
El artista Gerardo Chávez no agarra un pincel hace cinco meses. “Me dio el virus, pero estoy rico en ideas”, dice el pintor sobre su recuperación. “Pintar no es solo el acto de hacerlo, sino conjugar interiormente lo que se pondrá en un cuadro. No es la velocidad, sino dónde quieres ir y qué vas a dejar. A medida que uno madura, pintar se convierte casi en una filosofía”, reflexiona Chávez, que acaba de publicar sus memorias (ver el dato).
¿Tiene una fecha para retornar al taller?
Pienso que la próxima semana debo estar metido como antes. Hay que tener una predisposición física para pasarse el día pintando para uno mismo.
¿A qué le llama pintar para uno mismo?
Desde muy temprana edad he hecho las cosas que a mí me gustaban. Eso lo llamo pintar para mí. Nadie me encarga hacer un cuadro y, si lo hacen, lo pinto como yo lo voy sintiendo.
¿Y si le encargan un cuadro, cómo es ese proceso?
Hay gente que se acerca y me pide un cuadro de tal o cual forma. Pero si esa persona tiene sus condiciones, yo también pongo las mías. Finalmente, la obra es mía, así le pertenezca a alguien más.
¿Más allá de lo comercial, se establece un vínculo con el comprador?
Siempre hay una comunicación previa. Me gusta saber quién es, qué hace y qué le gusta a esa persona.
¿En el Perú le hacen encargos?
Es muy poco, pero hay. Existen personas que tienen la economía para hacerlo. Normalmente cuando te piden un cuadro es uno de gran formato. En pocos años en el Perú se ha aprendido mucho porque la gente viaja más, visita más museos y viven la contemporaneidad de las obras de arte.
Acaba de publicar “Antes del olvido”. ¿Qué busca decir con este libro?
He tratado de que el libro sea auténtico, que sea mi verdad. Tuve que trasplantar mi memoria en el pasado, cómo sufrí y qué aprendí de ese sufrimiento. Yo era un niño huérfano, el cariño que recibía no era igual, sino una especie de lástima o piedad.
¿La dureza de la vida se ha reflejado en su pintura?
Todos los seres tenemos dolor, pero he podido exteriorizarlo porque me confiaron herramientas muy bellas como los pinceles y los colores para poder sacar la pena y la nostalgia que viven escondidas en el alma. El arte no me ha hecho olvidar, sino traducir en bien las carencias que tuve en mi infancia.
Sus inicios en el arte fueron difíciles, como lo cuenta en el libro. ¿Siente que ahora es igual para los artistas jóvenes?
Desde que volví en el año 68 pude ver que aquí no hay muchas galerías ni mucho movimiento de arte. Hay un desinterés, ciertamente. No sé si es falta de cultura o qué. Quisiera llegar a los jóvenes para mostrarles el camino que está lleno de espinas y cómo evitarlas.
¿Ha podido seguir a los nuevos pintores? ¿Alguno le llama la atención?
Siento que el joven peruano, el estudiante de arte, es poco inquieto. Para comenzar le diría aprenda a mirar. Hay que observar las calles, las plantas, los mismos carros. El artista debe pensar primero en su obra y luego en el almuerzo. Pero aquí parece que primero quieren la casa de playa, son como seres que están más en el cielo que en la tierra.
EL DATO
Libro. “Antes del olvido” narra en primera persona la historia del niño que a los 9 años comienza a ganarse la vida y, a los 11, ya se había trazado una meta: ser artista. “Empecé a sentir que tenía una acumulación de cosas por decir que me hicieron tanto mal en un momento, pero a la vez fueron muy ricas porque me enseñaron a defenderme”, recuerda Chávez.
:quality(75)/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/elcomercio/NT6OZYLYCZDTNH4WA65EL7XGG4.jpg)






