
El Banco Santander aspira a desempeñar un papel relevante en nueve grandes mercados que considera claves en su estrategia de futuro y en los que su presidenta, Ana Botín, está convencida de que han adquirido el tamaño suficiente para estar entre los mejores.
El grupo lleva años sin entrar en nuevos países y concentrado en sacar el máximo retorno a su negocio en España, Portugal, Reino Unido, Polonia, Brasil, Argentina, Chile, México y Estados Unidos, además de a la actividad de consumo en Europa.
En menos de un año, el banco ha decidido pulir su particular mapamundi. En primer lugar, llegó a un acuerdo para vender su negocio en Polonia, pues consideraba que no podía alcanzar el tamaño suficiente para obtener el mayor retorno al capital.
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El segundo paso decisivo fue la compra al Banco Sabadell de su filial británica, TSB, con la idea de fusionarlo con Santander UK y conseguir un banco en las primeras posiciones de Reino Unido, una firme apuesta por la isla después de los rumores de una posible venta.
Santander no solo aumentó en su balance el peso de las economías desarrolladas, sino que encontró la vía para acelerar la mejora de su rentabilidad en el país con la compra de TSB, un banco con 5 millones de clientes, principalmente particulares y pequeñas empresas.
Y el tercer y último paso ha sido el anuncio de esta semana de que adquiere Webster Financial Corporation, la empresa matriz de Webster Bank, una entidad de banca minorista y de empresas en Estados Unidos, por US$ 12,200 millones, unos 10,200 millones de euros.
La transacción se espera que se complete en el segundo semestre de 2026 y permitirá ampliar de forma significativa la escala, la base de depósitos y las capacidades del Santander en Estados Unidos.

De esta forma, el grupo conseguirá tener realmente una presencia relevante en nueve grandes mercados y reducirá el peso de las economías emergentes como México y Brasil, aumentando el de países desarrollados con monedas más estables como el euro, el dólar y la libra.
Botín confía en que a partir de ahora el banco pueda estar entre los cinco mejores por rentabilidad en cada uno de sus mercados y asegura que ni hay planes de nuevas compras ni tampoco de ventas.
La filosofía de la entidad pasa por la idea de ser un banco digital con sucursales y con una oferta multicanal que cubra todas las necesidades financieras de sus clientes, que a cierre de 2025 sumaban 180 millones, de los que 106 millones se consideran activos.
Pero la obsesión de Botín desde que relevó a su padre en la presidencia del Santander es sacar el máximo provecho a la escala global y local del grupo, que ayuda a mejorar la rentabilidad de las distintas filiales, aprovechando las ventajas del efecto de red.
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Para conseguirlo, el grupo divide sus actividades en cinco negocios globales: banca minorista y comercial; digital y consumo, donde se incluye a Openbank; banca corporativa y de inversión; banca privada, gestión de activos y seguros; y pagos, que agrupa las soluciones digitales de pago del banco.
A esa diversificación por negocios se une la de mercados, con un balance sencillo -con independencia de cada filial- que le proporciona un margen recurrente y con poco volatilidad, lo que a ojos del banco hace su trayectoria más predecible.
El grupo contaba con 198,403 empleados a cierre de 2025 y una red de 7,124 oficinas, de las que 1,630 están en España, 1,618 en Brasil y 1,314 en México.








