
OPINIÓNJorge González IzquierdoECONOMISTA DE LA UNIVERSIDAD DEL PACÍFICO
El señor ministro de Economía anunció hace poco planes para enfrentar la desaceleración que está sufriendo nuestra economía desde el 2010 y que se está acentuando en el presente año. Básicamente, anunció tres tipos de medidas: a) gasto público expansivo, sobre todo el de inversión; b) política monetaria expansiva sobre todo vía reducción de encajes medios y marginales; y c) medidas orientadas a seguir reduciendo trabas de carácter administrativo y legal para incentivar la inversión privada y privada-pública. En esta ocasión, analizaré la pertinencia de tal planteamiento.
Sobre la política fiscal, hay que tener en cuenta que el incremento del gasto público que tiene efecto sobre la demanda agregada interna, y por consiguiente sobre variables reales, es aquel incremento de naturaleza AUTÓNOMA, es decir, aquel que no es consecuencia de aumentos en los ingresos del Gobierno. En términos más rigurosos, son los incrementos del déficit fiscal y su financiamiento los que importan. No todo aumento del gasto público constituye una política fiscal expansiva, algo que parece que no tienen del todo claro en el Gobierno.
Por otro lado, la política fiscal debe de conciliar en todo momento objetivos de corto plazo con objetivos de largo plazo. Por ejemplo, si se desea estimular la demanda, la política fiscal debe también de buscar incrementar los incentivos a trabajar y ahorrar, a invertir en capital físico y humano, promover la investigación científica y proveer la necesaria infraestructura pública. A excepción de lo último, no se está siguiendo ese principio en la actualidad.
Si la tasa de interés de referencia del Banco Central está por encima de cero por ciento, la primera opción para restablecer el crecimiento de la economía es la política monetaria. La política fiscal se debe de guiar por los principios del costo-beneficio y no tanto por el manejo de la demanda agregada. Es decir, tanto el consumo como la inversión pública se deben expandir hasta igualar, en términos marginales, la valoración del consumo e inversión privada, algo que parece que tampoco tiene del todo claro el Gobierno.
La política monetaria moderadamente expansiva que viene implementando desde hace dos meses el Banco Central está usando como instrumento principal la reducción de encajes medios y marginales en soles y no de la tasa de interés de referencia. Está haciendo uso de instrumentos "macroprudenciales" que buscan alcanzar objetivos específicos en el sector financiero. Considero que las consecuencias para la economía de estas medidas son fundamentalmente tres: a) acelerar el crecimiento del crédito al sector privado para aumentar el gasto privado en consumo e inversión y estimular así el crecimiento de la economía y el empleo; su lado negativo es que impulsará aún más el déficit externo; b) reducir las distorsiones que la política pasada de subir encajes había impuesto al funcionamiento del sector financiero; traerá como consecuencia presiones para reducir las tasas activas y aumentar las tasas pasivas bancarias; y c) generar presiones alcistas sobre el tipo de cambio nominal (precio del dólar) al hacer más escaso, en términos relativos, al dólar dado que la oferta monetaria de soles aumentará. Todo esto en un contexto de expectativas de inflación de largo plazo ancladas en la meta de inflación. Lo que sí es claramente conveniente es la política de reducir el exceso de tramitología y permisología que retrasan la inversión privada.
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