
Muchos reaccionan ante la incertidumbre profesional como lo harían en una relación de pareja cuando, finalmente, toman conciencia de que está en peligro de terminar. Recapacitan, se vuelven más amables o cariñosos, proponen escapadas de fin de semana, se ponen a dieta, se inscriben en el gimnasio, envían flores, preparan el plato favorito de su pareja y dejan de pelear, quejarse o reclamar... Pero, por lo general, cuando toman acción ya es demasiado tarde. Sabemos bien que el cuidado de una relación —ya sea personal o laboral— debe ser permanente, aunque no siempre lo hacemos así.
Lo mismo sucede con nuestra carrera profesional: no basta con activarnos o “ponernos las pilas” cuando sentimos que nuestra posición podría estar tambaleando o corre riesgo. Ponerse “las pilas” no es —ni debería ser— una respuesta ante una emergencia percibida, sino una actitud permanente. Cuidar nuestro esfuerzo y dedicación profesional es cuidar nuestro principal negocio o empresa: nuestra carrera, nuestro nivel de empleabilidad, nuestra reputación y nuestra marca personal.
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Lo mismo pasa con la antigüedad. Tanto en el mundo laboral como en una relación de pareja, mientras más años llevamos juntos, más cuidado y atención requiere la relación, aunque esto sea contraintuitivo y difícil de aceptar. Si se descuida, como suele pasar por la falsa sensación de seguridad que genera el tiempo, la relación va perdiendo encanto, se vuelve secundaria y empieza a generar “infelicidad” en sus distintos grados. De allí a las separaciones definitivas solo hay un paso.
En el paradigma laboral anterior, la antigüedad en una empresa era un escudo de seguridad. Mientras más años acumulabas en un puesto, mayor seguridad sentías, tal como ocurría en las relaciones de pareja de larga data. Hoy, la competencia es siempre más joven, cobra menos y está mejor preparada para responder a un entorno cambiante, tecnológico y vital. Aun así, muchos continúan sintiéndose seguros solo por el tiempo que llevan en una organización, sin prestar atención a las nuevas exigencias del mercado laboral externo.
Por ello, nos toca reconfigurar el chip y, sobre todo, la mentalidad, para no caer en la complacencia y menos en la arrogancia de la falsa seguridad del “merecimiento”. Toca seguir trabajando el nivel de empleabilidad, ganar el puesto día a día y aportar valor real, medible y cuantificable, siempre alineado con las expectativas de la organización que compra nuestros servicios. También implica seguir aprendiendo, creciendo y mejorando como profesionales, reevaluar nuestra actitud y la calidad de nuestras relaciones con todos, y actualizar habilidades, competencias y conocimientos.
¿Qué ayuda a tomar real conciencia de la necesidad de mejorar la calidad de nuestras relaciones y el desarrollo de nuestro perfil profesional? Nada resulta tan efectivo como ponernos en la situación hipotética de ya no tener ese trabajo y compararnos con quienes competirían con nosotros en el mercado laboral. ¿Qué buscan hoy las empresas en mi sector o rubro? ¿Qué perfil demandan las organizaciones? ¿En qué destacan quienes se recolocan rápido y con mejores sueldos o posiciones? Y, sobre todo, ¿cómo me comparo con ellos?, ¿qué me falta aprender o hacer?, ¿cómo debo ser y con qué actitud debo trabajar? Al final, es hacer un estudio de mercado actualizado sobre la demanda de mis servicios profesionales, en tiempo real.
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Estar siempre muy atentos a lo que pasa fuera del núcleo “seguro” de nuestra relación laboral, empresa o sector resulta clave para mantenernos vigentes frente a las cambiantes tendencias del mercado de trabajo. Para ello, nada como mantenernos muy cerca de nuestra red de confianza, de gente más joven, de personas exitosas y lideres que marcan pautas. Y por supuesto estar muy atentos a escuchar los retos y experiencias de quienes están en transición, leer sobre las recolocaciones y colocaciones, ir a eventos y congresos, participar en reuniones de amigos y con colegas, seguir de cerca los movimientos empresariales, identificar cursos interesantes, consumir lecturas clave, podcasts y contenidos que realmente aporten.
Empecemos el 2026 como si fuera un año que llega lleno de retos y cambios involuntarios, y actuemos de manera proactiva frente a ellos. Si llegan, estaremos listos. Y si los cambios traen mejoras, ¡avanzaremos más rápido y llegaremos más lejos!

Presidenta LHH DBM Perú & LHH Chile y autora de Usted S. A. (21 ediciones). Ha figurado en el top 15 Merco durante 8 años consecutivos. También es LinkedIn Top Voice, speaker, directora de empresas y ONG, y presidente de The SafeStorage Co.









