
Gestión Responsable.- En los últimos años, los indicadores sociales en el Perú no han mostrado mejoras significativas. Por ejemplo, la pobreza monetaria se mantiene siete puntos por encima de su nivel prepandemia y la clase media ha crecido hasta estancarse en alrededor del 50%, un punto porcentual menos de su valor en 2019.
Junto con la incertidumbre política, esta situación alimenta preferencias contra la democracia y la actividad privada: 56% de electores prefiere un candidato que promueva empresas estatales, 49% justificaría un golpe militar frente a la corrupción, 39% muestra preferencias por un líder dispuesto a actuar con mano dura y 38% apoyaría a una autoridad que robe algo, pero que haga obras.
Ante este panorama, las empresas deben ser agentes de cambio y compartir valor con la sociedad. De acuerdo con Ipsos Perú, aproximadamente una de cada cuatro personas considera que estas deben trabajar de manera conjunta con las comunidades y resguardar el medio ambiente. Este llamado a la acción no implica desviarse de las metas corporativas.
De hecho, la evidencia internacional muestra que compañías con estrategias de sostenibilidad sólidas obtienen menores costos de capital, mejor reputación, relaciones más sólidas con stakeholders y mejores resultados financieros a largo plazo.

La “receta” de las grandes empresas en Perú
Un sondeo realizado por Apoyo Consultoría en 2024 muestra que las grandes empresas en el Perú ya están trabajando en esa línea.
Además de priorizar iniciativas para mejorar la calidad de vida de los colaboradores y sus familias y para fomentar la diversidad y la inclusión entre sus equipos, 74% de empresas se preocupa en reducir su huella de carbono y mejorar su eficiencia energética, 59% prioriza implementar proyectos de inversión social, 43% busca mejorar la sostenibilidad de su cadena de suministro, 42% introduce la circularidad en sus procesos productivos, 22% apoya a los gobiernos locales o brinda financiamiento para la implementación de proyectos de infraestructura, y 15% diseña productos para segmentos vulnerables.

No obstante, tal como sugirió James Robinson, premio Nobel de Economía 2024, en la reciente cumbre de Perú Sostenible, para que estos esfuerzos generen cambios significativos y promuevan, efectivamente, un crecimiento sostenible, su diseño e implementación tienen que conversar con la cultura y las reglas de juego de las comunidades donde van a ser implementados.
Para ello, ser innovador es crucial. La mejora en la sostenibilidad de la cadena de suministro, por ejemplo, implica innovar para mejorar las condiciones productivas de los proveedores, pero, para ello, sobre todo cuando se trabaja al interior, es necesario incorporar elementos culturales, tales como la informalidad, las preferencias por transacciones con contrapartes cercanas, los procesos para la toma de decisiones en las comunidades, entre otros factores que pueden influir en los resultados de esos esfuerzos.
Un ejemplo del éxito de la innovación en sostenibilidad en nuestro país es la inclusión financiera. Más allá de que aún existen brechas por cerrar, es evidente que el sector financiero ha llegado a territorios que antes carecían de sus servicios.
El sector privado ha innovado creando microfinancieras y canales físicos alternativos para llegar a mercados alejados, como los agentes bancarios. Ha introducido billeteras digitales y servicios para segmentos no atendidos anteriormente, según las necesidades específicas de los clientes.

Para ello, ha incorporado elementos intrínsecos de las comunidades en el diseño de sus productos, tales como la magnitud de los préstamos demandados (más pequeña que los usual), el rol emprendedor de la mujer en las unidades productivas y en las asociaciones, la importancia de los actores locales para la generación de confianza y el enforcement, el uso de otras lenguas además del castellano, entre otros elementos.
Estos esfuerzos, hoy realizados por múltiples empresas del sector, han beneficiado tanto al sector corporativo como a la comunidad. Por ejemplo, el número de cuentas de depósito ha crecido a más del doble en los últimos 5 años, mientras que las familias que acceden a estos servicios son menos vulnerables ante eventos adversos.
En un estudio de Apoyo Consultoría se encontró que, ante choques climáticos, las familias con servicios financieros ven sus ingresos afectados tres veces menos que las que no cuentan con ellos.
En áreas como salud, ya se están haciendo innovaciones para llevar servicios a zonas alejadas través de la telemedicina. En educación, se están construyendo modelos para la formación continua en un contexto de rápido cambio tecnológico. Además, se están haciendo esfuerzos conjuntos para fomentar el desarrollo territorial y la consolidación de nuevas cadenas productivas.
Todos estos esfuerzos muestran que la innovación es crucial para el crecimiento sostenible, pues permite diseñar e implementar proyectos con elevado retorno social y privado. Es necesario seguir trabajando en esa línea.

Medir los retornos de la inversión social es un desafío posible de resolver
Por Raúl Andrade, gerente de proyectos de APOYO Consultoría
Los desafíos para innovar en sostenibilidad son grandes. Dentro de las empresas, la clave es lograr el compromiso de la alta dirección y coordinar constantemente con las principales unidades del negocio. Así se asegura que los esfuerzos no solo compartan valor, sino que colaboren con las metas de crecimiento de cada unidad.
Para lograr esta alineación es muy importante mostrar los beneficios privados y sociales que generan las innovaciones en sostenibilidad. Lo ideal para su medición es usar métodos de evaluación de impacto con rigor académico, pero la implementación de estos métodos suele ser costosa y lenta.
Por ello, en el mundo corporativo se aplican evaluaciones más flexibles y adaptativas que sacrifican rigurosidad técnica para permitir un seguimiento más cercano a los proyectos, y medir indicadores intermedios a la vez que se resuelven imprevistos durante su implementación. Estos métodos, más accesibles, combinan el monitoreo con la evaluación y facilitan tanto la gestión de los proyectos como la medición de sus retornos.









