
Un jurado rechazó las acusaciones de Elon Musk de que OpenAI, bajo el liderazgo de Sam Altman, traicionó su misión de beneficiar al público al convertirse en una empresa con fines de lucro, al concluir que el empresario demoró demasiado en presentar sus reclamos contra la compañía.
El veredicto, emitido el lunes en un tribunal federal de Oakland, California, llega tras un juicio sobre la amarga disputa entre los empresarios que colaboraron en la fundación de la startup en 2015. Desde entonces, OpenAI se ha convertido en una de las empresas de inteligencia artificial más valiosas y poderosas del mundo.
El jurado de nueve miembros de la ciudad de Oakland, en California (EE.UU.), dictaminó que la acusación interpuesta por la persona más rica del mundo no se presentó dentro del marco temporal estipulado por la ley y, por lo tanto, ha quedado prescrita.
“Creo que existe una cantidad considerable de pruebas que respaldan las conclusiones del jurado”, afirmó la jueza federal de distrito Yvonne González Rogers al aceptar el fallo unánime del jurado, tras un par de horas de deliberaciones.
El juicio, que atrajo una gran atención mediática, representó el punto culminante de años de enfrentamientos entre Musk y Altman en torno a OpenAI.
OpenAI y un abogado de Musk no respondieron de inmediato a solicitudes de comentarios.
Durante casi tres semanas, los miembros del jurado escucharon testimonios de Musk, Altman, el presidente de OpenAI, Greg Brockman, y otras figuras que tuvieron una visión directa del deterioro de la relación entre ambos, iniciado hace casi una década.

El jurado también revisó cientos de mensajes privados, entradas de diarios y documentos corporativos que ofrecieron una mirada privilegiada al turbulento funcionamiento interno del creador de ChatGPT durante los últimos 11 años, mientras pasaba de ser una startup modesta a una empresa cercana al billón de dólares.
Musk y OpenAI presentaron versiones muy distintas de esa transformación a lo largo del juicio.
La estrategia (fallida) de Musk
Musk acusó a la tecnológica y a Microsoft de incumplimiento de contrato y enriquecimiento injusto, alegando que habían traicionado su misión original para priorizar los beneficios económicos sobre el interés público.
El equipo legal de Musk sostuvo que Altman y Brockman “se apropiaron de una organización benéfica” al decidir reestructurar OpenAI como una empresa con fines de lucro.
Los abogados de Musk retrataron a Altman como un líder empresarial engañoso. También revisaron en detalle la breve destitución de Altman como director ejecutivo en 2023 para argumentar que ni siquiera la junta directiva de OpenAI confiaba plenamente en él.
La defensa de Musk también puso énfasis en las enormes fortunas generadas por el éxito de OpenAI para sus fundadores e inversionistas iniciales.

Participaciones bajo la lupa
OpenAI fue lanzada en 2015 cuando Altman, Brockman, Musk y otros fundadores buscaban avances en la inteligencia artificial (IA).
Musk aportó cerca de US$ 45 millones pero en 2017 su relación con Altman, que ha sido el rostro de la tecnológica, se deterioró tras los supuestos retrasos de lograr sus objetivos. Un año después, el dueño de Tesla se retiró de la junta directiva y dejó de hacer aportaciones.
En 2019, OpenAI pasó de ser una compañía sin ánimo de lucro a una estructura de beneficio limitado.
Brockman declaró que su participación ronda los US$ 30,000 millones, mientras que el ex científico jefe Ilya Sutskever confirmó que su participación tiene un valor aproximado de US$ 7,000 millones.
El director ejecutivo de Microsoft, Satya Nadella, afirmó que la empresa aspiraba a obtener un retorno de US$ 92,000 millones sobre su inversión. En octubre, la participación de Microsoft estaba valorada en US$ 135,000 millones.
Altman no posee una participación accionaria directa, aunque señaló que mantiene intereses en otras empresas que hacen negocios con OpenAI.
La respuesta de OpenAI
Por su parte, OpenAI calificó la demanda como un intento infundado y motivado por la “envidia” que busca obstaculizar a un competidor directo mediante el uso del sistema judicial.
El abogado de la tecnológica presentó en el juicio, que comenzó el pasado 28 de abril, varios correos electrónicos de los asesores de Musk en los que se discutían los posibles porcentajes de participación accionaria del magnate si la empresa dejara de ser sin fines de lucro.
Los abogados de OpenAI describieron a Musk como un competidor resentido que abandonó la startup después de que sus cofundadores rechazaran darle control total sobre el futuro del negocio y que, posteriormente, creó una empresa rival.

Tanto Altman como Brockman expresaron preocupación por la visión de liderazgo “de todo o nada” de Musk. Lo describieron como una persona volátil y propensa a enfurecerse cuando las cosas no salían como esperaba.
Brockman también minimizó los conocimientos técnicos de Musk sobre inteligencia artificial.
“Mira, sabe de cohetes, sabe de autos eléctricos”, dijo el presidente de OpenAI. “No sabía —y creo que todavía no sabe— de inteligencia artificial”.
Otros testigos que declararon a favor de OpenAI afirmaron que la misión fundacional de la empresa sigue intacta, pese al enorme crecimiento de su escala y alcance. Señalaron además que la Fundación OpenAI continúa controlando la empresa de interés público constituida el año pasado.
Las disputas de Musk con OpenAI están lejos de terminar. Su empresa xAI también impulsa otros procesos legales contra la firma de Altman por presunto robo de secretos comerciales y reclamos antimonopolio.
Elaborado con información de Bloomberg y EFE







