
Antes de convertirse en el embajador de Costa Rica en el Perú, Renato Víquez Jiménez conoció el país debido a una promesa de amor. Su esposa deseaba conocer en persona a una amiga peruana, con la cual había intercambiado cartas por 11 años. Así, a sus 23 años, ahorró el dinero para venir en los convulsionados años 90. “Vinimos bajo nuestro propio riesgo cuando estalló Sendero Luminoso”, relata el embajador.
¿Qué es lo que más ha aprendido desde su puesto?
El embajador no solo es la cara visible de un país, sino también el director, en el caso de nosotros, de una muy pequeña orquesta de funcionarios. He tenido reuniones con varios embajadores. Me doy cuenta de que hay una vida diplomática muy activa y fluida.
¿En la vida diplomática se es demasiado políticamente correcto?
Sí. Los diplomáticos representamos un país y por eso tenemos que tener una postura muy prudente al abordar distintos temas.
¿Serlo simpatiza con su personalidad?
Para ser franco, antes era políticamente beligerante. Eso es parte de lo que tuve que ceder. Cuando me ofrecieron el cargo, una de las cosas que supe fue que ya no iba a poder tener una voz propia. Tiene un grado de dificultad, pero acepto gustoso y creo que vale la pena.
Si no era diplomático de carrera, ¿por qué lo eligieron?
Modestia aparte, el presidente Carlos Alvarado reconoció cualidades que tengo como comunicador, como estudiante de la historia latinoamericana y creo que tengo algunas dotes de facilitador del intercambio de metas.
¿Cuáles consideraría sus debilidades?
Tengo que hacer un esfuerzo especial por asimilar en el corto plazo el manejo de la parte social del cargo. Las actividades de recepciones no han sido comunes en mi vida.
¿Recuerda cuál fue su primer trabajo?
Como asistente en una oficina judicial. Me tocaba hacer mandados, llevar escritos y luego redacté documentos de carácter legal.
¿Qué le enseñó esa experiencia?
Di asistencia jurídica gratuita. Eso nos enseña de cerca la realidad de Latinoamérica: que la gran masa no tiene cómo acceder a salud, justicia o vivienda.
¿Qué hobbies disfruta hacer en su tiempo libre?
Me gusta hacer paseos recreativos, viajar, leer y escribir. No publico, pero escribo poesía. De hecho, tengo una tía y un hermano con mucha fortuna. Ambos han sido premios nacionales de literatura.
¿Por qué no se dedicó a escribir?
Por falta de constancia y, lo que me duele más, reconocer que no tengo tanto talento como para dedicarme a ello como un oficio. En nuestros países, con contadas excepciones, la gente que se dedica a las artes no vive bien, no tiene un ingreso económico sustancioso.
¿Es el esfuerzo más importante que el talento?
Posiblemente. Los escritores galardonados, como Mario Vargas Llosa, son personas que ven a su oficio como un trabajo diario y constante. Supe de un autor que se obliga a escribir y no espera que venga la inspiración, sino la constancia.
Hoja De Vida
Nombre: Renato Víquez Jiménez.
Cargo: Embajador de Costa Rica.
Carrera: Derecho público y administrativo.
Hobbies: Viajar, leer y escribir poesía.
En Corto
Misión. “Queremos reforzar en los próximos meses el nexo cultural: traer escritores, pintores, artistas clásicos y desarrollar una muestra de cine costarricense en Lima”, comenta Renato Víquez. “Tengo que esforzarme para ponerme a la altura de lo que se requiere en este cargo”, añade.
“Por encima de una actividad social, valoro la cultura. Entre una recepción y acompañar a un grupo artístico, sin duda escojo lo segundo”.
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