Sea cual sea el resultado, y quien sea que nos gobierne, toca ahora cumplir con nuestro rol ciudadano, analizar concienzudamente nuestro voto, sobre todo para el Parlamento. (Foto: ONPE)
Sea cual sea el resultado, y quien sea que nos gobierne, toca ahora cumplir con nuestro rol ciudadano, analizar concienzudamente nuestro voto, sobre todo para el Parlamento. (Foto: ONPE)

1 En las últimas semanas, los peruanos hemos sido víctimas de ofertas populistas de toda índole; de candidatos de izquierda y de derecha, y también de muchos políticos desconocidos cuyos mensajes no resultan fáciles de entender ni clasificar. Muchas de las promesas electorales no solo son incumplibles, sino que son inconsistentes con el orden constitucional, la estabilidad económica y el progreso de las familias peruanas. Parece que las elecciones despiertan la imaginación de los políticos y los llevan a olvidar las restricciones presupuestales básicas y a hacer caso omiso del análisis lógico de causa-efecto. ¡Todo vale, todo se puede!

2 Dados los vaivenes políticos del Perú desde la segunda mitad del siglo XX, a muchos les resulta fácil considerar a las propuestas populistas como patrimonio exclusivo de la izquierda. Sin embargo, esto no es así; el populismo impera en muchas tiendas políticas, sobre todo en épocas electorales.

3 Una popular herramienta de IA define al populismo como “un estilo político y estrategia que busca el apoyo popular enfrentando a un ‘pueblo puro’ contra una ‘élite corrupta’, caracterizado por un liderazgo carismático y directo. No tiene una ideología fija, presentándose tanto en la izquierda como en la derecha, y a menudo usa la demagogia para polarizar.” La narrativa de muchos de los actuales candidatos, de casi todo el espectro político, calza con esta definición. El populismo no es de izquierda ni de derecha, es simplemente una estrategia demagógica peligrosa para la estabilidad del país y el bienestar de las futuras generaciones de peruanos.

4 El sábado pasado me trasladé a un balneario en el sur en carro; aunque el tráfico estaba pesado, por suerte no tuve que recurrir a una moto como el candidato que llegó tarde al debate del miércoles por el inédito caos vehicular de ese día. Poco antes de llegar al peaje, leí en una enorme banderola puesta en un puente peatonal: “No más peajes corruptos, XXX presidente” (o algo así).

5 Varias horas después, ya regresando a Lima, pasé nuevamente por las casetas del peaje –con una congestión espantosa– y no pagamos un solo sol. Creo haber pagado este peaje desde que era un muchacho, hace más de 50 años. Hoy nadie paga, por lo que es indispensable preguntarnos ¿Cómo vamos a financiar el mantenimiento de la carretera? Peor aún, ¿Cómo vamos a financiar los muchos millones de dólares que tendremos que pagar por los arbitrajes internacionales que seguramente perderemos por haber roto los contratos con el concesionario? Este es un ejemplo de populismo, esta vez impulsado por un líder de la derecha, que muestra la incapacidad de muchos electores de comprender que las decisiones que se toman desde el Estado no solo nos impactan directamente hoy, sino que también nos afectarán mañana.

6 Por otra parte, varios candidatos de izquierda proponen cambiar el capítulo económico de la Constitución, incrementar los impuestos, aumentar las remuneraciones de los trabajadores por decreto y las pensiones de los docentes sin contar con el financiamiento para ello. No sorprendentemente, proponen crear más empresas públicas en los denominados sectores estratégicos, incluyendo el fortalecimiento de Petroperú con nuestros impuestos. ¿Qué sectores terminarán siendo estratégicos? Claramente, estas medidas impactarían negativamente en la sostenibilidad fiscal, en el clima de inversión y ralentizarían el crecimiento económico y la reducción de la pobreza.

7 Peor aún, existen partidos que abiertamente proponen intervenir en el manejo del Banco Central. Plantean el uso de las reservas internacionales para objetivos diferentes a los que corresponden a su naturaleza estabilizadora. Pareciera que los partidos de izquierda ven en las reservas el nuevo botín por conquistar. No toman en cuenta las consecuencias nefastas que causaría meterle la mano a las reservas internacionales del Banco Central.

8 Muchas de las ofertas electorales, tanto de la derecha como de la izquierda, carecen de un análisis que las respalde, pues se tratan de propuestas sin sustento. En efecto, en los recientes debates entre los candidatos se expusieron un sinnúmero de medidas que evidentemente carecían de sustento y solo buscaban aprovechar el descontento de los peruanos. La inmensa mayoría de estas ni siquiera se podrían implementar en los siguientes cinco años o su implementación comprometería seriamente el crecimiento y desarrollo económico.

9 Este proceso electoral no se ha caracterizado por el debate de ideas, lo que menos abunda son propuestas sensatas. Frente al avance de propuestas populistas irresponsables, urge construir una agenda que combine atractivo político con sustento técnico. Sea cual sea el resultado, y quien sea que nos gobierne, toca ahora cumplir con nuestro rol ciudadano, analizar concienzudamente nuestro voto, sobre todo para el Parlamento. Los peruanos queremos que haya más inversiones que generen empleo y reduzcan la pobreza; que se modernice el Estado para que podamos tener servicios públicos eficientes y de calidad; y, finalmente, y no por ello menos importante, necesitamos que se enfrente la corrupción sin ambigüedades.

Carlos E. Paredes es economista de Intelfin y docente de la U. Continental

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