
A pesar de los riesgos de la agresiva agenda proteccionista de Donald Trump, el ánimo entre los responsables políticos y los banqueros centrales en la Conferencia de Economías de Mercados Emergentes celebrada la semana pasada en Al-Ula, Arabia Saudita, fue cautelosamente optimista. Los activos de este heterogéneo grupo de economías han experimentado un alza vertiginosa.
El año pasado, los índices bursátiles de referencia en países como Corea del Sur, Polonia y Vietnam duplicaron con creces la ganancia del 16% del S&P 500. La rentabilidad de los bonos en moneda local y del crédito soberano también superó a la de los mercados desarrollados. El repunte se ha prolongado hasta 2026.
La debilidad del dólar, en parte consecuencia del enfoque caprichoso del presidente estadounidense en la formulación de políticas, ha contribuido al repunte. Las inversiones internacionales ahora parecen más atractivas, y la deuda en dólares y los costes de importación de las economías en desarrollo han disminuido.
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En otras palabras, a medida que EE.UU. ha comenzado a mostrar características que los inversores suelen asociar con los mercados emergentes de riesgo, los mercados emergentes reales han prosperado. Pero el deseo de diversificar las carteras centradas en EE.UU. y la debilidad del dólar no lo explican todo. También existen factores estructurales.
En primer lugar, los países en desarrollo son mucho más resilientes que antes. Un estudio del Fondo Monetario Internacional (FMI) muestra que las salidas de capital de cartera, el producto bruto interno (PBI) real y los tipos de cambio se han vuelto menos volátiles en los mercados emergentes como respuesta a los choques de “aversión al riesgo” desde la crisis financiera mundial. Hay excepciones, pero esto refleja una política fiscal y monetaria más disciplinada y reservas de divisas más sólidas.
Los responsables políticos también han sido pragmáticos al responder a los aranceles estadounidenses, amortiguando el impacto mediante negociaciones, nuevos acuerdos comerciales y reformas internas. La semana antepasada, las acciones indias registraron su mayor alza en ocho meses después de que Trump anunció un acuerdo con el primer ministro Narendra Modi para reducir los aranceles.

Además, muchas economías emergentes ya no son actores periféricos en el comercio y la manufactura globales. Los 10 miembros de mercados emergentes del G20, incluyendo China, India y Brasil, ahora representan más de la mitad del crecimiento del PBI mundial. Potencias exportadoras como Corea del Sur, Vietnam y Taiwán se han beneficiado del auge de la inteligencia artificial (IA), suministrando chips y componentes de alta tecnología a las empresas de computación de hiperescala estadounidenses. Muchas economías asiáticas emergentes también se han integrado más profundamente en las cadenas de suministro no estadounidenses.
La rápida urbanización, el aumento de las clases consumidoras y la gran cantidad de mano de obra han llevado a los inversores a considerar a las empresas de los mercados emergentes como algo más que una simple cobertura de cartera. Las valoraciones refuerzan esta idea. Las acciones de los mercados emergentes siguen presentando precios atractivos en comparación con sus pares desarrollados, después de ser ignoradas y rechazadas durante tanto tiempo.
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Nada de esto significa que los riesgos hayan desaparecido. Si la Corte Suprema de EE.UU. anula los aranceles recíprocos de Trump, nuevos intentos de reimponerlos a través de otras vías legales reavivarían la incertidumbre comercial. El “dumping” — o la exportación de bienes a un precio inferior a su valor — de productos chinos sigue siendo preocupante, y una desaceleración del ciclo de inversión en IA afectaría duramente a los exportadores de tecnología. Varios países siguen siendo frágiles. Por ejemplo, los activos indonesios se han visto sometidos a una creciente presión tras las laxas medidas fiscales del presidente Prabowo Subianto y el reciente nombramiento de su sobrino como vicegobernador del banco central. Los problemas en un país siguen minando la confianza general en los mercados emergentes.
Para que el interés de los inversores perdure, las economías en desarrollo necesitan fortalecer su resiliencia. Esto implica redoblar los esfuerzos por crear marcos fiscales y políticas monetarias creíbles, forjar nuevos lazos comerciales y apoyar el desarrollo del sector servicios para que actúe como amortiguador.
Una mayor apertura de sus mercados financieros mediante el fortalecimiento de la gobernanza empresarial, la mejora de los estándares de divulgación y la profundización de la supervisión del mercado también contribuiría a convertir el “dinero caliente”, o capital especulativo, en inversiones más duraderas. Que el año pasado marque el inicio de un repunte bursátil perdurable o un nuevo amanecer en falso dependerá tanto de las decisiones políticas que se tomen en Yakarta, Abuya y otros lugares, como de las oscilaciones de estado de ánimo de Washington.
Escrito por FT View









