manera de atraerlo es si el sector ofrece retornos altos que compitan con la rentabilidad del sector tech. Hoy, solo un mayor precio del commodity puede permitir ese mayor retorno.
En quinto lugar, dado los cuatro puntos anteriores, el tiempo que pasa entre el descubrimiento de recursos hasta producción se ha incrementado desde un promedio de ocho años hace décadas a más de 15 años hoy. Entonces los grandes descubrimientos hoy, tardarán en convertirse en reservas y en llegar a producción muchos años. Ello también eleva el costo.
Antes estos cambios estructurales, el precio del cobre subió fuerte. ¿Seguirá hacia arriba?
A estos precios las empresas mineras de cobre hacen mucha caja. En los últimos doce meses, acciones de empresas como Southern (+99%), Freeport (+52%), Antofagasta (+107%) se han disparado. Vemos fusiones como la de Anglo American con Teck que juntas tienen un market cap de casi US$ 80,000 millones o las conversaciones entre Glencore y Rio tinto que podrían derivar en la fusión minera de cobre más grande de la historia. Todos buscan economías de escala, más reservas, lo cual les dará ventajas competitivas para este nuevo mundo. El M&A acaba de empezar, tanto para las empresas grandes como para las juniors.
¿Qué significa todo esto para el Perú? Pues que estamos en el lugar correcto en el momento correcto. La correlación entre el precio del cobre, el crecimiento del PBI peruano, los ingresos fiscales nacionales, la fortaleza del sol vs el dólar, la disminución de la pobreza es directa claramente. El país tiene una oportunidad de votar por plataformas políticas promercado que pongan en valor todo el potencial geológico a precios del cobre muy altos. Necesitamos atraer ese capital pues contamos con ventajas competitivas claras, somos el tercer productor mundial de cobre y el segundo en reservas globales.
Aprovechemos este boom del cobre. Es el momento de promover el sector. Ello traerá más trabajo, más en gasto en educación, salud, justicia, seguridad ciudadana, que beneficiará a la población. Todos ganaremos, tal como sucedió entre el 2011-2015 donde se lograron inversiones por cerca de US$ 37,000 millones en el sector minero (en promedio US$ 7,000 millones por año) y se sacaron adelante los grandes megaproyectos mineros que hoy tenemos en producción. En los últimos cinco años el promedio es US$ 5,000 millones. Esto debe subir en este boom. ¿Será así?







