
(SHENZHEN) Hay algo nuevo en el aire de esta enorme ciudad china. Caminando hacia la sede de Da-Jiang Innovations (DJI), uno puede notar un ojo flotante mirándole fijamente. Forma parte de un dron fabricado por esta empresa, pionera en el naciente mercado de aeronaves comerciales no tripuladas.
En conferencias de prensa celebradas el 8 de marzo en Nueva York, Londres y Múnich, DJI presentó su nueva línea de drones Phantom 3. Hasta el modelo básico cuenta con una cámara que realiza tomas de 12 megapixeles y filma a "1080p", que es la máxima resolución utilizada en la televisión de alta definición.
La empresa, fundada en el 2006 por un emprendedor que estudió ingeniería en Hong Kong, se ha convertido en figura descollante de su sector. Ha registrado cientos de patentes y está demandando a algunos de sus rivales pues sospecha que están infringiendo sus derechos de propiedad intelectual.
Los drones de DJI son livianos y relativamente fáciles de usar. Los modelos más nuevos vienen con localizadores GPS y un soporte motorizado que estabiliza la cámara al tiempo que la deja rotar en varias direcciones. Considerando la tecnología que llevan integrada, también son accesibles: un nuevo dron Phantom 3 puede adquirirse por unos US$ 1,000.
Tal como lo hizo Boeing con el desarrollo de la aviación comercial en la década de 1930, DJI está a la vanguardia en la transformación en la fabricación de los drones civiles, de ser un pasatiempo para entusiastas a un negocio propiamente dicho.
La Asociación Internacional de Sistemas Vehiculares No Tripulados, que reúne a empresas del rubro, predice que los drones se volverán ubicuos y que tendrán toda clase de usos, desde el monitoreo de sembríos hasta la investigación atmosférica, pasando por la exploración petrolera y la provisión de servicios de Internet.
La investigadora de mercados WinterGreen proyecta que las ventas globales de aparatos civiles no tripulados alcanzarán los US$ 5,000 millones en el 2021. Ante este panorama, los inversionistas de riesgo y las compañías tecnológicas, desde Boeing y General Electric hasta Qualcomm, están destinando dinero a las empresas de drones.
La estadounidense 3D Robotics (fundada por Chris Anderson, antiguo periodista de esta revista), levantó US$ 50 millones en capital de riesgo en febrero, en tanto que Ehang Guangshi Technology, otra startup china especializada en drones, obtuvo recientemente fondos por US$ 10 millones.
En Silicon Valley se rumora que DJI está buscando su primera inyección de dinero foráneo. Se cree que en el 2014 obtuvo ingresos por alrededor de US$ 500 millones (la empresa declinó proporcionar información) y podría estar en camino de convertirse en el primer fabricante de drones comerciales que alcance los US$ 1,000 millones de ventas anuales.
No obstante, habrá dificultades iniciales. A medida que las ventas de drones crezcan, también lo harán las expectativas de los clientes por un buen servicio. En el sitio web de DJI, los usuarios se quejan de que una empresa de su tamaño no asigne más recursos en esta área: "Intenten llamarlos… y los tratarán como si fuesen una molestia", escribe un consumidor insatisfecho.
Otro riesgo es el exceso de regulación. En enero, un dron Phantom se estrelló en el jardín de la Casa Blanca, en Washington, y en respuesta, DJI se apresuró a mejorar el "firmware" de sus drones (instrucciones para propósitos específicos, grabadas en un chip) que incluyó muchas zonas nuevas sobre las que no podían volar, a fin de evitar el riesgo de recibir prohibiciones de las autoridades.
Aunque la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos planea relajar sus restricciones sobre los drones, todavía tendrán que volar a la vista de sus operadores humanos y solamente durante el día.
Tal es el potencial del sector que se espera que DJI enfrente un creciente número de competidores, tanto chinos como de otros países. La empresa alega que posee una ventaja tecnológica que incluye decenas de millones de horas de vuelos, algo que los nuevos encontrarán difícil de superar.
Además, desdeña la idea de que las gigantes compañías que fabrican drones para las fuerzas armadas estadounidenses terminarán ingresando al segmento comercial: sí, son avanzadas tecnológicamente, señala Andy Pan, un ejecutivo de DJI, pero "demoran entre cinco y seis años para introducir un nuevo modelo, mientras que a nosotros nos toma entre cinco y seis meses".
Cuando en enero del 2014 publicó su opinión sobre el Phantom 2 Vision, The New York Times señaló efusivamente que hace solo cinco años, ese aparato "hubiera parecido un accesorio de utilería en una película de ciencia ficción o una máquina de vigilancia que solo podía manipular el más sexi de los superespías".
El hecho de que ese modelo ya esté obsoleto dice mucho sobre cuán rápido esta industria está avanzando.
Traducido para Gestión por Antonio Yonz Martínez© The Economist Newspaper Ltd,London, 2015
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