
El ingreso de Ignacio Buse, tenista peruano de 21 años, en el top 100 del ranking ATP no solo marca un hito deportivo. También reconfigura el tablero económico del tenis peruano. En un país donde este deporte aún no representa una industria plenamente consolidada, la aparición de una figura joven, con proyección internacional y presencia constante en torneos televisados actúa como catalizador de patrocinio, consumo y expectativa de inversión.
Para el presidente de la Federación Peruana de Tenis (FPT), Mario Monroy, el fenómeno tiene un impacto inmediato en el mercado. “Cada vez que un tenista sale a la palestra de esta manera y empieza a jugar ATP y a aparecer en ESPN, se suscita un interés muy grande. La gente se ilusiona”, señaló a Gestión.
Monroy remarca que el tenis peruano no opera aún bajo una estructura industrial consolidada, sino más bien como un ecosistema en expansión que depende en buena medida de talentos individuales. Tras la pandemia, recordó, la práctica del tenis creció alrededor de 30%, y el efecto de Juan Pablo Varillas ingresando al top 100 en 2022 elevó el interés público.
Con Ignacio Buse, la escala podría ser mayor. “Comercialmente es importante para la federación, pero sobre todo para el jugador. Después nosotros tenemos que capitalizar las oportunidades que surjan”, explicó el dirigente.
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Para Eduardo Flores, CEO de la agencia de marketing deportivo Toque Fino, el caso de Ignacio Buse muestra cómo el éxito deportivo vuelve a poner al tenis en el radar comercial. “En el tenis las marcas aparecen cuando uno gana algo. Eso le pasó a Ignacio después de clasificar al cuadro principal del US Open y luego con su participación en Copa Davis”, dijo a Gestión.
Según el especialista, el ingreso de un jugador peruano al top 100 del ranking ATP vuelve a generar preguntas del sector privado sobre el potencial del deporte. “Muchas marcas que alguna vez quisieron apostar por el tenis siempre preguntaban: ‘¿A quién tenemos hoy?’. El último fue Juan Pablo Varillas y ahora aparece Ignacio con una proyección muy interesante”, señala.
Industria en crecimiento
El extenista Pablo Arraya, quien llegó a ubicarse entre los 30 mejores del mundo del ranking ATP en la década de los 80, coincide en que el tenis peruano atraviesa una etapa de transición.
“Es un ecosistema todavía pequeño, pero definitivamente en expansión”, afirmó a Gestión. A diferencia de países como Argentina o España, donde la inversión federativa alcanza cifras millonarias, en el Perú el desarrollo se apoya en gestión privada y en la consolidación de figuras internacionales.
El salto al top 100 -Buse alcanzó recientemente el puesto 63, su mejor ubicación hasta el momento- implica presencia sostenida en torneos ATP de alta exposición, transmisión global y millones de espectadores. Esa vitrina es la que activa el interés corporativo. “Yo creo que Buse va a multiplicar el mercado del tenis. La visibilidad da retorno a las marcas”, sostuvo Arraya.

Costos y punto de quiebre
La construcción de un tenista top 100 es intensiva en inversión. Mario Monroy detalló que desde los 15 años un jugador puede requerir entre US$ 35 mil y US$ 40 mil anuales como mínimo, cifra que supera los US$ 70 mil en circuito profesional.
“El tenista profesional tiene que contratar entrenador, fisioterapeuta, nutricionista. Viaja con su equipo y paga hospedaje, vuelos y alimentación. Es toda una logística donde va gastando mucho dinero”, indicó.
Pablo Arraya eleva el cálculo cuando el objetivo es sostener presencia en la élite: entre US$ 150 mil y US$ 200 mil anuales, considerando residencia en el extranjero, giras completas y equipo técnico especializado.
El punto de quiebre financiero llega con los Grand Slams: Australia Open, Roland Garros, Wimbledon y el US Open. Monroy explicó que solo por disputar los cuatro cuadros principales se pueden asegurar cerca de US$ 70 mil por torneo, incluso si queda eliminado en primera ronda. “Si lo multiplicas por cuatro, ya están los US$ 280 mil al año que te permiten competir”, precisó.

En el caso de Ignacio Buse, el 2026 no estuvo en Australia por lesión, pero, de no surgir inconvenientes externos, gracias a su ranking, podrá competir en los otros tres torneos.
Patrocinio y derechos de TV
Ambos entrevistados coinciden en que el patrocinio en el tenis peruano suele ser reactivo. Monroy recordó que Ignacio Buse tenía prácticamente un solo auspiciador hace un año. Ahora, en cambio, hay varias marcas interesadas en auspiciarlo, ya que su figura aparece a nivel mundial. En este contexto, los derechos de TV también juegan un rol importante.
La FPT tiene los derechos televisivos sobre Copa Davis -cuando Perú es local- y torneos federativos de menores, aunque estos no generan mucho interés. Sin embargo, pese a que la comunidad tenística en Perú es grande, no es que los medios se peleen por transmitir el torneo de países. El consolidar un tenista top 100 puede incrementar el atractivo de la Copa Davis para el público local y también internacional. Con eso, podría haber mayor demanda por los derechos televisivos.

Academias y consumo deportivo
El efecto se traslada a la base. Mario Monroy señaló que las canchas administradas por la federación en Campo de Marte registran alta demanda y que el crecimiento de practicantes podría consolidarse si el rendimiento internacional se mantiene. No solo de Ignacio Buse, sino de otros representantes peruanos como Juan Pablo Varillas y Gonzalo Bueno.
Según datos de la FPT, hay 43 academias de tenis empadronadas, de las cuales el 80% está en Lima. Además, hay 500 instructores certificados por la Federación Internacional de Tenis (ITF) empadronados.
Academias de tenis en Lima reportan mensualidades que oscilan entre S/ 250 y S/ 450 por dos o tres clases semanales en programas formativos, mientras que planes personalizados pueden superar los S/ 600 mensuales, dependiendo de la frecuencia y el nivel del entrenador. Pablo Arraya prevé mayor demanda en academias, además de la organización de más torneos, lo que podría generar movimiento turístico y dinamismo en eventos corporativos vinculados al tenis.
En retail deportivo, una raqueta de nivel intermedio puede encontrarse desde aproximadamente S/ 270, mientras que un tubo de pelotas oscila entre S/ 25 y S/ 50, según precios de tiendas especializadas. Un mayor número de practicantes se traduce en rotación constante de implementos, zapatillas y accesorios.
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Estructura pendiente
Pese al impulso coyuntural, la estructura aún presenta brechas. La federación aporta entre US$ 15 mil y US$ 20 mil anuales a sus principales proyectos juveniles y financia procesos formativos con recursos que en parte provienen del Instituto Peruano del Deporte (IPD). Sin embargo, no cuenta todavía con un centro de alto rendimiento propio.
El efecto Ignacio Buse abre una ventana de oportunidad. Si el rendimiento deportivo se consolida y el ecosistema responde con inversión estructural, el tenis peruano podría evolucionar hacia una cadena de valor más integrada: formación, patrocinio, derechos audiovisuales, retail deportivo y turismo asociado a torneos internacionales. El top 100, en ese sentido, no sería solo un ranking. Serviría como un disparador económico.








