
Durante décadas, el péndulo económico de Argentina sacudió a los inversores al oscilar de un extremo ideológico al otro, mientras cada nueva administración desarmaba el marco económico construido por su predecesora.
Con las elecciones del año próximo encaminadas a convertirse en un referéndum sobre la agenda reformista del presidente Javier Milei, algunos empresarios influyentes y figuras de la oposición están discutiendo la posibilidad de que esos giros violentos estén llegando a su fin, independientemente de quién gane la elección presidencial de 2027.
Varios factores podrían desafiar el escepticismo de Wall Street, donde los bonos argentinos todavía rinden mucho más que los de sus pares debido al historial del país de defaults, políticas económicas poco ortodoxas y manipulación de estadísticas. Por ahora, las encuestas muestran un creciente apoyo a la disciplina fiscal y otras políticas orientadas al mercado, en una ruptura con el pasado.
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Empresarios influyentes y algunos referentes de la oposición peronista están tomando nota de ese cambio y trabajan para construir un consenso político que preserve las principales reformas económicas de Milei más allá de su presidencia.
Como resultado, “gane quien gane en 2027, la dirección general de la economía argentina no debería cambiar en un giro de 180 grados”, dijo Marcelo García, director para las Américas de Horizon Engage. “Eso es distinto de lo que está ocurriendo en partes de América Latina, y de la propia historia argentina”.
Los cambios abruptos entre reformas de libre mercado e intervención estatal, y viceversa, han provocado fuertes pérdidas para los inversores. En 2019, el índice S&P Merval se desplomó 37% en un solo día después de que el peronista Alberto Fernández ganara las primarias presidenciales. Más recientemente, las acciones argentinas que cotizan en Nueva York cayeron hasta 24% después de que la coalición de Milei perdiera las elecciones legislativas de la provincia de Buenos Aires en septiembre del año pasado, para luego subir hasta 40% tras la contundente victoria del oficialismo en las elecciones legislativas nacionales de octubre.

“Cada elección en Argentina parece ser binaria”, señaló Pablo Goldberg, estratega de mercados emergentes de BlackRock, a Bloomberg el mes pasado. “Mientras no desaparezcan los vaivenes del pasado y no exista un camino más sostenible hacia adelante, el mercado seguirá cotizando con una prima de riesgo”.
Aunque es probable que esa prima persista en el futuro previsible, algunos inversores y analistas observan señales de que esos giros podrían volverse menos extremos.
“El péndulo político se está acotando por dos razones”, dijo Marcos Buscaglia, cofundador de la consultora Alberdi Partners. “Lo peor del ajuste económico probablemente ya quedó atrás, lo que mejora las perspectivas de reelección del Gobierno. Y la propia oposición está menos unificada en torno a un regreso a políticas intervencionistas”.
De hecho, algunos de los empresarios más influyentes de Argentina comenzaron a involucrarse cada vez más en discusiones sobre el futuro pos-Milei, promoviendo ideas como el equilibrio fiscal, una menor inflación y la acumulación de reservas.
El presidente de Banco Macro, Jorge Brito, mantuvo conversaciones con los armadores peronistas Emilio Monzó y Nicolás Massot, según personas al tanto de las conversaciones que pidieron no ser identificadas por tratarse de asuntos privados. Un vocero reconoció que dirigentes políticos se acercaron a Brito para proponerle ingresar en la política, aunque negó que existan planes formales.
El expresidente Mauricio Macri también profundizó su cooperación con Milei al alentar a dirigentes de su partido, el PRO, a sumarse al gobierno, mientras que medios locales informaron sobre conversaciones similares en las que participó el presidente de Techint, Paolo Rocca. Un portavoz de Rocca no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios.
Y el principal movimiento opositor del país —que alberga a figuras de izquierda como Axel Kicillof y la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner— debate si su próximo candidato presidencial debería adoptar posiciones que hasta hace poco eran tabú dentro del peronismo. Entre ellas figuran la disciplina fiscal, una menor emisión monetaria, el respeto por la estabilidad macroeconómica y los compromisos financieros, y un marco de políticas más previsible.
Mientras tanto, una encuesta de Casa3 mostró que más de la mitad de los argentinos respalda la mayoría de los principios incluidos en el acuerdo firmado por Milei con los gobernadores en 2024, entre ellos el equilibrio fiscal, la baja de impuestos, la reforma laboral y una mayor protección de la propiedad privada. El apoyo a reducir los programas sociales subió al 52% en 2025, desde el 32% registrado en 2021.
Muchos gobernadores peronistas también podrían beneficiarse de la expansión de Vaca Muerta y de la minería bajo el modelo económico de Milei, lo que les da pocos incentivos para respaldar una agenda más radical encabezada por figuras como Kicillof.
“El peronismo sigue siendo competitivo”, señaló Mora Jozami, directora de Casa3. “Pero ideas que resistía con fuerza hace apenas unos años —como la disciplina fiscal, la reducción de subsidios e incluso algunas privatizaciones— se volvieron mucho más aceptadas socialmente”.
Ya sean de derecha o de izquierda, los argentinos hoy prefieren dirigentes más polarizantes que figuras de centro, según LatAm Pulse, una encuesta realizada por AtlasIntel para Bloomberg News. El propio Milei probablemente buscará polarizar la elección e intentará neutralizar cualquier alternativa centrista elevando el perfil de un candidato de izquierda.
Esa misma dinámica binaria todavía define la política en buena parte de América Latina. Que el alejamiento gradual de Argentina respecto de ese patrón se convierta en un cambio permanente sigue siendo una incógnita, dado que dirigentes peronistas ya se movieron hacia el centro político en el pasado para luego volver a políticas más intervencionistas una vez en el poder.
Lo que dice Bloomberg Economics...
“Defender el título mundial sería una gran hazaña para Argentina. Alcanzar estabilidad macroeconómica y crecimiento sostenido después de décadas de ciclos de auge y crisis puede ser todavía más difícil. Como dice el ya famoso cántico de la selección, los argentinos volvieron a ilusionarse”. — Jimena Zúñiga, Economista de Argentina
Aun así, aumentan las señales de que el riesgo de un giro político abrupto está cada vez más contenido.
La encuesta de junio de AtlasIntel ubicó el índice de riesgo político de Argentina en 41, en una escala donde cero representa ausencia de riesgo político y 100 el nivel máximo posible. El país ahora se ubica por debajo de México, Perú, Chile, Colombia y Venezuela, y solo Brasil registra un menor riesgo político entre las principales economías de la región.
Si esas tendencias se consolidan, Argentina podría lograr algo que históricamente le resultó esquivo: continuidad de políticas entre administraciones.
Para García, de Horizon Engage, eso cambiaría de manera fundamental la forma en que los inversores miran al país.
“El año próximo todavía podría traer ruido para posiciones de corto plazo, como bonos y acciones”, dijo. “Pero para las inversiones de largo plazo en la economía real, los riesgos deberían quedar cada vez más acotados”.
Escrito por Ignacio Olivera Doll y Manuela Tobias







