Cuando les llega a los jueces un caso urgente o algo que necesita un fallo en breve, la respuesta suele venir con ningún o poco comentario. (Foto: Mandel Ngan | AFP)
Cuando les llega a los jueces un caso urgente o algo que necesita un fallo en breve, la respuesta suele venir con ningún o poco comentario. (Foto: Mandel Ngan | AFP)

El juez de la Corte Suprema, Hugo Black, estaba hospitalizado, gravemente enfermo, cuando le dio instrucciones a su hijo Hugo Jr: Quema todos los documentos. El magistrado, preocupado por la posibilidad de que sus notas privadas perjudiquen al tribunal o a los demás magistrados, insistió en que sean destruidas.

“El operativo para frustrar a los historiadores” fue como su esposa lo llamó. En cuanto a los reporteros asignados al hospital para cubrir su enfermedad, el juez le dio a su hijo una orden inequívoca: “No les digas nada”.

Black, quien fue juez de la Corte Suprema desde 1937 hasta poco antes de su deceso en 1971, no fue el único magistrado del tribunal con un deseo aparentemente extremo de guardar secretos.

Desde siempre los jueces del máximo tribunal le han dado suma importancia a la confidencialidad de sus deliberaciones. Es una de las razones por la cual la filtración de un anteproyecto de decisión sobre el aborto la semana antepasada fue tan asombrosa.

Pero no es solamente los debates previos a las decisiones lo que los jueces desean mantener secreto. Reina el silencio en torno a temas como los viajes que hacen, las conferencias que dictan, su salud e incluso si han decidido hacer públicos sus papeles privados.

Incluso los detalles del edificio sede de la Corte Suprema en Washington son mantenidos bajo máxima reserva. Antes de la pandemia, el edificio era usado unas 30 o 50 veces al año para eventos privados, pero el tribunal se niega a divulgar la lista de esos eventos ni sus organizadores.

Hace unos años fueron reemplazadas las enormes cortinas que cuelgan de la fachada; el tribunal se negó a divulgar la compañía a cargo de esa decoración. El tribunal, además, queda exenta de la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública.

Los magistrados niegan que su instancia está sumida en el secreto. En respuesta a una pregunta en el 2018 sobre si el tribunal debería permitir cámaras y televisar sus deliberaciones como hace el Congreso, el presidente del tribunal respondió, simplemente, que no.

“No estamos haciendo las cosas a escondidas. Somos la rama de gobierno más transparente en cuanto a que dejamos que otros vean nuestra labor, y nosotros explicamos lo que estamos haciendo”, afirmó Roberts.

Cuando el tribunal toma una decisión, los jueces usualmente la explican en dilatados escritos. Un portavoz del tribunal en cierto momento afirmó que el tribunal es tan transparente “como una pecera”.

Pero Gabe Roth, director ejecutivo de Fix the Court, una agrupación que aboga por reformas en el alto tribunal, opinó que decir que la corte es la rama del gobierno más transparente es totalmente equivocado.

“Esa aseveración es absurda y el juez Roberts lo sabe”, escribió Roth en un email, en que describió algunas de las practicas del tribunal como “asombrosas”.

Incluso las decisiones del tribunal no siempre son explicadas. Cuando les llega a los jueces un caso urgente o algo que necesita un fallo en breve, la respuesta suele venir con ningún o poco comentario.

El juez Samuel Alito defendió el año pasado lo que algunos llaman “la agenda secreta” del tribunal, afirmando que no se le ocurre otra manera en que la instancia judicial pueda hacer su labor.