Una patria con rostro humano

Acabamos de celebrar las Fiestas Patrias, y el sentir de todos los peruanos en estas fechas se nutre de espíritu patriótico. Buena cosa. Pero la patria, la nación, no es para quererla solo en estas ocasiones. Aquí, como en todos los cariños, el verdadero amor se demuestra día a día y, especialmente, en los momentos difíciles. 'Patria' designa la tierra natal o adoptiva a la que un individuo se siente ligado por vínculos de diversa índole: afectivos, culturales, históricos. Sin embargo, no es posible concebir esa patria sin la unión de todos los individuos en pro del bien común.

Es bueno resaltar el espíritu patrio. Es bueno embanderarse. Y los peruanos lo hacemos muy bien: embanderamos edificios, automóviles, y nuestro pecho luce una escarapela. Durante todo el mes de la Independencia nos brota algo así como la Marca Perú. Y esto es bueno, pues contribuye a levantar la moral y, sobre todo, la confianza.

En los últimos tiempos se han acumulado razones para enorgullecernos. La ya afamada gastronomía peruana ha logrado un justo reconocimiento a nivel nacional e internacional; pero hay otros aspectos en los que destacamos, como los flamantes logros en el ámbito deportivo, científicos que sobresalen dentro y fuera del país y una estabilidad económica digna de mencionar, por nombrar algunos ejemplos.

Como en todo grupo humano, lógicamente existen diferencias. Pero concordamos en muchas cosas; nos unen muchas cosas. Las buenas costumbres y tradiciones nos unen. Compartir una idiosincrasia nos une y forja el sentir de los peruanos.

Una encuesta de opinión reciente de la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima arrojó cifras importantes sobre la religiosidad del pueblo peruano y la necesidad de que en el Gobierno haya más dirigentes con valores religiosos. Asimismo, dos datos llaman poderosamente la atención por su alto porcentaje: el deseo de bautizar a los hijos y el de recibir sacramentos en los últimos momentos, cuando la muerte está próxima. Si en esos dos momentos cruciales, el inicio y el fin de la vida, queremos auxilio espiritual, es señal indudable de que hay valores que son insustituibles. Esto no es casualidad, sino el reflejo de una auténtica espiritualidad que late en cada peruano.

Sí, es cierto. Tenemos mucho de qué sentirnos orgullosos. Somos una nación solidaria y creyente, con una larga herencia de fe que nos impulsa a seguir avanzando; cada uno en lo suyo, pero sin olvidar que entre todos construimos lo nuestro. Cada uno en lo suyo, pero sin ignorar al otro. Izar el pabellón de la patria es bueno, pero es aún mejor si lo enarbolamos desde el corazón y con las manos limpias, promoviendo día a día todo lo que nos hace personas de bien.

Nos sentimos orgullosos. Actualmente, podríamos decir que el Perú vive como una perla en el gran océano latinoamericano. Sin embargo, siempre hay mucho por hacer. El desarrollo económico existe, pero no puede existir solo. Qué bien caben aquí las palabras del papa Francisco en Paraguay: "Las personas, cuya vocación es ayudar al desarrollo económico, tienen la tarea de velar para que este siempre tenga rostro humano".

Honremos nuestro espíritu de nación fraterna, sigamos sembrando bondad en todos los ámbitos: desde la familia, la escuela, la política, la empresa. Que cada día trabajemos por la patria sabiendo que ella siempre tiene rostro humano.

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