
Uno de los temas de mayor interés en la reciente reunión del Institute of International Finance se centró en los desafíos de la regulación financiera y la evolución de las recomendaciones del Comité de Basilea, establecido en 1974 con el objetivo de promover el fortalecimiento del sistema bancario internacional. Originalmente, Basilea tuvo como foco más importante el riesgo crediticio o de incumplimiento, en línea con la actividad tradicional de intermediación. Para ello, se exigía capital en función de cargos fijos predeterminados por las entidades reguladoras. Este modelo estandarizado preponderó durante las décadas de los 80 y 90.
En plena década de estructuras financieras complejas, surge Basilea 2 (junio del 2004), que pone especial énfasis en requerimientos de capital ad hoc basados en modelos internos desarrollados por cada entidad bancaria en función de sus propios riesgos financieros y operacionales. En el 2008, se desencadena la crisis financiera de EE.UU., durante la fase final de implementación de Basilea 2 en los países desarrollados, brindando evidencia de capitalización insuficiente por parte de las entidades bancarias más importantes. Tomando en cuenta las lecciones de esta crisis, emerge Basilea 3 en el 2010, cuyas medidas están orientadas a una mayor capitalización bancaria, una mejor calidad de la misma (más acciones comunes) y una mayor participación del sector privado en los mecanismos de resolución de crisis sistémica. Con ello, el sistema bancario de EE.UU. y Europa ha experimentado una capitalización progresiva en un entorno de desaceleración económica y políticas monetarias expansivas.
Recientemente, el Bank of International Settlements, emitió un documento de consulta (Basilea 4), en el que se enfatiza requerimientos de capital más estandarizados, con cargos preestablecidos, disminuyendo así la excesiva discrecionalidad de los modelos internos desarrollados por cada banco. Asimismo, establece un ratio de apalancamiento más exigente, como mecanismo más directo para evitar descapitalización. Este camino hacia Basilea 4 nos indica, por lo tanto, que la regulación financiera no es una tarea fácil y que debe estar en línea con la evolución y sofisticación del sistema bancario. La crisis reciente nos ha señalado que los incentivos vinculados al ahorro de capital y a las mejoras de rentabilidades por parte del sistema bancario pueden introducir mucha subjetividad en los modelos internos, lo que termina originando eventos de subcapitalización. Ante esta situación, es preferible volver a criterios simples y objetivos de medición de riesgos, que permitan tomar acciones oportunas de capitalización y que se vean complementadas con otros indicadores de riesgo más acordes con las particularidades de la entidad bancaria.
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