
Bruselas ha planteado la posibilidad de que Canadá se convierta en “miembro asociado” de la Unión Europea, un estatus inédito gestado para profundizar la cooperación en múltiples frentes pero cuyas implicaciones concretas aún deben ser definidas por ambas partes.
La presidenta del Ejecutivo comunitario, Ursula von der Leyen, abrió la puerta a que Canadá se convierta en el primer “miembro asociado” de la Unión, en su discurso sobre el Estado de la Unión celebrado el miércoles ante el pleno de Eurocámara.
Desde la misma tribuna, el primer ministro canadiense, Mark Carney, dio este jueves la bienvenida a esta propuesta, y detalló su visión para una colaboración más estrecha entre los Veintisiete y el país norteamericano.
¿Qué significa este concepto?
Los tratados europeos no recogen actualmente la categoría específica de “miembro asociado” puesta sobre la mesa por Bruselas, aunque sí fijan las bases legales para construir alianzas especiales con terceros países.
Mientras que Von der Leyen fue parca en detalles sobre el significado de este estatus, Carney dijo hoy que la nomenclatura exacta del nuevo marco de colaboración “es una cuestión que compete a Europa” y que “lo que importa es el contenido”.
Canadá no podría en ningún caso convertirse en miembro de pleno derecho de la UE debido a que la normativa comunitaria limita esta opción a países del continente.
Ottawa y la UE ya cuentan con un tratado de libre comercio que se aplica de forma provisional desde 2017 -y no de forma plena debido a que algunos Estados miembros aún no lo han ratificado -, y colaboran en iniciativas concretas en educación, investigación científica o industria militar.
La UE, además, mantiene “relaciones especiales” con terceros países que van más allá de lo comercial. Entre ellas destacan la “cuasi-membresía” de Noruega o Islandia, la amplia red de acuerdos con Suiza o las diferentes alianzas con Japón, México y Reino Unido.
La fórmula concreta que la UE puede ofrecer a socios importantes que no pueden convertirse en Estados miembros “se ha convertido en el Santo Grial de la integración europea”, dijo a EFE la experta Kristina Kausch, del centro de estudios German Marshall Fund.
¿Qué podría suponer en la práctica?
Carney apuntó en su discurso de hoy a medidas para facilitar el movimiento de personas entre ambas partes, ofreció contribuciones “a gran escala” al suministro de gas e hidrógeno de la UE, y apostó también por una mayor colaboración en desarrollo tecnológico, control de la inteligencia artificial, materias primas estratégicas y defensa.
Esta asociación ampliada “se centrará principalmente en ámbitos flexibles y de baja fricción que no requieran modificaciones formales de los tratados”, vaticinó el analista del Centro de Política Europea (EPC) Ian Hernández.
A su juicio, entre los desarrollos más inmediatos podrían darse “la negociación de un Acuerdo de Libre Comercio Digital”, o la creación de marcos sectoriales de fácil aplicación técnica.
“Las novedades más tangibles se centrarán en los vínculos entre las personas y en las relaciones culturales, en particular mediante la incorporación de Canadá al programa Erasmus+ y la facilitación de los sistemas de visados de trabajo”, señaló a EFE el experto del centro de estudios con sede en Bruselas.
La misma fuente considera que “no habrá una ampliación significativa del acceso de Canadá al mercado único europeo”, ya que un acuerdo al estilo del Espacio Económico Europeo donde se integran Islandia, Noruega y Liechtenstein “no resulta políticamente viable para ninguna de las dos partes”.
¿Cuáles son los próximos pasos?
Este acercamiento entre Canadá y la UE llega en un momento de enfrentamiento comercial entre la Administración Trump y Ottawa, y después de múltiples crisis entre Bruselas y Washington que han llevado al bloque a acelerar su búsqueda de nuevas alianzas y a profundizar las ya existentes.
De hecho, el presidente estadounidense amenazó con imponer “serios aranceles” a Europa y afirmó que la membresía asociada de Canadá podría ser considerado “un acto hostil”.
Los próximos pasos de esta alianza se comenzarán a detallar durante la cumbre que tendrá lugar en Montreal entre líderes europeos y Canadá los próximos 29 y 30 de octubre.
No obstante, para que un eventual acuerdo de asociación avanzado pueda cerrarse en un futuro sería necesario el visto bueno de todos los Estados miembros - algunos de los cuales han acogido con sorpresa o escepticismo la propuesta de Von der Leyen -, así como el Parlamento canadiense.
Elaborado con información de EFE







