
Una carta de Pokémon extremadamente rara, propiedad del youtuber estadounidense Logan Paul, se vendió el lunes por US$ 16.49 millones de dólares, un récord para una de esas tarjetas coleccionables en una subasta.
La que se considera que es la única carta “Pikachu Illustrator” con calificación PSA 10, es decir en condiciones absolutamente impecables, fue comprada originalmente por Paul en otra venta sin precedentes en 2021, por US$ 5.28 millones.
Esta vez fue adquirida por AJ Scaramucci, hijo del exdirector de comunicaciones de la Casa Blanca Anthony Scaramucci, según la organización Guinness World Records, que estuvo presente en la subasta celebrada por la casa Goldin.
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Tras la exitosa puja, Paul colocó la carta, que según Guinness estaba unida a un collar de diamantes valorado en US$ 75,000, alrededor del cuello de Scaramucci.
Guinness World Records la certificó como la carta de Pokémon más cara y la tarjeta coleccionable de mayor precio en general vendida en una subasta.
Desde Pikachu, el ratón eléctrico, hasta Jigglypuff, el globo con habilidades somníferas, pasando por Lucario, el luchador con cabeza de chacal, ahora hay más de 1,000 personajes Pokémon diferentes, y cada pocos años se lanzan nuevas “generaciones”.
Aunque siempre se han intercambiado y coleccionado, el valor de las cartas se ha disparado en los últimos años, no solo entre los aficionados al juego, sino también entre inversores que antes tenían poco o ningún interés.
Entre los factores que determinan el valor se encuentran la rareza de las cartas, el personaje (Mew, Mewtwo, Pikachu y Charizard suelen ser más valiosos) y el artista, que aparece indicado en la tarjeta.
Una carta con la designación “PSA 10” es una carta prácticamente perfecta, que debe tener cuatro esquinas perfectamente nítidas, un enfoque legible y todo el brillo original, según la empresa líder del sector PSA (Professional Sports Authenticator).
“Pikachu Illustrator” es muy popular entre los coleccionistas porque fue diseñada por Atsuko Nishida, la creadora original de Pikachu.
La carta nunca se vendió originalmente, sino que se lanzó como premio en un concurso de ilustración en 1998.








