
OPINIÓNHugo Santa MaríaSOCIO DE APOYO CONSULTORÍA
Actualmente la economía peruana está como un avión en pleno vuelo. A pesar de las turbulencias externas, el buen manejo económico de las autoridades correspondientes y el avance del sector privado han permitido que mantengamos un crecimiento muy por encima del de nuestros pares de la región.
La rapidez, estabilidad y seguridad del viaje han convertido al Perú en uno de los países favoritos de los inversionistas extranjeros. Así, tan solo en el 2012 entraron cerca de US$ 20 mil millones (10% del PBI) de capitales del exterior. La abundante liquidez y la confianza en el país también han permitido que las empresas gocen de extraordinarias condiciones de financiamiento. El año pasado, las colocaciones de bonos de empresas peruanas, tanto en los mercados locales como en los internacionales, alcanzaron máximos históricos, lo que les permitirá financiar sus planes de expansión.Estos factores se mantendrán en el futuro cercano y permitirán que la economía peruana crezca más de 6%, en promedio, en los próximos cinco años. Pero luego de casi tres décadas volando alto, el momento del aterrizaje estará cada vez más cerca. Es natural que toda economía tienda a moderar su crecimiento y estabilizarse en una tasa más baja luego de años de fuerte expansión. Ello ocurrió, por ejemplo, con los tigres asiáticos, como Corea del Sur y Taiwán, que, luego de crecer durante más de treinta años a una tasa promedio de 9%, convergieron a un crecimiento menor (5%) en las décadas siguientes. Entonces la pregunta es ¿dónde vamos a aterrizar?
Cuando aterricemos, probablemente en el 2021, lo haremos sin duda en un país con una mejor posición económica: un PBI de más de US$430 mil millones (superior al nivel actual de Austria), consumidores con mayor poder adquisitivo y una clase media que representará el porcentaje más alto de la población. Pero hay otros aspectos en los que la mejora no ha sido y parece que no será tan rápida. Así, a menos que los aumentos a los profesores y la reforma en la carrera magisterial tengan los efectos deseados, al 2021 seguiremos en los últimos puestos a nivel mundial en las pruebas de conocimientos académicos. Si no avanzamos en obras de saneamiento, en el Año del Bicentenario el acceso a red pública de desagüe seguirá siendo un privilegio del que goce tan solo uno de cada diez pobladores en zonas rurales. Si los alcaldes y el Gobierno Central no se ponen las pilas en la reforma del transporte, tomará casi tres horas llegar desde las zonas financieras y comerciales de Lima al aeropuerto más premiado de Sudamérica. Finalmente, no hay que olvidar que hoy somos uno de los países de Latinoamérica que desconfía más del Poder Judicial, del Congreso y de los partidos políticos.
El Perú está en una posición de mirar el futuro con ambición. Nunca hemos tenido tantos recursos, ni hemos estado tan preparados para resistir una crisis ni hemos tenido una perspectiva de crecimiento tan prometedora como la actual. Seamos ambiciosos y pensemos en el país que queremos tener en la siguiente década. La calidad del vuelo –para muchos peruanos– ha mejorado muchísimo. El vuelo está cómodo y muy entretenido. Comencemos a actuar y a exigir a nuestras autoridades acciones para que el país en el que aterricemos sea sustancialmente mejor para todos los peruanos. No solo para los que han podido subirse al avión.
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