
El concepto vigente del bistró limeño se puede resumir en un local pequeño, insumos de calidad y creatividad culinaria.
A eso apunta 1087, que ha empezado por ofrecer 'sesiones clandestinas' para un máximo de 10 comensales.
Es así que la cocina del Palmiro Ocampo se luce en un formato de table chef, por el que circulan platos tradicionales que coquetean con nuevas formas y técnicas.
Cebiches, causas, cremas, carnes, pastas y otros preparados incluyen ingredientes que se reinventan para crear aromas, texturas y salsas. Hay una coctelería ideada por el premiado bartender Joel Chirinos.
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