
Durante la crisis, muchas empresas se han enfocado más en salvar el negocio que en evaluar su contabilidad.
“Es comprensible que las compañías estén concentradas en su actividad, pero el riesgo de un análisis contable recién a fin de año es que no habrá buenas herramientas para actuar”, manifestó a Gestión Simona Settineri, socia de Consultoría Contable y Mercado de Capitales de PwC.
Refirió que la paralización de actividades provocó una reducción en los flujos de ingresos de las empresas que no tuvo su correlato en la estructura de costos, lo que afectó activos y pasivos contables.
Deterioro
Así, a raíz de la pandemia se reportan dificultades en la relación de las empresas con sus clientes, proveedores y bancos, que no estaban en su radar antes de la crisis y que se traducen en serios problemas contables, coincidieron en señalar los especialistas.
Se identifican varios problemas, como el deterioro de sus inventarios, activos destinados a la operación del negocio cuyo valor en libros podría estar excediendo el precio al que se venden, afirmó Antonio Benites, líder de Consultoría y Sostenibilidad & Cambio Climático de EY.
“Si un comercio adquirió un producto a S/ 100 y el valor neto de realización (de venta) hoy es de S/ 50, eso es lo máximo que le pagarán los clientes, por lo que para no registrar una pérdida debe llevar sus activos a su valor actual”, explicó.
Gran parte de la mercadería está devaluada, los productos perdieron valor desde que se inició el confinamiento hasta ahora, incluso la vigencia de algunos caducó y eso debería reflejarse en los libros contables, refirió Luis Alemán, director del Grupo Alemán.
Otro tropiezo en la contabilidad de los negocios es la obsolescencia de sus bienes provocada por una lenta rotación de stocks. Así, pese a que los productos están en perfectas condiciones el escenario de crisis redujo su demanda y ocasionó pérdidas, detalló Benites.
Riesgo
Asimismo, el covid-19 debilitó la cadena de pagos, lo que se reflejó en el incumplimiento de compromisos contractuales, que no se da voluntaria sino forzosamente, comentó Miguel Carrillo, docente de la PUCP.
Cuando una compañía vende al crédito a otra, el balance contable registra un derecho por cobrar, pero en la actual coyuntura el riesgo de incobrabilidad creció por un menor dinamismo de los negocios, dijo Benites. Entonces, ante problemas en la recuperabilidad de estos activos financieros por el incremento de la morosidad, las provisiones para cuentas por cobrar de las empresas también aumentaron, acotó.
Los especialistas indicaron que para realizar la evaluación contable es necesario considerar el principio de empresa en marcha (ver nota vinculada).
Según Settineri, la evaluación contable debió realizarse a mediados de año, pues hacerlo ahora, en algunos casos, podría ser muy tarde para tomar decisiones e incluso conduciría a un cierre del negocio.
Otras dificultades
Añadió que los cambios descritos afectan los resultados de las empresas y, por tanto, el posterior pago de dividendos a los accionistas, que incluso podrían no darse, como sucederá con las compañías que tomaron préstamos de Reactiva Perú.
Por su lado, Carrillo indicó que otra dificultad contable es el reconocimiento de los ingresos, que podría derivar en problemas tributarios al cierre del año.
“El resarcimiento (pago de penalidad) a las empresas por incumplimiento de contrato debería ser reconocido como un ingreso, pues la compañía deudora no podía operar y su situación financiera se complicó, lo que la llevó a faltar al acuerdo”, expresó.
Asimismo, la pérdida contable por problemas de deterioro u obsolescencia no es reconocida tributariamente sino hasta que la empresa logre vender estos bienes, por lo que se estaría pagando un impuesto sobre algo que posiblemente no se venderá, indicó Alemán.
Los especialistas advierten que las dificultades se ahondarían a fin de año con el cierre contable y complicarían la declaración del Impuesto a la Renta.
Análisis de empresa en marcha será crucial
Para analizar contablemente el negocio y ver el impacto de la crisis se debe evaluar la empresa en marcha, enfatizó Antonio Benites, de EY.
“Hay negocios que están activos pero no están vendiendo, que venden y no están cobrando o, simplemente, mantienen productos almacenados que se han deteriorado”, afirmó Luis Alemán, del Grupo Alemán.
Futuro
Según los especialistas, dicho estudio permite identificar si la empresa continuará operando en un futuro previsible y con base en ello se preparan los estados financieros.
“El efecto será más fuerte en las empresas que venían mal desde antes de la pandemia que sobre aquellas sin fuertes problemas financieros”, sostuvo Benites.
El análisis de la generación de caja que tendrá el negocio en los siguientes periodos permite compararla con los activos actuales a fin de revertir un resultado negativo, en caso la compañía cierre el año en pérdida, manifestó.
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