La vida a la diestra de un extremo jefe narcisista

RIPERed Iberoamericana de Prensa EconómicaExpansión de España

El narcisismo siempre ha tenido mala fama en el entorno empresarial. El prototipo es un jefe obsesionado consigo mismo, con un temperamento voluble y que suele adjudicarse el mérito cuando las cosas van bien y culpa a sus subordinados cuando algo falla. Tiene facilidad para encandilar a los demás, pero cuando surgen dificultades, saca los peores rasgos de su personalidad. Los jefes narcisistas quieren controlarlo todo, lo que ayuda a entender por qué muchos de ellos llegan a lo más alto. También es cierto que aportan cualidades positivas como la ambición, la visión de futuro y la disposición a asumir riesgos. No obstante, si las condiciones del mercado se vuelven adversas, su posición puede ser tan irracional que puede provocar daños incalculables. Mark Stein, profesor de gestión y liderazgo de la Universidad de Leicester, cita el caso de Dick Fuld, consejero delegado de Lehman Brothers en el momento de su colapso, como un ejemplo de alguien que, con su carácter castrense, logró acabar con las discrepancias que había entre empleados y crear un espíritu de equipo al llegar al banco. En cambio, cuando las cosas empezaron a ir mal, "se atrincheró y adoptó una posición defensiva, atribuyendo los problemas al resto".

Es imposible ocultarlo Kerry Sulkowicz, psicoanalista y fundadora de la consultora Boswell Group, opina que "el narcisismo que lleva a los ejecutivos a conseguir posiciones de liderazgo, sigue presente cuando alcanzan la cima. Es casi imposible ocultar determinados rasgos de personalidad". Sulkowicz recurre al ejemplo de un directivo que solía halagar a la gente, de forma que todos pensaran que tenían una relación especial con él. Cuando se convirtió en consejero delegado, el precio de las acciones de la empresa se disparó, en parte por su capacidad para transmitir su carisma a Wall Street. Un día sus compañeros comenzaron a percibir su carácter manipulador. Para entonces la compañía había comenzado a caer y él acabó abandonando el barco.Stein explica que "uno de los principales problemas de los directivos narcisistas es su sensación de ser omnipotentes y su falsa convicción de poder cambiar la tendencia del mercado y adelantarse al futuro. Al final, toman riesgos innecesarios y ponen en peligro a la organización".Es probable que la necesidad de afirmación de este jefe esté provocada por un intento de reparar experiencias traumáticas. Si este es el caso, debe saber que es difícil cambiar a este tipo de líder, pues si ha sufrido daños emocionales, el proceso de recuperación puede ser largo y costoso, incluso cuando se cuenta con la ayuda y dirección de un buen profesional.Lo anterior ocurrió con un exitoso empresario que buscó ayuda por los problemas que tenía. Tras su éxito se escondía un hombre inseguro. Cuando comprendió lo que le ocurría, aprendió a trabajar en equipo y a tolerar sus propias experiencias y sentimientos.

EN CORTOUn personaje de resultados extremosDinámico. Según Donald Hambrick, profesor de gestión de la Universidad de Pensilvania, las empresas dirigidas por narcisistas tienden a adoptar estrategias más dinámicas y ambiciosas que generan resultados más extremos: Más ganancias, pero también pérdidas mucho mayores. Estos líderes encajan mejor en sectores como el entretenimiento o la tecnología.

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