Enfriamiento y política social

E ntre el 2004 y el 2013 la pobreza en el Perú bajó de 59% a 24% de la población. Más de diez millones de personas escaparon de la pobreza. Alrededor de cuatro quintas partes de esa espectacular reducción obedeció al altísimo crecimiento económico y una quinta parte a la redistribución o la política social. Esos años de auge económico, con una inversión privada creciendo a tasas de dos dígitos, ya pasaron. El reto ahora es conseguir resultados en un contexto de desaceleración económica.

El fenómeno descrito fue común a muchos países latinoamericanos. Según Panorama Social de América Latina 2014 de la Cepal, la pobreza monetaria en la región cayó 16 puntos entre el 2001 y 2013. En el Perú esa caída fue el doble, a la vez que su crecimiento económico duplicó el promedio regional (4% versus 2% per cápita anual). La Cepal subraya que la desaceleración latinoamericana desde el 2010 ha impactado en la tasa de pobreza, la misma que se ha estancado a partir del año 2012 en niveles cercanos al 28%. Recordemos que en los años ochenta, la década perdida en la región, la pobreza subió 8 puntos hasta alcanzar 48%.

Nuestro país no debe perder su ventaja. Debemos acelerar las políticas macrocontracíclicas, y las mejoras en nuestras intervenciones sociales. Lo primero, para retomar el crecimiento y la reducción de la pobreza; y lo segundo, para atacar la pobreza extrema.

El gasto en programas sociales creció de S/. 3.2 mil millones en 2004 a S/. 7.7 mil millones en el 2011. Hubo desorden y desarticulación. En particular en el caso de los programas alimentarios, donde muchos beneficiarios no eran pobres. En el 2011 se creó el Midis para mejorar la focalización y articulación de esos programas e inscribirlos en una estrategia mejor diseñada, con metas e indicadores de seguimiento. En el 2013 el gasto en los referidos programas alcanzó S/. 10.7 mil millones.

Entre el 2004 y 2013 cerca de tres millones de peruanos escaparon de la indigencia. El crecimiento económico fue nuevamente el protagonista. Pero el caso de la pobreza extrema es más difícil de atacar, pues es más crónica, más dispersa y el "chorreo" tarda en llegar. Es el caso de las zonas rurales altoandinas. Allí el programa Juntos (transferencias monetarias condicionadas) marcó una diferencia, pues su nivel de llegada a los pobres extremos es mucho mayor.

En el nivel conceptual tenemos una buena estrategia, pero el desafío está en su aterrizaje. Debemos articular los programas sociales entre sí y también con los de desarrollo productivo, en el nivel de campo, para fomentar efectos sostenibles. Se han logrado avances significativos, pero queda mucho por hacer. Por ejemplo, una investigación del economista César del Pozo, del CBC Cusco, muestra que cuando los beneficiarios de Juntos acceden a programas de crédito agrario, el efecto combinado es mucho mayor que la suma de las partes.

(*) Opinión personal.

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